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Infancias Trans

La primera vez que platicamos con Fernanda fue por teléfono. 

Unos cuantos días después, logramos reunirnos durante una ajetreada tarde en una cafetería de Ciudad Satélite. Rodeados de parejas, oficinistas y un montón de cubiertos chocando —que hacían casi imposible la grabación—, Fernanda llenó la cámara de sonrisas al contarnos la historia de un impresionante viaje. ¿Un detalle importante? Ella no es la protagonista. 

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Fernanda // Foto: Alejandro Cortés

En realidad, su labor ha sido diferente: durante toda esta travesía, Fernanda ha acompañado a una de sus seres más queridos a descubrirse a sí misma, a encontrar su identidad y sobre todo, como lo recuerda en repetidas ocasiones, a ser feliz. 

“Soy la orgullosa mamá de Sofía Elena, una niña trans de 11 años”.

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Como lo cuenta Fernanda, su hija, Sofía Elena, nació con genitales masculinos y durante sus primeros años de vida fue tratada como varón. A los tres años, sus padres notaron que los comportamientos normalmente asociados “a los niños” no existían en su vida: le gustaban las muñecas, usaba vestidos y le encantaban los cuentos de princesas. Después, se percataron que odiaba la ropa que le ponían —especialmente las camisas—, que lloraba por horas cuando le cortaban el pelo y que siempre que jugaba prefería adoptar los roles femeninos. 

Con nostalgia, Fernanda recuerda un episodio clave que sucedió hace casi cinco años: “Cuando lo pudo verbalizar, le preguntaron cómo se llamaba y ella nos platicó que, efectivamente, se llamaba Sofía. Ahí nos dimos cuenta que era importante escucharla: para que viviera como es y como se siente. Que se sienta a gusto, cómoda. Reconocida”.

Sofía Elena ya tiene 11 años, va a terminar la primaria y le encanta bailar y cantar. Sofía Elena es una niña trans

 

La palabra atravesar, viene del latín trans-

“Hay muchas palabras que usan el prefijo trans”, explica la activista Ophelia Pastrana. “En el tema de género, lo que estás atravesando es todo aquello que se te asigne al nacer, según lo que se vea en tus genitales. No es broma. Si tus genitales son de cierto modo, te asignan que debes de ser de un género: te tienes que vestir, identificar y presentar de ese género”.

Desde su departamento en la Ciudad de México, la reconocida youtuber aceptó darnos una explicación rápida —y sencilla— para entender la compleja definición de identidad de género.

“Es muy simple”, menciona Ophelia, mejor conocida como @OphCourse, para quienes que se la han encontrado algún día en las redes sociales. “Si tú atraviesas las reglas de vestimenta de lo que se te asignó, eres travesti. Si tú atraviesas tu género, tu expresión de género, eres transgénero”. 

De la misma manera, si tú atraviesas tu sexo —literalmente tus genitales—, eres transexual.

Durante su última actualización, en 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) adoptó todos los protocolos internacionales y retiró a la transexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades. Desde entonces, ya no se considera un “trastorno” y se trata simplemente de una condición relacionada a la sexualidad. El nuevo nombre oficial es “discordancia de género”.

“Se caracteriza por una discordancia marcada entre el género experimentado o expresado y el sexo asignado. Incluye un fuerte deseo de ser de un género diferente, menciona el organismo internacional.

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La Asociación Estadounidense de Psiquiatría también reclasificó recientemente la transexualidad. En sus publicaciones —que sirven de parámetro a nivel mundial—, la experiencia trans ya no es considerada un trastorno y se le conoce clínicamente como disforia de género. 

Hacen énfasis, públicamente, en que no se trata de una enfermedad mental. 

La neurocientífica y biotecnóloga, Lucía Ciccia, que ha enfocado su carrera a los estudios de género, nos comentaba que estas reclasificaciones están originadas en los avances culturales y en los movimientos sociales. “Hay que verlo como un continuo de conducta, donde lo que está bien y lo que está mal es una respuesta normativa y social, no una verdad biomédica”, señala. 

