¿Por qué me interesa?
La primavera y la literatura sostienen una de las relaciones más entrañables del mundo.
Hace unos días el hemisferio norte experimentó, como todos los años, la llegada de la primavera; un momento del año que se caracteriza por el regreso absoluto del sol tras el letargo invernal. El valor simbólico de esta estación es tan fuerte que solo el arte ha sido capaz de abstraerla. Y es que basta ver un cuadro de Monet o leer los innumerables cuentos que hay en torno a ella para entender cómo la vida siempre le gana a la muerte.
La primavera representa el renacer de la naturaleza en todo su esplendor. Es una metáfora que le ha permitido a cientos y cientos de poetas, novelistas, ensayistas y cuentistas tocar temas importantísimos para el humano como el amor, el despertar erótico, la fugacidad del tiempo y sobre todo la esperanza universal de empezar de nuevo, no importa cuándo o dónde estemos.
Y es que la literatura no se limita solo a describir la primavera. Para los escritores, estos tres meses son más que cielos azules, árboles habitados de flores moradas y el bullicio lejano de dos pájaros encima de una rama; son en realidad el arquetipo del comienzo, una forma de interpretar, reinterpretar y a veces cuestionar la existencia misma.
Dicho todo esto, es correcto afirmar que no es lo mismo leer en invierno que en primavera; las sensaciones y las disipaciones cambian; después de todo, hay pocas cosas tan absolutamente reconfortantes como abrir una ventana y abrir un libro al mismo tiempo.
El mito de Perséfone
Cuando hablamos de la unión entre la primavera y la literatura, es casi imposible no detenernos en ese relato que lo empezó todo, la leyenda de Perséfone. Además de ser una de las narraciones más bellas y significativas de la mitología griega, esta historia nos permite entender el poder de las estaciones; esa sucesión cíclica que convierte un tronco vacío en flores que observan el horizonte.
Perséfone, hija de Deméter, la diosa de la agricultura, y Zeus, pasa su vida en la naturaleza. Un día, mientras recoge flores, en particular narcisos, la tierra se abre debajo de sus pies y Hades se la roba para llevársela al inframundo. Su secuestro genera un invierno perpetuo en el mundo que casi destruye a la humanidad. La desolación es tal que los dioses llegan a un acuerdo: la joven pasará ocho meses en el mundo y un tercio del año en el subsuelo.
Cuando Perséfone regresa a la superficie, la alegría de su madre es tanta que la tierra florece, los cultivos crecen y hay calidez y abundancia. Sin embargo, cuando desciende al mundo subterráneo, todo se viste de luto y la naturaleza entra en un periodo de duelo que hoy conocemos como el invierno.
Hay que destacar que el mito es más que una simple explicación de las estaciones; es en realidad una interpretación profunda del ciclo de la vida y de la muerte. Todo final es un principio y la naturaleza siempre tendrá el poder de renacer, aunque algunos meses se oculte de nuestra mirada.
Cinco cuentos que solo se pueden leer cuando llega la primavera
La primavera es un tema recurrente en la literatura; ha acompañado a los libros y a los autores desde el inicio de los tiempos.
Desde alegorías profundas sobre la generosidad de la naturaleza hasta relatos breves que nos invitan a celebrar la regeneración de la vida y a nunca pasar por alto las flores de colores que aparecen en nuestro camino, estos tres meses son para leer y caminar descalzos en el pasto.
El gigante egoísta
Óscar Wilde
“Todas las tardes, al volver del colegio, tenían los niños la costumbre de ir a jugar al jardín del gigante. Era un gran jardín solitario, con un suave y verde césped. Brillaban aquí y allí lindas flores sobre el suelo y había doce melocotoneros que, en primavera, se cubrían con una delicada floración blanquirrosada y que, en otoño, daban hermosos frutos. Los pájaros, posados sobre las ramas, cantaban tan deliciosamente, que los niños interrumpían habitualmente sus juegos para escucharlos…”
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El camino a la escuela
Antón Chéjov
“Salieron de la ciudad a las ocho y media.
El camino estaba seco. El bello sol abrileño picaba ya; pero en las cunetas y en el bosque aún había nieve. Acababa de irse el invierno, crudo y lúgubre, y la primavera se había presentado como por sorpresa, pero para Maria Vasílievna, que iba sentada en la carreta, no constituían novedad alguna ni tenían el menor interés el calor, los lánguidos bosques transparentes, entibiados por el hálito de la primavera, ni las negras bandadas que se cernían sobre los enormes charcos, verdaderos lagos, ni el cielo maravilloso e insondable, al que hubiera volado de tan buena gana…”
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Primavera con una esquina rota
Mario Bnedetti
“… Otra estación importante es la primavera. A mi mamá no le gusta la primavera porque fue en esa estación que aprehendieron a mi papá. Aprendieron sin hache; es como ir a la escuela. Pero con hache es como ir a la policía. A mi papá lo aprehendieron con hache y, como era primavera, estaba con un suéter verde. En la primavera también pasan cosas lindas, como cuando mi amiga Arnoldo me presta el monopatín…”
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El viejo que hacía florecer los árboles
Anónimo
“Hace muchos años un viejo leñador que vivía en una pequeña aldea a la orilla de un gran bosque salió por la mañana a cortar unos árboles. Cuando estaba a medio camino, observó un pequeño perro blanco que estaba tumbado a la vera del sendero. El animal estaba muy delgado y no tardaría mucho tiempo en morir de hambre y de frío. El leñador lo cogió en sus manos, lo puso tiernamente en el regazo de su quimono, se volvió a casa y se lo mostró a su mujer…”
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La primavera
Guy de Maupassant
“Cuando llegan los primeros días de sol, se despierta y reverdece la tierra, y la tibieza perfumada del aire nos acaricia la epidermis, penetra los pulmones y parece llegar hasta el mismo corazón; nos vemos asaltados por confusos deseos de dicha indefinible, sentimos impulsos de correr, de caminar al acaso, de buscar lo imprevisto, de emborracharnos de primavera…”
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