Empezaré esta reseña La Odisea con una confesión: salí de verla deseando una película de terror de Christopher Nolan. Es mi más grande deseo ahora gracias a una escena corta, pero fascinante, de la que les contaré más adelante sin spoilers.
Dicho esto, es momento de proceder con las dudas y opiniones sinceras de una cinta que esperaba mucho, y que me ha costado procesar en su inmensidad.
Christopher Nolan, un director estrella
La Odisea es una maravilla de principio a fin. Qué emoción es estar presenciando en vivo el trabajo de Christopher Nolan como un director que ocupa un lugar especial en la industria: el de una estrella.
Su nombre lleva a la audiencia al cine. La gente quiere ver una película suya sin importar su elenco porque… él es la estrella.
Son poquísimos los cineastas que tienen asegurada la confianza de las y los espectadores y el favor de los estudios para darle los cientos de millones de dólares que necesita. Y el mérito es todo suyo, gracias a la filmografía que ha construido con el paso de los años.
Mi favorita es Inception. Es una de mis comfort movies, pero la que considero su mejor película es Memento. Un amigo mío, quizá el más fan de Nolan que conozco, dijo que su favorita es Memento, pero la mejor es Dunkirk como el resumen de las virtudes del director.
Los dos coincidimos con que la menos favorita es Tenet. La razón de mi compa es que es demasiado complicada de entender, tanto que llega a ser aburrida.
Para mí, siendo muy específica, es porque no puedo con lo mal escrito y desarrollado que está el personaje interpretado por Elizabeth Debicki. A esas alturas del partido —el lejano 2020— me pareció absurdo. Me dijo: “O sea, sí. Pero a Nolan se le perdona todo”.
El cheque en blanco
No coincido. No creo que debamos perdonarle todo ni a Nolan ni a ningún otro de los grandes directores vivos. Ni a los maestros consagrados como Martin Scorsese o Steven Spielberg, o los que más o menos forman parte de la misma generación de Nolan.
Si ellos son los grandes del cine, los que rompieron las reglas para establecer nuevas, los que nos impresionaron con sus propuestas, no es que no les deberíamos perdonar algo —quiénes somos nosotros para perdonar o no—, sino que simplemente no deberíamos pasarlo por alto, como si un “detalle”, por la importancia de su cine, no tuviera un impacto.
Dicho esto, no creo que debamos pasar por alto que La Odisea, de Christopher Nolan, procuró solo la épica de la construcción fílmica y no la épica del relato.
Reseña de La Odisea
La Odisea es impresionante visualmente, y es maravilloso ver que hay personas, genios, detrás de una de las producciones más grandes de los últimos años. Como defensor del quehacer fílmico, Nolan siempre procura el cine de manera artesanal. La Odisea es la prueba.
Fuera de todo el tema de IMAX, ya de por sí asombroso, cada una de las piezas hace que La Odisea parezca la madre de las excepciones que, afortunadamente, cada vez son más, aunque sean pequeñas. Me refiero a películas pequeñas, pero originales y propositivas.
Los escenarios se ven grandes, pero pronto son íntimos. Ese cambio de dimensiones hace que casi tres horas de película se sientan como una. Estamos en el mar con Odiseo, en medio de una terrible tormenta, y Nolan se concentra en una pequeña embarcación, lo cual nos hace entender lo monstruoso de la ira de los dioses.
Todo esto corresponde a la promesa de un espectáculo para contarnos una de las dos historias que construyen la base narrativa en Occidente. Y el británico cumple su promesa.
Nolan siempre regresa a La Odisea
Seguimos las venturas y desventuras de Odiseo en su viaje de 10 años para regresar a casa: las constantes paradas que hace con cada vez menos hombres de su tripulación entre tragedias, tentaciones, lecciones aprendidas y sacrificios.
Esta idea ha estado presente en cada una de las películas de Christopher Nolan: el viaje del héroe que ha de descender hasta el inframundo para salir transformado, una suerte de renacimiento. Todos los hombres de Nolan tienen un recorrido como Odiseo.
