Lo que necesitas saber:

Katherine Switzer cruzó la meta del Maratón de Boston tras 4 horas, 20 minutos y 20 segundos

En 1967, Katherine Switzer se convirtió en la primera mujer en participar, de forma oficial, en un maratón, específicamente en el de Boston. Sí, hace 59 años las mujeres ni siquiera podían participar en un maratón

¿Por qué? Bueno, los ‘expertos’ de aquel entonces estaban completamente convencidos de que el cuerpo de la mujer era incapaz de soportar la exigencia de una competencia de ese tipo.

Según ellos, corrían el riesgo de sufrir un prolapso uterino, que es cuando el útero cae de la pelvis hasta el canal vaginal. Algo que sí sucede, pero por el debilitamiento en los músculos y suelo pélvico, no por correr. 

Katherine Switzer
Fotografía vía kathrineswitzer.com

Así que esos ‘expertos’ decidieron —por ellas— que lo mejor era no permitirles participar. Es más, aquellas mujeres que lo intentaron antes de Katherine fueron bloqueadas por los organizadores.

Una de ellas fue Stamata Revithi, quien corrió el maratón de los Juegos Olímpicos de 1896, pero justo al entrar al estadio, en la recta final del recorrido, le negaron la entrada y anularon su participación. 

En la actualidad, correr se ha vuelto uno de los deportes más populares para hombres y mujeres. Sin embargo, las mujeres no siempre tuvieron la oportunidad de participar en carreras de forma oficial. Y vale la pena recordar esa parte de la historia. 

Katherine Switzer y el maratón que cambió el deporte

“Voy a terminar la carrera arrastrándome o a gatas si es necesario; porque si no la acabo, nadie creerá que las mujeres pueden hacerlo”, dijo Katherine Switzer aquel 19 de abril de 1967, cuando corrió por primera vez el Maratón de Boston, mejor dicho, su primer maratón. 

¿Pero cómo decidió inscribirse? Katherine cuenta en su libro ‘Mujer maratoniana’ que la idea llegó durante uno de sus entrenamientos extraoficiales, en diciembre de 1966, cuando estudiaba periodismo en la Universidad de Syracuse. 

La escuela, como muchas en aquella época, no contaba con equipos femeninos de atletismo, ni de otras disciplinas. Así que Katherine, quien corría desde los 12 años, comenzó a entrenar con Arnie Briggs, un exmaratonista, quien quedó impresionado con la idea de una mujer corriendo. 

Durante aquellos entrenamientos ‘extraoficiales’, Arnie le contaba las historias de varios participantes en el Maratón de Boston, todos hombres, claramente. Hasta que un día, Katherine explotó, harta de esas historias, y comenzaron a discutir.

Maratón de Boston
Fotografía Stew Milne vía www.baa.org

Roberta Gibb corrió el Maratón de Boston de forma extraoficial

Durante aquella discusión, Arnie soltó un “Ninguna mujer puede correr la maratón de Boston”. Por lo que, Katherine tuvo que recordarle que Roberta Louise “Bobbi” Gibb ya lo había hecho meses atrás. 

El problema con Roberta fue que lo hizo de forma extraoficial, igual que los entrenamientos de Switzer. Y para que fuera reconocida como participante oficial, debía contar con una inscripción y su número de corredor. Aunque ‘Bobbi’ completó todo el recorrido en 3 horas, 21 minutos y 40 segundos, fue ‘fácil’ para los organizadores, corredores, público y prensa, ignorarla. 

Tuvieron que pasar varios años para que en 1996, la Boston Athletic Association la reconociera como la campeona de la rama femenil, rama que tardó varios años en existir.

Roberta Gibb, Maratón de Boston
Captura de pantalla www.baa.org

Katherine inició sus entrenamientos

Arnie reconoció que para él, la única mujer capaz de correr el Maratón de Boston era Katherine. Esa sola idea la hizo sonreír y aceptar aquel desafío. Tenía un entrenador, una carrera y el entrenamiento necesario para conseguirlo; solo faltaba la inscripción. 

