Hace unos meses nos invitaron a visitar el set de filmación de la segunda temporada de Como agua para chocolate, una de las series mexicanas más vistas en HBO Max con una historia que reconocemos bastante bien: la de una cocinera cuya comida es mágica.

El set de Como agua para chocolate

Siempre que vemos una película o una serie, imaginamos cómo es que se filma. Pensamos que los sets son como museos con sus pasillos y cuartos iluminados, llenos de cámaras, un vestuario impecable, silencio contundentes y luego el murmullo constante, como si todo el mundo supiera exactamente a dónde va y qué debe hacer.

Pero, ¿qué pasa cuando la historia exige lo contrario? No construir un mundo sino mudarte a él. En el caso de Como agua para chocolate, viajar decenas de kilómetros y adaptar una hacienda real a un set sin romper su tiempo, ni sus espacios. Sin internet. Sin visitas ajenas. Como si el presente se quedara afuera.

Personaje de Tita en 'Como agua para chocolate'
Personaje de Tita en ‘Como agua para chocolate’ / Foto: Cortesía HBO Max

Eso hizo la producción de Como agua para chocolate. Nos llevó a Tlaxcala para dar un salto al pasado, al México de principios del siglo XX. Y ahí el set se siente raro y especial: se vive con el estómago y con el olfato, y por ende, con la memoria.

Ya les decíamos que nos invitaron a conocer el lugar de filmación de Como agua para chocolate antes del estreno de su segunda temporada, en donde hablamos con el equipo creativo para entender cómo la cocina, la memoria y la emoción, siguen siendo el motor de una de las adaptaciones más sensoriales de los últimos años.

Maru Rangel y la cocina real en el set de Como agua para chocolate

En el set de Como agua para chocolate, apenas cruzas la cocina —el verdadero corazón de la historia—, y queda claro que aquí la comida no es utilería ni accesorio, tampoco simulación para cámara. Sería un pecado para la historia en sí misma si lo fuera.

Lo increíble y delicioso es que ahí todo se cocina. Se pica, se sofríe, se hornea, se prueba y, si es necesario, se vuelve a hacer una y otra vez (este

Al frente de esa alquimia está Maru Rangel, responsable del food styling pero también de algo más difícil de definir: guardiana emocional de una historia donde cocinar es amar, resistir, sanar y recordar.

Yo soy Tita, nos dice Maru en algún punto del set visit. No como frase publicitaria, sino como confesión de su vínculo con la historia. Su conexión con la cocina viene de generación en generación: de su abuela a su madre, de su madre a ella, y de ella a sus hijos. Y ahora a las actrices de la serie.

Una herencia imposible de calcular. Un conocimiento que se hereda a través de compartir una cocina, aprender de los ingredientes y dominar los utensilios. Pero por encima de eso, de escuchar historias, observar procesos y entender que cocinar es una forma de estar con otros.

Maru Rangel, responsable del food styling, prepara alimentos reales en el set de la serie Como agua para chocolate.
Maru Rangel está a cargo del food styling en Como agua para chocolate. Foto: HBO Max.

Con la comida no se puede mentir

En cine y televisión, la comida suele ser una ilusión. Son platos maquillados, trucos para que se vean bien y duren mucho aunque no se coman. Tal cual, la comida en un set no se come. Aquí, sí.

Las recetas son reales. Los actores comen de verdad. Y eso implica una logística obsesiva entre múltiples versiones del mismo platillo, consistencia entre tomas, repetir el mismo pan, el mismo mole, el mismo postre, una y otra vez.

No nada más actúan los actores. De verdad creen lo que están haciendo”, explica. “Y eso facilita una reacción honesta. La comida no se puede fingir”, nos revela Maru.

En escenas con decenas de extras, se cocina para todos. No hay comida falsa. El mole se sirve, la gente come y eso cambia la energía del set. En una serie donde los platillos están ligados al deseo, la tristeza, la pasión, la rabia y el amor, esa honestidad se vuelve parte de la narrativa.

