El miércoles 15 de julio se enfrentarán Argentina e Inglaterra en una de las semifinales del Mundial 2026. Ambos se disputarán un lugar como finalistas en busca de levantar, una vez más, la Copa.
Argentina se proclamó campeona hace cuatro años en Qatar. Inglaterra lleva 60 años desde su último triunfo.

La historia y la política en el futbol
Este, como muchos de los otros partidos del Mundial, no sólo se ha definido en la cancha, sino afuera: entre la afición, el intercambio cultural, los follows en redes sociales y también la política, reflejada en la contraposición de ideologías, la discriminación, los reclamos racistas y las palabras elegidas para celebrar un triunfo o una derrota.
Recuerdo mucho la entrevista callejera de un creador de contenido —disculpen que no recuerde el nombre, lo vi de pasada en Instagram y no le di like o follow— en la que le preguntaba a un aficionado belga sobre el resultado del partido entre Bélgica y Senegal en los dieciseisavos de final.

El sujeto respondió que ellos ganarían porque, si una vez ya los habían colonizado, podrían volverlo a hacer. Se rió.
La historia de Bélgica en África no contempla el territorio actual de Senegal, pero eso no le quita lo atroz. En el siglo XIX, Leopoldo II se hizo de un territorio en África decenas de veces más grande que Bélgica, con mayor presencia en la ahora República Democrática del Congo.
Uno de los puntos diferenciadores de esta y otras colonias africanas es que era privada. Le pertenecía a Leopoldo, no a Bélgica. Se hizo del marfil de la región, y luego del caucho, a costa de la muerte de sus habitantes. Lo que quedó registrado es la brutalidad de la imposición: esclavitud, secuestros, mutilaciones, hambre, abuso sexual.

Argentina vs. Inglaterra
Mencionamos esto como ejemplo de las formas en las que un partido, para muchos, no se queda entre 22 jugadores, sino que trae un contexto histórico y político relevante. Y el partido de Argentina contra Inglaterra no ha sido la excepción.
Entre ambos países hay un tema que lleva décadas en conversación: la soberanía de las Islas Malvinas, conocidas en el Reino Unido como Falkland Islands.
Apenas en abril de 2026, el gobierno británico declaró que la soberanía de las Malvinas recae en el Reino Unido tras reportes de que la administración de Donald Trump revisaría su postura respecto al territorio.
Es, ciertamente, un tema sensible y bastante complejo. Pero su conversación no ha sido menor en el contexto del Mundial y el encuentro de las selecciones hacia el cierre de la Copa del Mundo.

La construcción del Imperio británico
El Imperio británico comenzó a formarse bajo el reinado de Elizabeth I. En 1607, con la permanencia de una colonia en lo que ahora es Virgina, EUA, empezó todo, y durante 400 años, establecieron su imperio en América, Asia, África y Oceanía.
Tras la independencia de las 13 colonias en el siglo XVIII, el Imperio británico se negó a perder más territorios, reprimiendo cualquier intento de sublevación o liberación de la Corona.
La Primera Guerra Mundial le otorgó territorios tras la derrota de Alemania, quien que tuvo que ceder sus colonias. Sin embargo, para la Segunda Guerra Mundial, la Corona se dio cuenta de que ya no podían costear las colonias ni contener los levantamientos independentistas, como los de India, Ghana e incluso, Belice.

Las Malvinas como colonia británica
Hacia el cierre del siglo XVII se establece la relación entre el Imperio británico y un archipiélago al sur del Atlántico conocido como las Malvinas.
Para el siglo XVIII, los birtánicos establecieron un primer asentamiento, el cual abandonaron años después con una placa reclamando su soberanía sobre el territorio.
Ya entrado el siglo XIX, entre 1810 y 1820, Argentina logró su independencia y reclamó el territorio correspondiente a las Malvinas. Pero en 1833, Gran Bretaña regresó, sacando a las autoridades argentinas del lugar y estableciendo una colonia.
De acuerdo con algunos historiadores, a diferencia de otros territorios, el Imperio británico no invirtió demasiado en el lugar, y las islas quedaron abandonadas durante décadas y sin responder al llamado de soberanía de Argentina.

