“Donde hay muchas mujeres, hay muchas brujas”, se lee en el documental Witches, de Elizabeth Sankey, el cual aborda la relación histórica entre la depresión y la psicosis posparto con la brujería, a partir de la propia experiencia de la directora tras tener a su primer hijo.
Si no hubiera recibido ayuda inmediata de parte de otras mujeres que habían atravesado lo mismo, la directora reconoce que muy probablemente habría lastimado a su bebé y a ella misma.
El análisis que hace sobre la evolución de la maternidad y sus partes más oscuras, asociadas a enfermedades de salud mental, lo hace a través del cine y la televisión: entre protagonistas brujas, locas, malvadas, monstruosas, sexuales. Todo menos madres enfermas.

El caso de Lindsay Clancy
El tema surge en medio de un debate sobre la salud mental de las madres con el caso de Lindsay Clancy, quien en enero de 2023 mató a sus tres hijos de 5 y 3 años, y un bebé 8 meses. Después de quitarles la vida, Lindsay saltó de un segundo piso. Sobrevivió, quedando paralizada de la cintura para abajo.
A tres años de lo sucedido, el juicio contra Clancy ha comenzado, declarándose no culpable de los cargos de asesinato. Su defensa no niega que los haya matado, pero insiste en que el jurado no debería considerarla penalmente responsable a partir de una enfermedad mental, pues “voces en su cabeza” le dictaron que debía matar a sus hijos y matarse a sí misma.
La fiscalía dice que los asesinatos fueron intencionales al planificar la salida de su ahora exesposo de la casa para cometer el crimen.

De acuerdo con las pruebas de la defensa, Lindsay Clancy buscó ayuda profesional. Llamó a la línea de prevención del suicidio. Intentó ingresar, a través de una sala de urgencias y sin éxito, a un tratamiento intensivo para mujeres con problemas de salud mental posteriores al embarazo. También se internó de manera voluntaria en un hospital psiquiátrico.
Pero, a los pocos días de salir, con medicamentos recetados, su situación empeoró con trágicas consecuencias.
La fiscalía insiste en que Clancy ignoró los tratamientos, cambiaba de medicinas constantemente, manipuló a los proveedores y que, además, jamás mostró señales de psicosis o manía.

Su exesposo recién testificó en el juicio, revelando que la caída en picada fue a inicios de diciembre de 2022, cuando empezó a hablar de sus pensamientos suicidas y de la intención de hacerle daño a sus hijos, por lo que tomó un nuevo medicamento antipsicótico que puedo haber complicado más su estado mental.
Después del crimen, Lindsay Clancy fue diagnosticada con trastorno bipolar y psicosis posparto. El diagnóstico llegó muy tarde.
Hablando directamente con el jurado, la fiscal pidió que no se viera el caso como un “debate público de la salud mental de las mujeres y cómo el sistema de salud las ha tratado”.
Pero sin importar la petición de la fiscalía para determinar la narrativa alrededor del caso, el debate ya se puso sobre la mesa.
El llamado divino de la maternidad
Es complicado y doloroso. Toda mezcla de emociones relacionadas con el caso viene de que si una madre le hace daño a sus hijos, estaría rompiendo con la milenaria y sagrada idea de la maternidad.
En religiones como el cristianismo-catolicismo, la maternidad se entiende como un llamado, una vocación espiritual, la parte más hermosa del plan de Dios para con los humanos. La capacidad de concebir convierte a la madre en un vehículo divino para extender la fe y sus valores.
Eso significa, también, que una madre ha de ser inherentemente buena. Y, en esos términos, la bondad conlleva el sacrificio del amor.
El trabajo de una mujer es ser madre, una buena madre, existir alrededor del bienestar de sus hijos. No hay cabida, ni un mínimo, para la duda. Así, hablar sobre la parte más oscura de la maternidad queda prohibido.

