Paul Greengard, el hombre que descubrió las conexiones entre neuronas que producían “alegría”, falleció este 13 de abril a la edad de 93 años, sin embargo, recordaremos por siempre a quien nos mostró la verdadera “alma” de un ser humano.

Desde que era un joven estudiante, Greengard siempre fue un estudiante aplicado, sobretodo en sus materias de física. Su talento era tan grande que a sus 17 años, en plena Segunda Guerra Mundial, fue enviado al Instituto Tecnológico de Massachusetts, con el objetivo de participar dentro de un equipo de estudiosos que estaban desarrollando un sistema de alerta temprana para interceptar aviones japoneses kamikazes antes de que se lanzaran contra los buques estadounidenses, según explica El País. 

¡Noo! Falleció Paul Greengard, el hombre que descubrió cómo se "transmite la alegría" en el cerebro

Vía El País

Aunque sus compañeros continuaron estudiando y desarrollando mecanismos de las bombas atómicas, Paul Greengard creyó que esa no era su vocación:

“Pensé que había mejores maneras de pasar mi vida que intentando destruir la humanidad”, dijo en 2013 a The Journal of Clinical Investigation.

De esta manera, en 1953 Greengard terminó su doctorado en Biofísica en la Universidad Johns Hopkins. Luego de eso se dedicó al estudio de las sinapsis, es decir, los llamados “besos” entre neuronas (el investigador Santiago Ramón y Cajal hizo tal analogía luego de haber descubierto las conexiones entre neuronas).

Por aquella década, el médico sueco Arvid Carlsson descubrió que la dopamina también actuaba como transmisor en el cerebro, así como que se relacionaba con los movimientos. Por su parte, Greengard descubrió el mecanismo a través del cual  la dopamina y otras moléculas transmitían su mensaje. Dichos descubrimientos le valieron a ambos el Premio Nobel de Medicina en el año 2000.

¡Noo! Falleció Paul Greengard, el hombre que descubrió cómo se "transmite la alegría" en el cerebro

Vía Calameo

“Greengard nos dio una visión del cerebro totalmente distinta a la que existía antes. Gracias a su trabajo supimos que la química estaba en la base de muchos trastornos, como la depresión, la esquizofrenia, el párkinson y el alzhéimer, y abrió el camino para la búsqueda de dianas terapéuticas”, explica la neurobióloga Sabine Hilfiker, quien trabajó con Greengard en la década de los 90.

Gracias a los estudios de Grengard pudimos echar un vistazo a lo que los ateos podrían considerar como la real “alma” humana, pues la reacción en cadena que atraviesa las neuronas a través de impulsos eléctricos, es la responsable de que nuestro cuerpo funcione.