A pesar de los cambios académicos, la ciencia todavía tiene algunas deudas pendientes con la experiencia trans. De acuerdo con la doctora Ciccia, el simple hecho de que exista una clasificación acarrea un discurso establecido, un criterio impuesto, que no está fundamentado en la biología. 

“Nadie nace trans, porque nadie nace cis. Nacemos con una genitalidad y con ella te imponen una categoría de género que no se justifica biológicamente”, comenta.

“Primero creímos que era gay”

¿Notaron que en ningún momento se menciona la orientación sexual? Nosotros tocamos el tema por una sencilla realidad: se trata de una confusión recurrente. Tanto en el público general, como en los padres de familia e incluso en los especialistas, la equivocación de equiparar la identidad sexual con la orientación es muy común. 

“Primero creímos que era gay, ¿sabes?”, menciona Fernanda. 

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Fernanda // Foto: Christian Aréchiga

De vuelta en la cafetería de Ciudad Satélite, Fernanda recuerda la historia de su hija, Sofía Elena, que pasó años en búsqueda del diagnóstico correcto. 

“Cuando fuimos al primer terapeuta, nos dijo que (Sofía Elena) era un niño homosexual. Pero estábamos hablando de un menor de 4 años, no hay manera de que se pudiera hablar de su orientación sexual”, menciona. “Creíamos que todo es homosexual o heterosexual. Desconocíamos que hay algo más profundo que eso”. 

Fernanda se refiere a que la experiencia humana es mucho más compleja que cualquier definición y cuando se habla de diversidad sexual, los términos y los conceptos pueden confundirse fácilmente. 

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“Ahora entendemos que los seres humanos nos componemos de muchos aspectos: los genitales, identidad de género, expresión, orientación”, reflexiona. Frente a eso, aunque suene enredado, hay un concepto sencillo de recordar.

Lo que te atrae, nada tiene que ver con cómo te identificas

En su departamento, Ophelia Pastrana lo explica con peras, manzanas y ejemplos concretos. “Puedes ser una mujer transgénero que erotiza o le atraen mujeres. Por lo tanto, si es una mujer que le llama la atención una mujer, pues es lesbiana”, señala. “Puedes también ser una mujer transgénero que erotiza o le atraen los hombres. Por lo tanto, sería una mujer heterosexual”.

Los niños buscan ser reconocidos

En la misma cafetería de Ciudad Satélite, alejados de las discusiones académicas de la OMS, de las tertulias clínicas de la doctora Ciccia o de los glosarios sencillos de Ophelia, Fernanda comenta que lo único que busca es que Sofía Elena sea feliz. Que cante y baile. Que saque buenas calificaciones en la primaria. Que sea reconocida. 

Que cuando viaje, no reciba miradas extrañas porque su nombre en el pasaporte no coincide con la niña que acaba de documentar una maleta. 

Ahí está la importancia. “Lo que no nombras no existe. Estos chiquitos lo único que quieren es que se les respete y se les llame de acuerdo con el nombre que eligieron, con el que se sienten a gusto”, concluye la orgullosa madre de Sofía Elena.

Soy quien soy, no lo que me imponen

Felicia es una adolescente de 16 años. Tener el cabello largo la hace sentir bien consigo misma y la falda color vino del uniforme de su escuela demuestra que lo más importante es ser quien eres, sin importar lo que los demás piensen al respecto.

Como muchas otras personas de la comunidad trans, Felicia se enfrentó en primer lugar a sus padres a los 14 años, quienes en un principio no lo tomaron de la mejor manera.

“Ahora me siento mucho más feliz, antes nunca me sentía a gusto con cómo me veía. Nunca me importó, nunca quise verme como un niño, no me hacía sentir bien, ni tenía ganas de serlo.  Hasta que me di cuenta que era trans fue cuando realmente me hizo sentir bien la ropa que usaba”, nos cuenta mientras se le escapa una sonrisa.

Felicia se reconoce como una mujer.

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Felicia // Foto: Alejandro Cortés

La autodeterminación se refiere a la capacidad que tiene una persona para decidir por sí misma todo lo que le afecta directamente.