¿Qué pensarían si una mamá, ahora mismo, dijera que, a pesar del amor que siente por sus hijos, extraña su vida sin ellos? El juicio es inmediato. Probablemente pensemos que es una madre mala, irresponsable y que, justamente, quizá no merecía serlo porque ser madre es un llamado, una vocación; pero en la medida del sacrificio está, irónicamente, el merecimiento de serlo.
Lo idílico del embarazo, la fragilidad que supone que, mágicamente, no se contrapone con la fuerza que requiere; una fuerza que, eso sí, surge de la familia, de la compañía, de respetar la estructura y los roles establecidos.
Esta premisa, de distintas formas, es la que más ha circulado en la representación de la maternidad en el cine y la televisión, como un concepto aspiracional que es alcanzable en su perfección mientras se sigan las reglas del juego.

El monstruo de la maternidad
No es que antes no se haya hablado de los aspectos oscuros de la maternidad. Pero se hacía, usualmente, desde el horror, con figuras que convertían a las mujeres y madres en brujas y hechiceras, mujeres poseídas, vampiras, sirenas e, incluso, aliens.
Si una mujer viola el pacto sagrado de la maternidad, supone maldad. Esto lo exploró de manera profunda la autora Barbara Creed en el libro The Monstrous-Feminine, de 1993, en donde establece que la ruptura de la figura femenina y materna en sus roles parte de una naturaleza monstruosa, o bien, de su conversión al mal.
¿Pero qué tal si, en lugar de explorarse desde el folclore y la fantasía como un reforzamiento de la visión divina de la maternidad, se hace desde la realidad?
Eso trae como resultado una conversación no menos compleja, pero sí más severa de la maternidad.
Depresión y psicosis posparto
De acuerdo con el National Institute of Mental Health, la depresión perinatal es un trastorno del estado de ánimo que ocurre durante el embarazo (prenatal) y después del parto (posparto). Si bien los síntomas pueden variar de leves a graves, se reflejan en ansiedad, tristeza y fatiga extrema que dificultan el cuidado de la madre de sí misma y del bebé.
Los factores que pueden ser causa de la depresión perinatal son situaciones estresantes a nivel social y cultural, exigencias físicas y emocionales, y cambios hormonales. Se sabe que el riesgo aumenta si hay antecedentes de depresión o trastorno bipolar.
Hay una diferencia grande entre la depresión posparto y el llamado baby blues, el cual define cambios leves y cortos en el estado de ánimo, como cansancio o sentirse abrumada por el cuidado del bebé.

En cuanto a la psicosis posparto, de acuerdo con la misma fuente, se reconoce como una enfermedad mental grave que ocurre después del parto: un episodio agudo y grave de psicosis, manía o depresión psicótica.
Se reconoce como una emergencia psiquiátrica, de acuerdo con Biological Psychiatry, requiriendo hospitalización por los riesgos de suicidio e infanticidio.
Las definiciones de cada una incluyen periodos de tiempo que, también, es importante reconocer no como un indicador general, pues pueden ignorar las necesidades de la experiencia de cada mujer enfrentando un tema de salud mental asociado con el embarazo, el parto y el posparto.

Moral y fe, no salud ni ciencia
En Witches, la directora ofrece como testimonio su experiencia con dicha enfermedad, encontrando un vínculo entre la narrativa alrededor de una mujer que se ve afectada como mala madre, y la que históricamente se asociaba con la brujería.
La locura en una madre es aterradora y, a la vez, un símbolo de debilidad: el ceder completamente a las emociones y no al razón. La confirmación de la histeria femenina. Es una contradicción a la belleza.
Pero no. Siempre ha sido una cuestión de salud mental que, a la fecha, sigue provocando discusiones sobre moral y fe por encima de salud y ciencia.
Les va un ejemplo. En mayo de 2026, mientras Hayden Panettiere promocionaba su libro This Is Me: A Reckoning, habló de cómo una marca de belleza de la que fue embajadora por 10 años canceló su contrato después de haber admitido en una entrevista, en 2016, que tuvo depresión posparto tras el nacimiento de su primera hija en 2014. ¿La razón? Romper con una “cláusula de moralidad”.

