¿Por qué me interesa?
En México la sabiduría de nuestras abuelas es algo así como una luz para guiarnos en la oscuridad.
Entre todas las fechas importantes que aparecen en nuestro calendario, el 28 de agosto celebramos una, un tanto inadvertida, que revela la esencia de las familias en México: se trata del Día Nacional de las Personas Mayores; se trata de un un pretexto para celebrar el gran papel que desempeñan en los conocimientos cotidianos, en la educación y en lo que somos como sociedad. Un ejemplo de esto es la vigencia eterna de los consejos que nos dieron nuestras abuelas.
Y es que en México las abuelas son más que un vínculo importante; son más bien nuestro refugio emocional y un alivio espiritual. Verlas o recordarlas es regresar al tiempo de nuestra infancia, volver a los olores de la cocina, escuchar sobre la belleza de lo simple. Es saber que la juventud no es eterna, pero sí los principios, y solo por eso no hay mal tiempo que no necesite una buena cara para atravesarlo.
Las abuelas nacidas en este país son una enciclopedia de conocimientos. Se saben de memoria las recetas, son guardianas de los albúmenes y un tipo de doctoras, sin diploma, que tienen un remedio para cada mal que nos aqueja. Son expertas en apagar el hipo, en remedar costuras rotas y testigos de los primeros feminismos. Son un símbolo cultural precioso en el que “si comen tres, comen cuatro”, y todos son bienvenidos.
Por si todo lo anterior fuera poco, en México las abuelas son el pilar que sostiene a la sociedad. Son guarderías vivas que cuidan a los nietos mientras los padres trabajan y, en muchas ocasiones, un apoyo económico de la casa. Pero de entre todas sus bellezas, quizá la más entrañable es que son las encargadas de transmitir oralmente la esencia no solo de la familia, sino del país entero.
¿Cómo viven las abuelas en México?
Como en casi todos los países del planeta, México vive una rápida desaceleración demográfica; en este contexto de menos hijos y más trabajo, las abuelas son cada vez más centrales en los entornos familiares. Según datos de la CONAPO, en nuestro país hay poco más de 9.5 millones de mujeres mayores de 60 años. Esta gran cantidad nos revela que, si bien hay menos recién nacidos, la esperanza de vida nunca había sido tan alta.
Otro dato fascinante respecto a las mujeres y a la tercera edad es que, a diferencia de otros países donde la vejez está relacionada con problemas de soledad severos, en México casi el 90% de los adultos mayores viven en compañía de su familia. Esta cifra nos muestra que en este país el legado y la herencia de los más grandes son importantísimos para la educación y la formación de los más pequeños.
Sin embargo, a pesar de su importancia afectiva y social, las mujeres mayores de 60 enfrentan varios retos en nuestro país; por solo mencionar algunos, están la falta de autonomía financiera, de hecho, solo un 25% cuenta con recursos propios, el acceso a salud especializada, casi el 20% no tiene ninguna afiliación y la mayor parte sufre problemas de la exclusión digital, que es una forma de aislamiento.
6 consejos eternos de nuestras abuelas mexicanas
Dicho todo lo anterior, aquí les dejamos una breve guía para apreciar aún más la poética sabiduría de nuestras abuelas. Consejos eternos, que superan cualquier videíto sin chiste de las redes sociales, sobre cómo vivir mejor, qué mirar, qué dejar ir y, sobre todo, cómo aprender a ser mejores personas en un país que requiere de generosidad y buena educación.
“Ponte un suéter porque te va a dar un aire”.
El clásico consejo para evitar que los cambios bruscos de temperatura tengan algún efecto en nuestra salud. Como dato curioso, en realidad, este tipo de aire no se refiere al viento, sino a un espasmo repentino que genera dolor y, en el peor de los casos, puede provocar hasta una parálisis facial.
“No entres a la cocina si tienes el corazón apesumbrado”
El centro espiritual de las casas tradicionales mexicanas son las cocinas; más que lugares para preparar alimentos, son espacios vitales, donde ocurre buena parte de nuestra vida.
En ese panorama, las abuelas recomiendan que nunca cocinemos si estamos irritados o molestos porque nuestras emociones se transmiten a los platillos y de pronto los frijoles se van a aguar, y el guisado le caerá pesado a nuestros comensales.
“Las plantas poseen una personalidad, un propósito y un temperamento”
El vasto conocimiento herbolario de algunas abuelas mexicanas no tiene límites. Para muchas, el remedio más oportuno no está en una farmacia, sino dentro de una maceta y en la sabiduría de saber qué plantas hay que secar al sol.
Para nuestras abuelitas, la manzanilla alivia los dolores de la panza, pero también calma las emociones; las buganvilias quitan la tos; las hojas de roda ayudan al dolor de oído y no hay nada mejor para neutralizar las aftas de la boca que el bicarbonato con dos gotas de limón.
“Para el susto, un bolillo”.
Las abuelas no sólo dan lecciones, sino que transmiten fragmentos de la rica cosmovisión mexicana.
En el caso de este consejo, hay una tradición antigua que sugiere que los sustos provocan que los espíritus se salgan del cuerpo, dejando un espacio en el pecho. Para aliviar el espanto, este vacío puede ser llenado con un pan hueco por dentro, pero macizo por fuera, cuya misión no es otra que ponerle un parche a nuestra alma en lo que regresa nuestro ser.
“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.
La verdadera sabiduría no viene de la astucia, sino de la brutal experiencia que nos regalan los años.
Este dicho, nacido en las entrañas del siglo XIX, lo dicen las abuelas para frenar a los que creen muy listos y desafían por su arrogancia las valiosas lecciones de quienes ya han transitado los caminos buenos y malos de la vida.
“La ropa sucia se lava en casa”.
He aquí una exhortación sabia para que tengamos claro cómo actuar cuando nos peleamos entre nosotros. Siempre con lealtad y discreción.
Por un lado, debemos ser leales con nuestra propia familia y, por otro, tener la discreción necesaria para que los problemas que se susciten los resolvamos solo con los involucrados. Este breve refrán nos enseña el daño que puede hacer a la situación una persona que no conoce el contexto y se apresura a juzgar.