Lo que vi en La Odisea es que hay tanta atención a su composición, que lo menos puntual es el fondo. La secuencia de hechos pasa porque debe pasar, porque es la historia que nos han contado y hemos leído desde hace miles de años.
La virtud del director está ahí, pero no hay una nueva lectura del relato porque Odiseo es el personaje recurrente del director. Y por eso, quizá, habría que prestarle más atención a la forma.
Samantha Morton y el elenco
No me malinterpreten con esta reseña. Disfruté mucho ver La Odisea. Sin spoilers, deben prestar especial atención a la parte de Circe, interpretada por Samantha Morton. Es espectacular, aterradora e impresionante, pero no por lo que se ve, sino por lo que se dice y cómo.
Pienso en lo increíble que sería Christopher Nolan dirigiendo una película de terror. Me emociona muchísimo la idea porque creo que jamás habíamos visto algo así en su cine. No exagero.
También es importante reconocer a Matt Damon como Odiseo. Antes pensaba que un elenco lleno de caras tan conocidas, vistas, tan populares, podía comerse la historia.
Pero volvemos un poco a lo mismo: la historia no está al centro de la película, y por eso no importa tanto qué actores interpretan a los personajes, sino lo bien que se adaptan a la inmensidad de una producción de Nolan.
Y todos se adaptaron bastante bien. Quizá cuestionemos un par de interpretaciones en contextos melodramáticos o planos, pero no podríamos sugerir lo contrario.
La piedra en el zapato: los personajes femeninos
Ahora bien. Si La Odisea se repite en Nolan, hay algo que también debemos comentar, y es la imposibilidad del director de desarrollar personajes femeninos que no sirvan como soporte de un personaje masculino.
Esposas muertas, unas que viven en los sueños del protagonista, esposas que necesitan ser rescatadas. Es una conversación que se ha tenido, pero que una vez más en La Odisea persiste.
Con excepción de Samantha Morton y su Circe, se me quedó una deuda con el resto de personajes femeninos, sobre todo con Zendaya, Charlize Theron y Lupita Nyong’o, interpretando a una diosa, ninfa y reinas.
Pondré de ejemplo a Zendaya, con spoilers, porque es el que más me dolió. Zendaya interpreta a la diosa Atenea, una de las grandes protagonistas de La Odisea, de Homero. Ella acompaña a Telémaco en su propio viaje, y también ayuda a Odiseo a sortear algunos de los obstáculos que se presentan.
Pero en esta Odisea, Nolan no la presenta como diosa, sino que la convierte en un remordimiento del protagonista, en un producto de la imaginación del héroe que, por ende, depende de una circunstancia muy definida para aparecer. Y no es muy recurrente.
No mentimos: Zendaya no aparece más de 10 minutos en la película porque funge como la representación de la culpa de Odiseo, no como una diosa con la capacidad de convencer a otros dioses de ayudar a un mortal, de enfrentarse a una ninfa para que lo libere, de convencer a Telémaco del recorrido que él mismo debe seguir para convertirse en el hombre que Ítaca necesita.
Las licencias creativas existen aquí y en todos lados. Pero van en función de la historia que se quiere contar. En este caso, no parece haber un propósito específico, sino más bien una reducción de importancia y relevancia. No había que empezar de cero porque llevan miles de años existiendo. Pero aún así…
Conclusión
Salí de ver La Odisea con una fascinación extraña en cuanto a su escala, el mito de un hombre intentando volver a casa mientras todo lo retrasa, incluso su mismo ego.
Pero también salí con la sensación de que Nolan, en su película más grande, dejó ir su propio mito.
Porque sé que una opinión sobre Nolan siempre va a generar debate, es que hoy mismo veré por segunda vez La Odisea. No para encontrar respuestas, pero sí para saber qué tan certeras son mis dudas.