Revertir la narrativa alrededor de las tribulaciones de la maternidad
Insistimos: la moral y la ideología por encima de la salud. La depresión y la psicosis posparto son trastornos mentales, y en los últimos años se han explorado como tal en el cine y la televisión.
El ejercicio de Witches nos parece uno de los más relevantes como documental, pero en la ficción también se ha hecho en películas como Die My Love, de Lynne Ramsay, e If I Had Legs I’d Kick You, de Mary Bronstein, por ejemplo, sobre cómo el estado mental de las protagonistas cae conforme aumentan las expectativas de sacrificio a su alrededor. Ser madres únicamente, a pesar de la soledad, el cansancio y las aspiraciones personales.
La situación es tan extrema para ambas que, como espectadores, su realidad nos parece producto de su imaginación.

En Tully, de Jason Reitman, la protagonista no duerme; está completamente fatigada con la llegada no planeada de su tercer bebé. El punto de quiebre llega cuando sufre un accidente que le revela que parte de su historia ha sido fabricada en su cabeza. Un caso similar ocurre en Nightbitch, cuando una madre que abandona su carrera para dedicarse a la crianza se descubre como un perro salvaje. Literal.
La identidad de estos personajes femeninos se desdibuja a partir de la maternidad. Ceder completamente ante la idea de ser únicamente madres implica rechazar todo lo que saben y aspiran de sí mismas. No debe haber un antes de ser madres.

Antes, cuando el sacrificio representaba la bondad inherente, una madre podía redimirse de cualquier falta que hubiera existido en el camino como Rosemary’s Baby. Y, si había una negación sobre el sacrificio, entonces había una fuerza sobrenatural y malvada detrás de eso como en Possession. Entonces no había redención, sino castigo.
Hoy, en películas como A Mouthful of Air o The Lost Daughter, reconocemos que el sacrificio era, y sigue siendo, parte de las expectativas sociales, culturales, políticas y económicas ligadas a la identidad.

Romper el mito de la madre perfecta
Nos hablan específicamente de cómo las expectativas sobre la maternidad, que provocan situaciones estresantes, pueden alimentar los trastornos mentales asociados al embarazo, el parto y el después del parto.
Rechazar la obligación del sacrificio hoy puede leerse como una exigencia de construir una cultura en la que la crianza sea colectiva y compartida, y no recaiga únicamente en manos de la madre.
Y que si una madre pide ayuda, incluso revelando pensamientos terribles sobre sí misma y sus hijos, la respuesta no sea el juicio, la vergüenza o el castigo inmediato; sea la atención urgente y el acompañamiento.
Ignorar las distintas realidades de la maternidad es peligroso, y no hay marcha atrás frente a las consecuencias de la negación. Romper el mito de la madre perfecta no puede traernos sino resultados positivos como sociedad.
La salud mental de las madres no puede ni debe seguir tratándose como una falla moral. La salud mental debe entenderse como una emergencia humana, médica y colectiva.
Películas que abordan la depresión y psicosis posparto
Witches
Elizabeth Sankey
2023
MUBI
Die My Love
Lynne Ramsay
2025
MUBI
If I Had Legs I’d Kick You
Mary Bronstein
2025
Filmelier+
Tully
Jason Reitman
2018
Diamond Films+
Dante y Soledad
Alexandra de la Mora
2024
Compra y renta
The Lost Daughter
Maggie Gyllenhaal
2021
Netflix
A Mouthful of Air
Amy Koppelman
2021
Sony One
Huesera
Michelle Garza Cervera
2022
HBO Max
Nightbitch
Marielle Heller
2024
Disney+
Fuentes:
ABC News: Before killing her kids, Lindsay Clancy searched about hallucinations, psychosis and ways to die
CNN: Notes on Lindsay Clancy’s cellphone paint a picture of a woman ‘going downhill’
Ministry Magazine: The Call of Motherhood
National Institute of Mental Health: Depresión perinatal
National Library of Medicine: Perinatal Depression
Biological Psychiatry: Postpartum Psychosis and Bipolar Disorder:
Review of Neurobiology and Expert Consensus
Statement on Classification
NetCe: Perinatal Depression
Page Six: Hayden Panettiere claims major beauty brand canceled her contract over postpartum depression admission

