¿Por qué me interesa?
Dentro de la UNAM hay un lugar donde el desierto y el bosque se juntan entre rocas milenarias.
La Universidad Autónoma de México es muchas cosas. Es una de las mejores escuelas de nivel superior del mundo. Es un centro cultural en el que podemos escuchar conciertos, ir a exposiciones y ver películas. Es un referente de arquitectura y es la casa de un bosque absolutamente inadvertido; el de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel.
Además de ser un pulmón verde estupendo para el sur de la CDMX, este bosque representa un área protegida poco común, en la que coexisten varios climas y una enorme cantidad de especies vegetales y animales, y en la que se puede aprender sobre el relieve de la superficie terrestre, ya que esta zona se vio directamente influida por la explosión del Xitle hace al menos 1,600 años.
La reserva se ubica dentro del campus de Ciudad Universitaria, frente al CCU, a un lado del mítico Espacio Escultórico, en la Alcaldía de Coyoacán. Mide poco más de 237 hectáreas y está fragmentada en 41 polígonos, esto significa que no es un bosque continuo sino que, por el crecimiento urbano desproporcionado y por la intervención tardía de ecologistas, el ecosistema se tuvo que fragmentar en islas de roca.
Desde hace más de cuatro décadas y a pesar de las amenazas humanas, este bosque se ha mantenido en pie y hoy nos ofrece una escapada tranquila y sin prisa a la naturaleza, donde podemos disfrutar de senderos de árboles milenarios, paisajes áridos y verdes, al mismo tiempo, y un poco de aire puro que siempre le viene bien a nuestros pulmones. Para conocerlo no hay necesidad de salir de la ciudad y no hay que gastar en nada más que en un viaje de Metrobús.
Pero empecemos por el principio…
La historia de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel
De entre todos los bosques que hay en la CDMX, este destaca por una historia particular que empezó a contarse tras la dramática erupción del Xitle en el año 280 d. C. Un fenómeno sin precedentes que sepultó la Ciudad de Cuicuilco y creó un ecosistema único en el planeta.
Tras el evento, la lava basáltica fluyó durante varios años y calcinó toda la vegetación y la vida a su paso. De hecho, algunos geólogos sostienen que el fuego llegó a cubrir unos ochenta kilómetros, desde el Ajusco hasta las proximidades del lago de Texcoco. Después vino la calma y con los siglos surgió la vida.
Aunque muchos años se pensó que las tierras del sur de la ciudad eran casi estériles, José María Velasco, Diego Rivera y Luis Barragán promovieron su belleza, dando paso a una urbanización desmedida que afectó mucho al ecosistema. Primero se inauguraron los Jardines del Pedregal, después la Ciudad Universitaria y en la década de los setenta comenzaron a asentarse un buen número de casas irregulares.
Afortunadamente para todos, gracias a la labor incansable de un grupo de ecologistas y de estudiantes, en 1983 se decretó la creación de la REPSA con 124.5 hectáreas. Se trata de una isla protegida; en el tiempo se ha congelado y la vida nace de las grietas de las piedras porosas.
Hablemos del ecosistema
Aunque es un espacio algo desprotegido, la Reserva Ecológica del Pedregal es un verdadero oasis de la Ciudad de México que en 2026 comprende 237 hectáreas llenas de fauna y vegetación nativa que son la expresión máxima, no sólo del tipo de suelo rocoso sino de la presencia mixta de microclimas en la zona que milagrosamente fusionan espacios húmedos y fríos con superficies secas y expuestas al sol.
En total, el REPSA alberga casi mil tipos de animales, entre los que destacan: más de 800 ejemplares de insectos, por ejemplo, mariposas, arañas o escorpiones; 30 especies de mamíferos como la zorra gris, el tlacuache, conejos o murciélagos y una nutrida colección de reptiles cuya protagonista máxima es la víbora de cascabel del Pedregal.
En lo que se refiere a plantas, la lista es asombrosa. En la reserva viven 370 especies de flores, plantas y árboles. En una caminata nos encontramos helechos, musgos y líquenes, además de una gran variedad de bellezas propias del paisaje árido, como el palo loco, un arbusto milagroso que sólo florece cuando no llueve. Vale la pena destacar también la presencia de orquídeas endémicas, como la de San Ángel, solo una variedad que solo se ha visto al sur de la CDMX.
Recomendaciones para ir
Visitar la REPSA es algo así como una travesía necesaria para entender la belleza imposible de la CDMX. Además de ofrecernos una escapada rápida del estrés, la contaminación y el bullicio cotidiano, nos brinda la posibilidad de atestiguar el poético contraste entre piedra volcánica y naturaleza verde.
Aunque para proteger su biodiversidad la zona nuclear está restringida al público con fines de conservación, sí existen muchos lugares accesibles al público general que son perfectos para una caminata larga y para contemplar los pormenores del paisaje. Además, la UNAM ofrece algunas visitas guiadas con expertos que son completamente gratuitas y están sujetas a disponibilidad.
El acceso es a través del Espacio Escultórico y se puede llegar tanto en transporte público, bajándose en la estación del Metrobús Universidad, como en coche.
Dirección: Ario de La Cueva s/n, Centro Cultural Universitario, Ciudad Universitaria,