Llenó el formulario con ayuda de su entrenador. La hoja no mencionaba nada sobre el género del corredor. Se daba por hecho que todos eran hombres, así que para evitar problemas —antes de tiempo—, pagó los 3 dólares de la inscripción y firmó solo con sus iniciales: K.V. Switzer, Katherine Virginia Switzer.

Después de tomar aquella decisión, Katherine llamó a sus padres para contarles todo; su padre, quien siempre la había apoyado en todas sus decisiones, simplemente le dijo: “¡Vamos, hija, tú puedes! Eres fuerte, has entrenado, ¡lo harás genial!”. Justo lo que ella necesitaba escuchar. 

Katherine Switzer
Fotografía www.261fearless.org

Katherine contra el maratón y los organizadores 

Después de varias semanas de entrenamiento, llegó el día del Maratón de Boston. Katherine, quien usó el número 261, estaba nerviosa; sin embargo, esos nervios fueron disminuyendo cuando comenzó a sentir el apoyo del resto de corredores. 

Los hombres comenzaron a elogiar su participación. Estaban completamente emocionados por verla competir, hasta se animaron a pedirle consejos para sus esposas. Katherine se sintió bien recibida y orgullosa de su decisión, aunque quería pasar desapercibida para evitar los problemas. Algo que no pudo conseguir. 

Varios kilómetros después, los periodistas ya se habían dado cuenta de su presencia, comenzaron a tomarle fotos y lanzarle algunas preguntas. Para su mala suerte, además de los periodistas, Jock Semple, el director de la carrera, también notó su participación. Comenzó a perseguirla para exigirle que abandonara la carrera, algo que Katherine nunca hizo.

Katherine Switzer
Fotografías Boston Herald vía www.es.amnesty.org

Semple la tomó de la sudadera y comenzó a jalarla hasta fuera de la ruta. Sin embargo, su novio y Arnie la ayudaron para soltarse de su agarre, para que ella pudiera continuar la carrera. El problema es que durante la discusión, el novio de Katherine, quien también era atleta universitario, le soltó un golpe al director de la carrera, lo dejó tirado a media calle y ellos ‘huyeron’. 

Katherine se sintió avergonzada, atacada, frustrada, humillada y confundida. Seguía corriendo por inercia, pero no sabía qué hacer; pensó por un momento en abandonar la competencia. Sin embargo, sabía que esa ya no era una opción; era cuestión de orgullo.

Solo era una niña que quería correr su primera maratón

“Si renunciaba, el deporte femenino retrocedería muchísimo, en lugar de avanzar. Si renunciaba, nunca correría la maratón de Boston”. Así que decidió seguir, sin importar las amenazas de Semple.

Aquellos sentimientos de miedo y dudas se convirtieron en coraje, el coraje del que se aferró para terminar el resto del recorrido, sin la euforia del principio, pura concentración y dolor físico de correr tantos kilómetros. Al final, después de todo y todos, cruzó la meta tras 4 horas, 20 minutos y 20 segundos. No fue un simple maratón, era la muestra de que las mujeres sí podían —y pueden— correr un maratón. 

“No corría en Boston para demostrar nada; solo era una niña que quería correr su primer maratón”.

En la meta encontró solo un puñado de periodistas y algunas personas que les ofrecieron mantas y asistencia médica. No hubo euforia en la meta, ni grandes celebraciones; tal vez en aquel momento no dimensionó lo que acababa de conseguir. 

Fue durante su regreso a casa, cuando se detuvieron a cenar, que vio una fotografía de ella en el periódico. Sus fotos estaban por todos lados; el relato de su participación en Boston ya le estaba dando vuelta al país y, después, al resto del mundo. 

Katherine Switzer
Imagen www.es.amnesty.org

Sin embargo, fue hasta 1972 que el Maratón de Boston permitió la participación de las mujeres, cinco años después de que Katherine demostró que era posible hacerlo.

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