Bueno, ya estamos en medio de Semana Santa y para algunos tantos desafortunados, el final de mes sólo significó pagar deudas y ver su dinero irse tan rápido como llegó. Y no sólo eso, también representa una pérdida de tiempo al sacar ese dinero que desaparece de los cajeros y bancos, en los cuales tienes que hacer una fila enorme ante el cierre de todas las actividades. 

Sin dinero y con todos yéndose de paseo en estos días, lo más seguro es que por ahora sólo tengas una cara larga detrás de la ventana viendo cómo la gente disfruta de sus vacaciones bien planeadas… mientras tú no.Te entendemos, por eso hicimos una lista de cosas que pasan por tu cabeza cuando es Semana Santa y no tienes dinero:

1.- ¿Por qué a mí?

Yep. Sólo a ti se te ocurre quedarte sin dinero durante vacaciones y sólo a ti se te ocurre tener un trabajo donde no dan vacaciones. Todos salen con sus familias, amigos o parejas mientras tú te quedas en casa, con un calor de los mil demonios y en soledad. No hay nadie para echar la reta, ni las chelas, ni para lamentarse a tu lado. “¡¿Por qué?!“, gritamos con la misma intensidad con la que lo hizo Delfín Quishpe en “Torres Gemelas”.

2.- Esto no está pasando

La negación es el peor enemigo de cualquier persona, y más si esa persona es sensible y vulnerable como tú. Quedarte solo o sola en Semana Santa, funciona igual que una relación fallida en la que la otra persona tomó la decisión de irse. Primero llega la negación seguida de un sinfín de síntomas que pueden ser peligrosos. Todos están en la playa con un plato de mariscos deliciosos y tú con el atún (más soya que nada, dicen) guardado en una alacena que sientes reprocha tu presencia patética. 

3.- Odio a todos

Luego, como parte del proceso, indudablemente llega el odio, el odio generalizado, el odio que ha provocado tragedias en la humanidad. Odio por no tener dinero, odio por no tener vacaciones y odio al mundo porque son felices y disfrutan de su vida mientras tú te dedicas a pensar cómo ellos disfrutan de su vida… lo sabemos, es un círculo vicioso que no tiene fin ni escapatoria. Lo has pensado, nosotros también: “Ojalá las vacaciones de los demás se arruinen y no tengan nada bueno que contar a su regreso“. Shame on you!

4.- Ok, ¿en verdad es tan malo como parece?

Los mecanismos de defensa en el cuerpo son sumamente complejos e interesantes. El cuerpo crea anticuerpos para combatir las enfermedades de cualquier tipo, así como diseña estrategias mentales para hacerte sentir mejor cuando te enfrentas a un momento difícil como una ruptura amorosa o sentirte miserable por no salir de vacaciones cuando la ciudad está vacía.

Ese mecanismo funciona de distintas maneras, pero una de ellas es cuando te dices a ti mismo que las vacaciones son para los débiles y los whitexicans o que el dinero compra un boleto de avión pero no compra la felicidad. Sin embargo, caes en tus redes y… ¡sabes que quieres ese dinero, esas vacaciones, y esa felicidad comprada!

 

5.- El mundo apesta. Yo apesto. Todo el universo conspira contra mí

Llega un momento de pequeña claridad para ti. Y no es cuando descubres que las vacaciones no se van a ningún lugar y que siempre existe la posibilidad de tomar tus maletas y ser libre. Esa claridad se refleja cuando te das cuenta que la vida siempre ha apestado. Que no son las vacaciones, el trabajo tortuoso, tu expareja, ni la sociedad, sino toda tu vida. Eres una víctima del sistema que morirá bajo sus mismas garras. 

6.- Vendrán más vacaciones y, ésta vez, ahorraré y me iré fuera del país

Pobres losers todos los que se fueron a la playa. Yo juntaré más dinero y me iré a un país exótico donde nadie me conozca para vivir una vida nueva llena de aventuras con una mujer y hombre hermoso que sepa apreciar la verdadera belleza, piensas mientras nadas en una cama llena de dinero que, obvio, forma parte de tus fantasías.

Sabes que es poco probable, pero te deseamos la mejor de las suertes como cuando nuestra mamá, con la carcajada en la lengua, nos dio la bendición cuando decidimos dejar nuestro hogar en busca de independencia.