De acuerdo con el tercer punto de los Principios de Yogyakarta, elaborados por expertos de diversos países y presentados ante la ONU en 2007, la identidad de género que cada persona defina para sí misma es esencial para su personalidad y constituye un aspecto fundamental de la autodeterminación, la dignidad y la libertad.

Este principio aclara que nadie, ni el padre ni la madre, pueden impedir el reconocimiento legal de la identidad de género de su hijo o hija. La manera en que este derecho se hace efectivo es que las definiciones personales concuerden con los datos que se colocan en los documentos oficiales (en el caso de México, es un acta de nacimiento o la CURP).

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), expresa en su Opinión Consultiva 24/17, que en el caso de que los atributos de personalidad no sean los mismos que se registraron al nacer, cada persona tiene derecho a modificarlos.

“Tener mi acta de nacimiento modificada significaría que por fin me deshice de esa parte triste de mí que nunca se sintió a gusto”, afirma Felicia, quien explica que hasta el momento no ha realizado ningún trámite, ya que la actual legislación sólo permite la modificación del acta a los mayores de edad.

Por el momento, la única salida para las niños, niños y adolescentes es enfrentar un juicio costoso, desgastante y tardado en el que tienen que demostrar que la identidad asignada al nacer no concuerda con lo que son.

Estereotipos y prejuicios de género

La mayoría de personas de la comunidad LGBT en México reconocieron su identidad de género durante la infancia. Así lo revela la Encuesta Nacional sobre Discriminación por Motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG), aplicada en 2018 por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

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Esto significa que los primeros ámbitos de socialización, como el hogar y la escuela, son determinantes para la autoaceptación. 

La misma ENDOSIG señala también que nueve de cada diez personas que reconocieron su identidad de género durante la adolescencia, o antes, tuvieron que esconderla en la escuela y con sus vecinos. También la ocultaron ante su familia.

De igual forma, la mayoría de las personas encuestadas se enfrentó a conductas de burla o molestia, principalmente en la escuela. Un 26% sufrió agresiones físicas y más del 8% reportó haber sido víctima de abuso sexual

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“Hay muchísimos prejuicios que deberían quitarse. La gente cree que porque soy una mujer trans estoy enferma o soy una depravada sexual y muchas cosas así. Incluso la misma policía o la ley no está sensibilizada con el tema y lo toma como un berrinche más que otra cosa”, afirma Felicia, quien actualmente estudia la preparatoria.

Nos cuenta que actualmente sus maestros y compañeros intentan comprender su identidad de género y la respetan, pero no siempre fue así. En la secundaria no querían que utilizara el uniforme para niñas o que llevara el cabello largo, situación que volvió el ir a la escuela una experiencia incómoda. 

¿Los niños se visten de azul y las niñas de rosa?

“Las niñas usan falda y los niños pantalón”. “Las niñas juegan con muñecas y los niños con carritos”. “Los niños, niñas y adolescentes no saben lo que son porque están muy pequeños”. “Permitir que menores de edad cambien su género en los registros es pervertirlos y atentar contra las familias”.

Básicamente, hay quienes creen que lo que es diferente está mal.

“Precisamente uno de los errores que tiene la gente al hablar de las personas trans es creer que se define la identidad de género a los 18 años, cuando no es cierto: se puede definir desde muy temprano. No es una cosa únicamente de personas mayores de edad”, lamenta Felicia.

Aunque no recuerda muy bien a qué edad se dio cuenta que no era “un niño”, a pesar de sus características físicas y lo que decían sus papeles, menciona que probablemente ocurrió a sus 11 años. 

Tardó aproximadamente tres años en decidirse a hablar con sus padres.

En un compendio de mitos y realidades sobre personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas, elaborado por el CONAPRED, se toca el tema de “ser heterosexual es lo natural”.

Muchas ocasiones se ha invocado el concepto de “naturaleza” como criterio y justificación para negar derechos y libertades a personas y colectivos enteros. En realidad, explica el consejo, lo natural es la diversidad, ya sea cultural, lingüística, religiosa, de características físicas, origen étnico y demás rasgos que nos hacen ser quienes somos.

Desde su oficina en el departamento en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género en la UNAM, la doctora Lucía Ciccia refuerza la crítica a la naturaleza como concepción de la identidad de género.

