Por: Wookie Williams

Hay una escena en Beetlejuice, la maravillosa y oscura comedia sobre el inframundo que Tim Burton dirigió en 1988, en la que Lydia Deetz (protagonizada con una sombría dulzura por Winona Ryder) conoce a los fantasmas que viven en su casa. Barbara y Adam, la pareja de espectros, se sorprende de que esta niña pueda verlos, cuando son invisibles para el resto de las personas. Lydia les dice algo que podría haber salido de la boca de Burton: “La gente viva ignora lo extraño y lo inusual. Yo misma soy extraña e inusual”. Tim Burton ve cosas que el resto de la gente no vemos, y las convierte en peculiares mundos y seres fantásticos, con texturas y patrones y vida para que todos podamos mirarlos y entender un poco más de lo extraño e inusual que somos nosotros mismos.

La exposición El Mundo de Tim Burton, originalmente montada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 2009, no es un tributo al genio de Burton, es una ventana a su increíblemente rebuscada imaginación plasmada en sencillas obras, dibujos, garabatos, frases en servilletas y muchas ideas dibujadas (literalmente) sin cabeza. Porque ese mundo de Burton va mucho más allá de sus 19 películas (más varios cortos), mismas que lo han convertido en un ícono del cine adolescente, en un compañero de momentos incómodos.

Poquísimos directores logran plasmar en sus películas un estilo tan distintivo como él; sus películas son visualmente únicas pero emocionalmente universales, pero es el proceso detrás de las cintas lo que lo hacen un director y un artista como ningún otro.

El Mundo de Tim Burton llega a México para mostrar el arte, el diseño, la locura, lo infantil y lo macabro de la carrera del realizador estadounidense. Las instalaciones, las imágenes en movimiento en videos, las esculturas, marionetas de prueba, storyboards, títeres utilizados en películas, disfraces, vamos, incluso las líneas curvas retorcidas en el piso, todo grita no sólo “Tim Burton”, sino que nos hace sentir “entiendo de qué se trata todo esto, porque todo esto me entiende a mí”.

Como parte de la exhibición original, Tim Burton grabó algunos videos de lo que representan estas piezas, y que nos dejan saber más sobre lo que estaba pensando al crearlas. “Nunca antes las había mostrado, porque nunca las he considerado arte, simplemente eran parte del proceso, ya fuera que estuviera pensando en ideas o trabajando en proyectos”.

La primera pasión de Tim Burton fue el dibujo. Comenzó en la escuela primaria con payasos, monstruos, deformidades y criaturas fantásticas, y nunca ha sido fácil para él comunicarse con el resto de la gente a través de palabras, pero los dibujos expresaban las ideas que su timidez no le permitía.

Los contrastes de luz, la dinámica, las formas, las sombras del expresionismo alemán son evidentes a lo largo de su obra, esos ángulos obtusos y remarcados que hacen esquinas enrarecidas. Fritz Lang, F. W. Murnau y Robert Wiene, todos tienen un lugar en la cabeza de Burton, igual que George Melies y James Whale. Basta ver El gabinete del Dr. Caligari para entender las raíces burtonianas, pero basta ver un dibujo del Chico con clavos en lugar de ojos para saber que la obra de Burton tomó esos elementos visuales y los puso de cabeza en su propio mundo.

Los fans más clavados conocerán sus libros de cuentos bien, como The Melancholy Death of Oyster Boy, o The Giant Zlig, y se conmoverán de ver a Voodoo Girl por ahí, pero los fans más casuales podrán encontrar referencias de sus dibujos de joven en toda su obra y pensar “hey, ese payaso lo he visto antes en Batman Returns”. Y para los y las que viven obsesionados con ‘El extraño mundo de Jack’, encontrarán en ‘El Mundo de Tim Burton’ un paraíso monocromático en el que siempre han soñado vivir.

El Mundo de Tim Burton en República Checa

Sus dibujos siempre han sido su forma de lidiar con las cosas que no entendía, que él siente que son necesarias en la infancia y que los adultos tienden a olvidar. Por ejemplo, cuando era animador en Disney, era mucho más extraño de lo que es ahora, y tenía esta loca, loca idea que se convirtió en una de sus marcas más representativas: cuando usaba calcetines a rayas blancas y negras, se sentía más aterrizado, más calmado. De otra forma, sentía que flotaba, y las rayas le daban una dinámica circular que sentía que necesitaba para tener los pies en la tierra.

Antes de organizar las piezas para el exposición, Burton nunca había revisado su obra completa y se sorprendió de ver lo mucho que estaba obsesionado con ciertos temas. Como las películas de monstruos y de ciencia ficción, en las que siempre dichos monstruos son los rechazados, los marginados, y la gente era en realidad el villano, quizá un reflejo de su propio sentimiento. “Mucho tiene que ver con la forma en que creciste, con sentirte aislado, estar solo, vivir dentro de tu propia mente”, dice Burton en el video. Y ahí está Lydia Deetz, y Edward Scissorhands, e Ichabod Crane y Katrina Van Tassel, y Sally y Jack Skellington, y Stein Boy. Y Tim Burton. Todos ellos, de alguna forma, sus propios monstruos incomprendidos.

La exposición El Mundo de Tim Burton se presenta a partir del 6 de diciembre hasta el 8 de abril en el Museo Franz Mayer.

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