Sirat, escrito de manera correcta como Sirāt, es la palabra árabe para “camino” o “sendero”. Es el término que da título al cuarto largometraje dirigido y escrito por Óliver Laxe, el director francoespañol que, cada vez que va al Festival de Cannes, vuelve con algún reconocimiento (con Sirat se llevó el Premio del Jurado).
Pero Sirat, entendido como un espacio que se recorre, también nos habla de un conflicto latente desde hace más de 50 años, aunque parezca olvidado: en el norte de África, el Sáhara Occidental permanece en disputa como consecuencia —para sorpresa de nadie— de la colonización europea del continente.
Antes de entrar de lleno en ese tema, queremos presentarles nuestra entrevista con Óliver Laxe con motivo del estreno en México de Sirat, una de nuestras películas favoritas de 2025 y una fuerte candidata al Oscar en más de una categoría.
Sirat
Sirat arranca con una extensa secuencia de un rave en medio del desierto. Durante varios minutos observamos a decenas de personas en una suerte de trance, impulsadas por la música que emana de una torre de bocinas acomodadas de forma paralela a las montañas, mientras la luz del sol cae poco a poco.
Cientos de cuerpos se mueven. Entre ellos aparece Luis, un hombre que, acompañado de su hijo Esteban, de unos 11 años, pregunta por su hija desaparecida. Pregunta si la han visto o si la reconocen, pues lleva más de cinco meses sin saber nada de ella.
Así es como se encuentran con una familia de ravers conformada por personas de distintas nacionalidades, con cuerpos marcados por el polvo del desierto, pero también por cicatrices o mutilaciones. Le dicen que no, aunque le sugieren que podría encontrarla en un próximo rave que se realizará aún más adentro.
Luis y Esteban los siguen para adentrarse en una zona naturalmente hostil que los enfrenta a distintas realidades geográficas y políticas, pero también emocionales y psicológicas.
Sirat es un viaje intenso —a veces abrumador— guiado por la música y el diseño sonoro del propio Laxe junto a Kangding Ray. El sonido que rebota en las bocinas no se detiene, y esa imposibilidad del silencio funciona como un reflejo de cómo opera también nuestra mente frente a la incertidumbre: la de un terreno desconocido, la de volver a ver a alguien, la de llegar a un lugar o la de la muerte.
El recorrido de Sirat: las secuelas de la colonización
La historia de Sirat se desarrolla en lo que se conoce como el mayor campo minado del mundo, ubicado en el Sáhara Occidental. Para comprender el conflicto de esta región —en el que incluso se ha visto involucrado Christopher Nolan (sí, leyeron bien)— es necesario retroceder varias décadas.
En 1884, las potencias europeas, convocadas por el Reino Unido y Francia en la llamada Conferencia de Berlín, se reunieron para repartirse África ante la expansión colonial. Dependiendo de la fuerza militar y política de cada país en Europa, se le asignaba un territorio del continente.
Para no hacer largo el recuento, España reclamó la región que hoy conocemos como Sáhara Occidental, habitada por el pueblo saharaui. Fue hasta 1924 cuando se constituyó formalmente la colonia del Sáhara Español y, años más tarde, en 1958, se le reconoció como provincia española.
La situación no duró mucho. Entre 1975 y 1976, el territorio fue cedido de manera ilegal por España a Marruecos y Mauritania. Básicamente, España notificó a la ONU su retirada y se deslindó de cualquier responsabilidad sobre lo que ocurriera después.
Casi de inmediato, el Frente Polisario se enfrentó a Marruecos, lo que desató un conflicto armado que desplazó a miles de personas hacia campos de refugiados ubicados en Argelia.
En 1979, Mauritania se retiró del conflicto y Marruecos amplió su zona de control. Como suele ocurrir, todo el mundo opinó excepto el pueblo saharaui, que lleva poco más de 50 años siendo oprimido por las fuerzas de ocupación marroquíes, de acuerdo con información de Amnistía Internacional.
Christopher Nolan y su Odisea
En 2025 se dieron a conocer noticias sobre la producción de La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan, basada en la obra de Homero que narra el viaje de diez años que emprendió Odiseo —o Ulises— para regresar a casa.
Parte del rodaje se llevó a cabo en la ciudad de Dakhla, capital de la región marroquí que ocupa el territorio del Sáhara Occidental, una zona con fuerte presencia militar y en la que el pueblo saharaui ha vivido directamente las consecuencias de la ocupación.
Ahí está el detalle. Es una zona en conflicto donde los saharauis no pueden desplazarse pero donde sí se puede filmar una enorme producción de Hollywood. Javier Bardem fue uno de los actores que se pronunció al respecto: “Otra ocupación ilegal, otra represión contra un pueblo, el saharaui, injustamente expoliado con la aprobación de los gobiernos occidentales, incluido el español”, denunciando además que Marruecos busca borrar la identidad saharaui.
La ocupación ha provocado el desplazamiento forzado de la población hacia campos de refugiados en la región desértica de Tindouf, en Argelia, donde viven más de 170 mil personas, de acuerdo con la Cruz Roja Española.
¿Qué sucede hoy en el territorio?
Marruecos controla una extensa parte del territorio, aunque no su totalidad. Para ello construyó un muro de más de dos mil kilómetros que divide al pueblo saharaui entre la zona controlada por Marruecos y la administrada por el Frente Polisario.
El Frente Polisario es un movimiento independentista que, desde antes de la salida de España del territorio, lucha por la autodeterminación a través de la República Árabe Saharaui Democrática.
En 2007, Marruecos presentó una “solución” al conflicto: otorgar al Sáhara Occidental cierta autonomía bajo soberanía marroquí. Tanto el Frente Polisario como Argelia rechazaron la propuesta.
Desde entonces, las tensiones han ido en aumento, desembocando en un nuevo enfrentamiento armado en 2020 y en episodios posteriores de violencia. Hasta ahora, la ONU continúa reconociendo al Sáhara Occidental como un territorio no autónomo.
Sirat no es un escenario
Sirat no usa el conflicto del Sáhara Occidental como un escenario, sino como recordatorio de la opresión a la que se someten sus personajes, de distintas formas. El desierto que recorren los ravers junto a Luis y Esteban, está marcado por la violencia, el abandono y fronteras o muros impuestos.
Es un lugar donde la historia tiene una deuda enorme, donde la historia sigue sin resolverse. Así, el “camino” al que hace referencia Sirat no promete un cierre, ni un recorrido estructurado, sino una búsqueda personal para sanar heridas que no pueden cerrar.