Obra de Johannes Vermeer utilizada como referencia visual para la fotografía de la serie Como agua para chocolate.
Johannes Vermeer, fue una de las referencias visuales para la fotografía de Como agua para chocolate.

Cocinar como alquimia y memoria

Escuchar a Maru hablar de cocina es escuchar a alguien hablar de relaciones humanas. Para ella, cocinar conlleva técnica, y sobre todo, tiempo, cuidado e historia.

Habla de la levadura que burbujea como algo casi mágico. Del sazón como paciencia y como intuición. De una receta como una relación: cada ingrediente aporta algo, cada persona suma energía. “La cocina es eso: relaciones humanas”, dice. “Una es alegría, otra llega de malas, otra trae calma. Todo se va cocinando”.

En un momento íntimo, Maru habla de su relación con la novela y con su propia historia: su abuela, su madre, el mole, la infancia. Aprender a expresar cariño a través de los platillos cuando las palabras no siempre estaban disponibles.

Cuenta incluso que su nacimiento está ligado a un mole que su madre preparó durante el embarazo. Para ella no es “ sólo una receta”, es parte de su origen. Y esa coincidencia la une a Tita, como si el realismo mágico hubiera acomodado piezas desde antes de que existiera la novela.

Maru Rangel junto a Azul Guaita caracterizada como Tita, unidas por la cocina como lenguaje emocional en Como agua para chocolate.
Maru Rangel junto a Azul Guaita caracterizada como Tita en el set de Como agua para chocolate. Foto: HBO Max.

Por eso, cuando Maru dice “yo soy Tita”, no se refiere al personaje, sino a la esencia: una mujer que cocina para decir lo que no puede con palabras. Una mujer que convierte la cocina en su lenguaje de amor.

Pero lo que ocurre en la cocina no se queda ahí. La serie está en medio de una revolución. La comida es el punto de partida, pero no el único lenguaje. Y esa misma madurez emocional atraviesa la dirección, la fotografía, los personajes, el vestuario y la forma en que la serie —y todos los involucrados— deciden contarla.

Julián de Tavira y la dirección de la segunda temporada de Como agua para chocolate

Para Julián de Tavira, director de la serie, la segunda temporada es, sobre todo, recuperar lo conseguido y empujarlo hacia adelante”. Esa coherencia es clave para entender cómo se grabó Como agua para chocolate sin traicionar el universo de la primera temporada, pero dejando que el tiempo pese en los personajes.

No son los mismos que conocimos. “Cambia la densidad emocional: menos inocencia, más consecuencias”. Y en medio de todo, vuelve la idea central de que esta historia se cuenta desde las mujeres. Pero ojo. No como discurso, sino como la manera natural de contar la historia desde la mirada, la cocina, los rituales, la herida y la resistencia.

Esa misma madurez que Julián plantea desde la dirección, también se traduce en cómo la serie se ve. En el set de Como agua para chocolate, la fotografía, el vestuario y el peinado están pensados para sentirse reales mas no perfectos.

Julián de Tavira dirige una escena en el set de Como agua para chocolate durante la segunda temporada.
Julián de Tavira dirige la serie Como agua para chocolate. Foto: HBO Max.

La fotografía de Como agua para chocolate con Ximena Amann

Esa madurez, dice la fotógrafa Ximena Amann, se tradujo en una palabra: profundidad. Profundidad de emociones, sí. Pero también profundidad de campo y profundidad de luz: contraluces más marcados, sombras más presentes, una imagen con más capas, como los propios personajes.

Su regla es directa. Y sin concepto, la foto sería “puros cuadros bonitos sin intención”. Aquí lo visual está al servicio de lo que sienten. El reto técnico parte con la época: no hay electricidad. Se diseña con velas, fuego, quinqués, antorchas, fogatas y “luz de luna”.

Entre sus referencias aparece la pintura: Johannes Vermeer como inspiración para contrastes más delimitados. Luz que modela y que a la vez deja un halo de misterio. Si la fotografía trabaja con luz y sombra para traducir emociones, el vestuario hace lo mismo con telas, peso y textura.