La Guerra de las Malvinas
En marzo de 1982, un grupo de argentinos levantó la bandera del país sudamericano en Georgia del Sur, una de las dependencias británicas en el Atlántico Sur. Ese episodio abrió una crisis diplomática que, poco después, escaló hacia la guerra.
El 2 de abril de 1982, fuerzas argentinas desembarcaron en las Malvinas y tomaron Puerto Stanley, obligando al gobernador británico a rendirse.
Margaret Thatcher, la primera ministra del Reino Unido, respondió a la invasión de Argentina asegurando que recuperarían el territorio en nombre de los británicos.
Fue a finales de abril de ese mismo año cuando la armada de Gran Bretaña llegó al lugar y, entre distintos ataques aéreos y marítimos, derrotó a las fuerzas argentinas en Georgia del Sur.
La Guerra de las Malvinas dejó un saldo de 649 argentinos, 255 británicos y tres habitantes de las islas sin vida. Para el 14 de junio, Argentina se había rendido y Gran Bretaña anunciaba su triunfo.
Thatcher ganó popularidad tras la victoria en las Malvinas, y en Argentina se desató una nueva crisis que terminó por debilitar a la dictadura militar.

Mundial 1986: la mano de Dios
Unos años más tarde, la nación del sur entablaría una competencia con los británicos lejos de los ataques aéreos y marítimos: en una cancha de futbol y en manos, literal, de Diego Armando Maradona.
La selección argentina y el astro se fueron a la Copa Mundial de la FIFA México 1986, llegando a los cuartos de final contra Inglaterra. Italia, que no tenía ni vela en el entierro, también estaba pegada al monitor viendo a Maradona, el ídolo del Nápoles, en el Estadio Azteca pelearse los goles con sus enemigos políticos.
Diego anotó con la mano, la mano de Dios, la mano del gol. Sconvirtió en una declaración política, social y cultural.
Y mientras el mundo seguía peleando la validez del gol, Maradona se llevó a medio equipo a toda velocidad, con el balón como si fuera una extensión de sus pies, y metió “el gol del siglo”. Inglaterra contra Argentina en México 86 es quizá el partido más famoso y político de todos los tiempos.

Una película sobre la Guerra de las Malvinas
La filmografía de Shane Meadows es poco conocida, y en realidad, bastante corta. Pero si hemos de mencionar uno de sus filmes, el más destacado, sin duda, es This Is England, de 2006, una especie de autobiografía enfocada en la vida social, cultural y política de la juventud en los 80, específicamente sobre los skinheads.
El protagonista es Shaun, un niño de 12 años que, en el verano de 1983, va de camino a la escuela en una pequeña localidad en Yorkshire, al norte de Inglaterra. Shaun es víctima constante de abusos que lo mantienen alejado de todos, pues siempre hay alguien más alto y más fuerte que él.
La realidad es que Shaun sólo quiere pertenecer a algún lugar, pero no sabe a dónde. Y las cosas se complican para él con la muerte de su padre durante la Guerra de las Malvinas, librada en el pequeño archipiélago al este de la Patagonia argentina.

Es así como Shaun se encuentra con una banda de skinheads que pronto se convierten en su nueva familia, adoptando su estilo con la cabeza rapada, camisa a cuadros, tirantes y botas.
Pero luego deja de ser una estética para convertirse en un discurso racista y nacionalista que, en el contexto de Shaun, se relaciona con la guerra en la que su padre perdió la vida.
This Is England
En This Is England, Shaun encuentra un refugio entre un grupo de skinheads liderados por Woody y acompañado por Milky, quien es de ascendencia jamaiquina.
Todos visten igual y escuchan la misma música, pero todo cambia cuando Combo, el exlíder del grupo, sale de la cárcel con ideas nacionalistas, desechando las relaciones con los migrantes en el país, incluido el mismo Milky.
La pandilla se divide entre Woody, quien no quiere involucrarse con esa clase de discursos racistas, y Combo, quien convence a Shaun de permanecer con él para honrar la muerte de su padre en las Malvinas.
Combo le explica al niño que, mientras su padre va a la guerra para luchar por su país, un montón de migrantes se quedan con sus tierras y viven a costa de los verdaderos británicos.
Son pocas las películas que han abordado el tema de la Guerra de las Malvinas, sobre todo desde la mirada británica. La mayoría lo aborda de manera superficial o, bien, explorando las consecuencias colaterales del conflicto, como This Is England.
Esto, a diferencia de Argentina, donde se ha explorado más el tema de la guerra y de la violencia en películas como Iluminados por el fuego (2005) o Soldado argentino sólo conocido por Dios (2017).