“No es natural que nazca con vagina, me digan mujer y me cruce de piernas. No nací con los genes para cruzarme de piernas: lo aprendí a través de la observación”, comenta.

Felicia concluye nuestra emotiva plática con un mensaje hacia las personas trans: nunca se sientan solas porque en realidad no lo están“En un principio yo me sentí de esa manera, como que no había más personas como yo, que nadie me podía comprender. Pero cuando te unes a la comunidad, te das cuenta que no es así. Hay muchas personas trans en la infancia, adultas y adolescentes”.

El valor de un acta de nacimiento: una reforma para las infancias trans

A diferencia de otras familias en las que se margina a los integrantes que son diferentes, una mamá utilizó sus conocimientos legales para convertirse en una incansable activista en defensa de niños trans. 

Tania Morales, abogada y mamá de un adolescente trans, vivió ese proceso para intentar entender a su hijo.

Junto con él, pasó por el juicio para cambiar su acta de nacimiento. Ahí conoció a otras familias en la misma situación y terminó fundando la Asociación por las Infancias Transgénero.

“Él tenía 13 años cuando pudo decirlo (que era un niño trans), aunque en el transcurso de su vida entendemos que muchas veces, de muchas maneras nos decía que era un hombre, pero nuestro concepto cisgénero del mundo no nos permitía entender eso”, nos cuenta. 

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Tania Morales // Foto: Christian Aréchiga

Tras pasar aproximadamente un mes recopilando información, estudiando incluso un curso en la Universidad de Barcelona y acercándose a organizaciones civiles, Tania comenzó el plan de acción para explicarle al mundo que su hijo tiene derecho a ser tratado como hombre en el entorno social, educativo y familiar.

Fue gracias a eso que la activista se dio cuenta de la cantidad de obstáculos que existen para reconocer los derechos de las personas trans y más aún cuando se trata de menores de edad.

Un proceso patologizante, tardado y costoso

Lo primero que la familia de Tania Morales hizo fue buscar asesoría en una organización para iniciar el trámite del cambio de acta de nacimiento frente al Registro Civil. Al no obtener respuesta, comenzaron un litigio estratégico.

La ley que está vigente en la Ciudad de México discrimina por edad a las personas, por lo que un proceso administrativo como estos solo se permite a partir de los 18 años.

“Pasados seis meses de haber solicitado el cambio de acta en el Registro Civil, tuvimos una negativa y fuimos a un amparo”, explica Tania Morales. “A los cuatro meses el Tribunal Administrativo nos dio la razón. La sentencia decía que él, en su nombre, tenía que solicitar el trámite. No era necesario ir acompañado de su madre o padre”.

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En julio del año pasado, la sentencia quedó firme y el hijo de Tania fue el primer menor de edad que pudo hacer el trámite bajo el amparo de la ley.

“Él solo fue y él solo regresó con su acta de nacimiento. Costó 70 pesos imprimirla y eso nos dio una pauta para algo que veníamos trabajando en el primer Parlamento de Mujeres en la CDMX”.

Fue justo en ese Parlamento donde se presentó por primera vez la iniciativa de Reforma para el Reconocimiento de la Identidad de Género por la vía Administrativa en Personas Menores de 18 años, mejor conocida como “Ley de Infancias Trans”. 

No es un cambio físico

Una de las cosas que es muy importante destacar al hablar de infancias trans es que no estamos hablando de procesos hormonales y cambios físicos.

“Quiero que tengamos súper claro que nosotros no queremos que nuestros hijes modifiquen sus cuerpos. Sus cuerpos son perfectos tal y como son: hay niñas con pene y niños con vulva. No hay que meterlos en cajitas como ya los metimos durante muchos años”, afirma Tania Morales.

La activista recalca que algunas organizaciones y partidos políticos afirman con la frase “no te metas con mis hijos” que el objetivo del movimiento es pervertir a los niños orillándolos a modificar sus cuerpos en una edad en la que no son conscientes de lo que quieren.