Ximena Amann supervisa la iluminación y fotografía en el set de Como agua para chocolate.
Ximena Amann es la directora de fotografía de Como agua para chocolate. Foto: HBO Max.

Amanda Cárcamo: la tela como psicología del personaje

En vestuario, Amanda Cárcamo lo dice sin rodeos: en esta época, la paca no alcanza. Muchas piezas se mandaron a hacer. La búsqueda real fue la tela: lanas, linos, algodones. Materiales naturales cada vez más raros. Parte del hallazgo estuvo en Tlaxcala con los tejidos de cintura y texturas rudas que luego se tiñen, se procesan, se estampan y se transforman.

Su parte favorita no es “el look”. Es darle alma a cada personaje desde el color y la textura.

Amanda Cárcamo revisa telas y vestuario de época para Como agua para chocolate.
Amanda Cárcamo lidera el diseño de vestuario de Como agua para chocolate. Foto: HBO Max.

Tita: nostalgia en azules, telas ligeras y vaporosas.

Rosaura: plizados, telas pesadas, más lana, más rigidez.

También está la verdad física, y es que no es cómodo. Capas y capas, telas que pican. Entre tomas hay que soltar enaguas para que las actrices respiren. Y hay una decisión que se vuelve clave para todo el universo de la serie: evitar corsés. No por comodidad solamente, sino para que la provincia y la Revolución Mexicana se sientan como lo que son, no como una fantasía rígida.

Detalle del vestuario de época utilizado en Como agua para chocolate, con telas naturales y múltiples capas.
 Ana Valeria Becerril es Rosaura en la serie Como agua para chocolate. Foto: HBO Max

Elisa Ramírez: peinados que cuentan historias y maquillaje (aunque casi no se note)

Para Elisa Ramírez, el peso narrativo está en el peinado. Por época, casi no hay maquillaje: se investiga, se define el periodo y luego se diseña personaje por personaje. Tita, con el cabello trenzado, cuenta su historia tan enredada como infinita. En Rosaura, los accesorios y los tonos se oscurecen conforme se oscurece su arco.

En la segunda temporada de Como agua para chocolate, el reto crece por los saltos temporales que van de 1915 a los veintes y los treinta. Eso implica envejecimientos, cambios físicos y una continuidad precisa.

La apuesta de Elisa es la naturalidad con la piel sana, hidratada, casi “de cuentito”. Y, sobre todo, coherencia entre dos mundos: revolucionarios sucios, uñas negras, grasita; hacienda limpia, pero nunca “pulida”. Provincia, jabones que resecan, frizz y una rusticidad que también es parte de la historia.

Elisa Ramírez trabaja el peinado de un personaje para la serie Como agua para chocolate.
Elisa Ramírez está a cargo de maquillaje y peinado en Como agua para chocolate. Foto: HBO Max.

Un set que no solo se recorre: se vive

Más que un recorrido, este detrás de cámaras de Como agua para chocolate es una forma de entender por qué esta historia sigue conectando desde la emoción. En conjunto, todo apunta a lo mismo: la serie no busca verse “perfecta”, busca verse como algo vivido.

La luz tiene sombras porque los personajes ya las tienen. La tela pesa porque la época pesaba. El cabello no está “domado” porque la vida real tampoco lo está.

Y la cocina no está ahí para adornar la toma, sino para sostenerlo todo. Para recordar qué nos enamoró de Como agua para chocolate, una historia que se parece mucho a las de nuestras propias familias, esas que se cuentan y se heredan entre generaciones.

La comida no es sólo un recurso narrativo, es una forma de contar quiénes somos, de dónde venimos y qué amamos y aquí no es una metáfora bonita, es práctica diaria. En medio de luces y cámaras, hay algo profundamente honesto ocurriendo.

Alguien pica cebolla, prueba una salsa y repite una receta no sólo para que se vea bien, sino para que se sienta real.

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Soy Coordinador de Edición y Producción Multimedia en Sopitas.com. Formo parte del equipo desde 2020 donde entre TikToks, entrevistas y memes, me escapo para escribir de diversidad, arte y los lugares...

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