Y para comenzar la semana perdiendo la fe en los políticos, hace unos meses Justin Trudeau era considerado el sueño de todo ciudadano que va a las urnas; sin embargo, recientemente le ha explotado un escándalo nivel “grilla mexicana”, el cual le podría costar el puesto…

De acuerdo con The Guardian, podríamos estar presenciando los últimos meses de Trudeau como primer ministro de Canadá. A ocho meses de que los paisanos de Winnie Pooh decidan si quieren que el buen Justin continúe en el puesto por un periodo más, el Fabiruchis “región 1” enfrenta acusaciones de corrupción…

Así es… el político que hace suspirar tanto a Ivanka Trump como a EPN es acusado de haber metido presión para que la ahora exfiscal general y ministra de Justicia, Jody Wilson-Raybould, desistiera del enjuiciamiento de la empresa de ingeniería SNC-Lavalin, a quien se le achacaban presuntos sobornos en Libia.

El fallo contra SNC está pendiente, ya que no importando lo que Trudeau y compañía – supuestamente – querían, Wilson-Raybould determinó que la compañía enfrentara las acusaciones en su contra… algo que ya se preveía, así que apelaron la decisión. Aunque el primer ministro niega haber procedido de manera inapropiada, la salida de Jody de la Fiscalía General sólo empeoró el panorama para su reelección.

Según indica El País, la bomba explotó en febrero pasado, cuando el caso fue ventilado en el diario The Globe and Mail. Ahí, se detalló que fueron los asesores del ministro quienes ejercieron las presiones contra Wilson-Raybould… las cuales se extendieron durante meses. Y cómo no, si el caso hace ver a los funcionarios involucrados en Odebrecht como principiantes. En el asunto canadiense los presuntos pagos irregulares a altos funcionarios libios (realizados entre 2001-2011) son equivalentes a 31.7 millones de dólares.

A diferencia de lo que ocurre en otros lados (cof, México, cof) lo revelado por la prensa recibió la atención de las autoridades correspondientes. Así que Wilson-Raybould fue citada a comparecer ante una comisión de la Cámara de los Comunes… y sí, ratificó lo difundido en los medios, dando detalles de cómo había optado por hacer que la firma de ingeniería enfrentara los cargos por corrupción y sobornos, pese a que desde la oficina de Trudeau la presionaron para cambiar de opinión.

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“Por un periodo de cuatro meses, desde septiembre hasta diciembre de 2018, experimenté un constante esfuerzo de parte de varias personas dentro del gobierno buscando una interferencia política en el ejercicio de las facultades discrecionales en mi rol como Fiscal General de Canadá, en un esfuerzo inapropiado para asegurar un acuerdo de encausamiento diferido (DPA por sus siglas en inglés) con SNC Lavalin”, señaló la exfiscal general.

De acuerdo con Wilson-Raybould, los funcionarios de Trudeau la intentaron convencer de desistir el proceso contra la firma con sede en Québec con el argumento “no lo hagas por nosotros… piensa en los niños”… bueno, no fue así, pero más o menos. La intentaron persuadir recordándole la importancia de la compañía en la región: con más de 8 mil empleados en Canadá y 50 mil alrededor del mundo.

Bueno… si hay algo que reconocerle a Trudeau es que no niega haber comentado el caso con la exfiscal. Sólo que, para el primer ministro, su proceder no fue inapropiado. “Mi equipo y yo siempre hemos actuado de forma apropiada y profesional. Estoy totalmente en desacuerdo con la descripción [del caso] que la exministra de Justicia y fiscal general ha hecho. Hemos defendido y protegido empleos en Canadá. Pero siempre respetando las normas”.

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