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Foto: Christian Aréchiga

Para Felicia, una adolescente trans de 16 años, el tratamiento hormonal no es una prioridad. “Yo pienso que las personas trans son valiosas independientemente de las operaciones, hormonas y todo eso. Mi prioridad es aceptarme como soy y tratar de que la gente también entienda que no es lo más importante para las personas trans”. 

¿Qué necesitan las infancias trans?

El camino que ha recorrido la comunidad trans para ser reconocida por el Estado, mediante un acta de nacimiento, no es nada nuevo. Y al menos en la Ciudad de México, la sociedad civil ha alcanzado un par de logros.

Por ejemplo, en 2008 la Asamblea Legislativa aprobó el derecho al reconocimiento de la autodeterminación de las personas y se creó un procedimiento judicial que obligaba a los interesados o las interesadas a ir a juicio para hacer el cambio de identidad.

Luego, en 2014 una reforma fue aprobada para pasar del procedimiento judicial al administrativo. Es decir, las personas no necesitaban ir a juicio para demostrar que tenían el derecho al cambio de identidad de género. 

De esta manera, los mejorados códigos Civiles y de Procedimientos Civiles chilangos entraron en vigor en 2015. Uno de los requisitos, quizás el principal, es ser mayor de edad. 

Ahí fue donde la legislación se olvidó de un sector importante: los niños y las niñas trans.

“La identidad de género de una persona no se define a los 18 años”

Desde la terraza de las oficinas del Congreso de la Ciudad de México, el diputado de Morena, Temístocles Villanueva, asegura que la edad no debe ser un impedimento para convertir este derecho en algo universal.

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Temístocles Villanueva // Foto: Christian Aréchiga

Y si bien en los actuales códigos Civil y de Procedimientos Civiles, los menores de edad tienen el chance de cambiar su género en el acta de nacimiento, lo deben hacer mediante un juicio.

Esto implica presentar pruebas médicas y exponer a los menores a evaluaciones de terceros. Lo que supone una vía compleja, costosa y agotadora, de acuerdo con Daniela Castillo, coordinadora de la Clínica Jurídica de LEDESER (Litigio Estratégico en Derechos Sexuales y Reproductivos A.C).

“Obliga a las familias a someter a los niños y a las niñas a un tratamiento médico, expedido con dos profesionistas o peritos“, dice vía telefónica para señalar que, después de la incidencia del médico o el perito, los menores y sus familias deben echarse un volado para ver si se acepta o no.

El derecho a la autodeterminación

Lo que estamos haciendo es ampliar este derecho a la autodeterminación en los documentos oficiales a todas las personas, sin importar su edad“, explica la diputada e impulsora de esta reforma, Paula Soto, desde una oficina del Congreso de la Ciudad de México.

Es decir, no hay nada nuevo bajo el sol. 

El objetivo es únicamente quitar la restricción de la edad y dejar atrás el proceso judicial, para que las niñas, los niños y adolescentes trans tengan acceso a una identidad.

“La iniciativa, que ha sido titulada de Infancias Trans, no es ninguna ley… es una iniciativa de reforma que llegó al Congreso de la Ciudad de México gracias al Parlamento de Mujeres”, agrega la legisladora Soto.

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Paula Soto // Foto: Christian Aréchiga

Tanto Paula como Temístocles Villanueva presentaron dos reformas que al final se unieron para ser llevadas ante las Comisiones Unidas de Igualdad de Género así como la de Administración y Procuración de Justicia del Congreso local, el pasado 14 de noviembre de 2019.

¿Qué es lo que cambia?

En las comisiones se decidió cambiar los artículos 135 bis, 135 ter, 135 quater y 135 quintus del Código Civil. De paso, derogan nueve artículos del Código de Procedimientos Civiles relacionados con la presentación de pruebas médicas y el concepto de identidad sexogenérica.

En los códigos actuales, un menor de edad debe pasar por el Juicio Especial de Acta por Reasignación para la Concordancia Sexogenérica. Es decir, un juicio para cambiar su identidad de género.  

Además deberán contar con el aval de ambos tutores.

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Sin embargo, en esta modificación hay una polémica sobre la patria potestad. Grupos opositores a esta reforma han advertido que la figura se ve perjudicada. No obstante, tanto Soto como Villanueva dicen lo contrario.

