Si en el cachondeo tu pareja te dice “te voy a comer”, y tu pareja no es Armie Hammer, entonces probablemente esté recurriendo a una metáfora para decirte que le gustas mucho. Y el único peligro que corres es el de enamorarte. Afortunado o afortunada seas, porque en el mundo de las arañas sí se practica el canibalismo sexual (acá les contamos del parasitismo sexual).
Algunas especies de arañas y otros animales —insectos, reptiles y moluscos— como las cucarachas, mantis, escorpiones, anacondas y pulpos practican el llamado canibalismo sexual; eso quiere decir que una de las partes de una pareja se come a la otra por distintos motivos.
Por ejemplo, en el caso más popular de las mantis, las hembras, que son más grandes y fuertes, se comen al macho para poder tener los nutrientes necesarios para posteriormente dar a luz. Lo mismo sucede con la anaconda verde, sólo que esta es capaz de devorar muchos machos a la vez. En los dos sentidos, pues.
El canibalismo entre las arañas
No todas las especies de arácnidos practican el canibalismo sexual. Pero algunas de ellas sí, y lo llevan al extremo. La araña de espalda roja, conocida como Latrodectus hasselti, se come al macho por completo. Lo curioso es que este se acomoda para que ella lo pueda devorar sin problemas.
La araña saltarina tiene chance de salvarse antes de ser devorada. Primero debe cortejar a la araña hembra, y lo hace bailando y haciendo música. Tal cual, golpea su cuerpo y el suelo, provocando vibraciones que llegan a la hembra. Si le gusta cómo pule el dancefloor, tienen relaciones sexuales. Si no, se lo come antes de siquiera probar sus pasos, pero en la cama.
La viuda negra es otro ejemplo de araña que a veces se come a su pareja. La hembra es más grande, por lo que, al momento de la acción, el macho pequeño se acomoda entre sus colmillos y pues… podría comerlo o no.
La cosa es que, entre las viudas negras conocidas como Latrodectus mactans, el macho se sacrifica y se deja comer. Pero, a diferencia de las mantis, estos se dejan comer para que la hembra quede satisfecha y evitar que otro macho llegue a coquetearle.
Es una cuestión de supervivencia al futuro: serán sus hijos los que habiten esta Tierra, aunque él no esté aquí.
La araña que corta su pene
Ya vimos que algunas especies de arañas son intensas y pasionales. Pero hay una araña que lleva la idea de “la vida es un riesgo, carnal” a otro nivel.
Hablamos de la araña tejedora de orbe, cuyo nombre científico es Nephilengys malabarensis. La hembra es mucho más grande que el macho, tan grande que la diferencia de tamaño puede llegar hasta los 15 milímetros.
Cuando empiezan a reproducirse, el macho sabe que será devorado. De acuerdo con estudios, 75 por ciento de los machos terminan… pero en la panza de la hembra, porque se los comen.
Así que, para evitar morir en el intento de fecundarla, lo que hace es desprenderse de uno de sus palpos, un órgano que transfiere esperma. Tal cual, se lo corta. El palpo se queda dentro de la hembra y lo más increíble es que sigue trabajando, por decirlo de alguna manera.
Como el palpo se queda adentro, se asegura de que ningún otro macho pueda penetrarla. Pero lo que más nos impresiona es que sigue fecundando a la hembra.
Ahora bien. Una no es ninguna, y esta araña macho viene equipada con dos palpos. Que tenga dos es sólo para arriesgarse una vez más por amor.
Esta araña, al perder uno de sus palpos, queda más ligera, y eso le permite rifarse mejor unos trancazos con otros machos para proteger a su señora araña.
*Con información de Live Science, ScienceDirect, y National Geographic.