¿La razón? Lo que se discute es el derecho de los niños y las niñas a una identidad y la obligación de los padres de familia de garantizarlo.

“Lo que se está alegando —que es contra la Constitución— es discriminación por edad. Como la ley ya existe para mayores de 18, a lo que se apela es que no se puede discriminar por edad: si es válido para una persona de 19, es válido para una de 5. Y esta idea también es interesante, porque es romper con una idea adultocéntrica de lo que es la autonomía”, comenta al respecto la doctora Lucía Ciccia.

Adiós a la presentación de pruebas médicas

En la nueva reforma se eliminó también un requisito: pedían un dictamen —expedido por dos profesionistas o peritos— en el que las personas probaran que llevaban al menos 5 meses de reasignación para la concordancia sexogenérica, una intervención quirúrgica. 

Según Daniela Castillo, hay un grave error en la legislación y es que el concepto “concordancia sexogenérica” da por hecho que un menor de edad trans deberá cambiar su sexo para acreditar una nueva acta de nacimiento. Y en la realidad, esto no es así.

“Se piensa que una persona trans tiene que someterse a una intervención o algún tratamiento. Hay un montón de diversidad en las transiciones y todas son válidas, dice la coordinadora de la Clínica Jurídica de LEDESER.

Si la reforma se aprueba, ¿qué sigue?

Las comisiones dieron luz verde al dictamen de reforma de los códigos Civil y de Procedimientos Civiles. El siguiente paso es la aprobación en el Pleno del Congreso de la Ciudad de México y su publicación en el Diario Oficial local.

Esto no ha sucedido, ¿por qué? En noviembre pasado, el debate se suspendió debido a la petición de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, quien solicitó que la discusión se detuviera para consultar con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDH-CDMX).

UNICEF respondió que cualquier reforma que se discuta debe velar por los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes.

Recordó que para eso está el Artículo 1º de la Constitución, que señala que los derechos humanos de las mexicanas y los mexicanos serán reconocidos por el Estado. Además, está prohibida toda discriminación motivada por la edad.

Por su parte la CDH-CDMX se pronunció a favor del dictamen, pues abre la puerta para garantizar los derechos de los niños y las niñas, así como el derecho a la identidad, educación y salud.

El CONAPRED se sumó a las observaciones y señaló esta discusión como una oportunidad histórica “para adoptar medidas tendientes a proteger contra la discriminación y la violencia a niñas, niños y adolescentes trans”.

“No estamos inventando el hilo negro, no estamos creando algo que no exista, estamos simplificando un trámite de lo judicial a lo administrativo”,  dice Paula Soto.

Por su parte, Temístocles Villanueva agrega que, debido a las controversias políticas, es posible que el Congreso analice poner la edad de 12 años, como mínimo, para que los niños y niñas accedan a este proceso administrativo. 

Lo anterior abriría un nuevo debate clínico.

De acuerdo con la doctora Lucía Ciccia no existen parámetros para determinar cuando una persona es suficientemente capaz para tomar ciertas decisiones, en este caso, su propia identidad. 

“Acá tenemos que ver, cuál es el criterio para un corte etario: ¿a los dos, a los tres, a los cuatro, a los cinco? (…) Ahora, la realidad es que no hay ningún criterio lógico etario para decir cuándo una persona es capaz (…) Que sean mayores de 18 no lo garantiza y ser menor de 18 tampoco lo garantiza”.

El valor de un acta de nacimiento

Para la mayoría de las personas, el acta de nacimiento es un papel más que toma cierta importancia nada más cuando lo necesitas para trámites administrativos, como las bodas o las inscripciones escolares. Pero, ¿alguna vez te has puesto a pensar lo que este papel significa para la comunidad trans? 

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Foto: Alejandro Cortés

Tania Morales nos cuenta que para su hijo este documento de identidad ha sido fundamental.

“Pidió cinco copias. Me dedicó una a mí, una a su papá, otra a sus abuelos, a un abogado que nos ayudó y otra se la quedó él. Eso es impresionante. Conozco personitas de 7 u 8 años que tienen muy claro que su vida depende de ese documento”.