¿Por qué me interesa?
Durante el amanecer y el atardecer cientos de miles de aves bailotean al lado de uno de los abismos más profundos del planeta.
México es un país sorprendente; no solo es dueño de una cultura única en el planeta, una gastronomía reconocida por la UNESCO, sino la casa de espacios naturales surreales que nos quitan el aliento por su magnificencia. Tal es el caso del Sótano de las Golondrinas, una cueva natural entre la densa selva de la Huasteca Potosina, ubicada en el municipio de Aquismón de San Luis Potosí.
Se trata de un abismo de dimisiones colosales que alcanza los 512 metros de profundidad, de la boca hasta el punto más bajo del fondo, y tiene una caída vertical de 376 metros, uno de los saltos al vacío más profundos del planeta. Solo para que nos demos una idea de su inmensidad, la Torre Eiffel mide 330 metros o la gran Pirámide de Guiza alcanza 146.5 metros de altura, casi tres veces menos.
Al adentrarnos en la naturaleza tupida de la región, a poco más de una hora de la ciudad más cercana, llegamos a un espacio difícil de imaginar, un portal en forma elíptica con un diámetro pequeño de poco más de 60 metros que casi parece inofensivo. No obstante, esta boca de la cueva es engañosa, ya que basta solo asomarse al borde para encontrarse con un vacío oscuro plagado de muros de roca con formas raras.
Y es que el Sótano de las Golondrinas es mucho más que un agujero interminable; es casi un monumento subterráneo esculpido por la naturaleza, un pozo interminable que explica las complejidades del suelo y nos invita a repensar que lo que hay debajo de nuestros pies es la casa de cientos de miles de especies que no necesitan la luz para vivir.
Una joya de la geología
Según una serie de estudios, tanto de la espeleología como de la geología, el origen del Sótano de las Golondrinas se remonta a millones de años, cuando la región de la Huasteca Potosina era un fondo marino repleto de vida, y poco a poco los fósiles de corales, conchas y organismos diminutos se acumularon hasta formar una colosal capa de tierra caliza de cientos de metros de espesor.
Cuando el océano se retiró y la corteza terrestre se elevó, toda esta acumulación de sedimentos dio lugar a la aparición de gigantescos bloques de piedra caliza que formaron lo que hoy conocemos como la Sierra Madre Oriental.
Entre las montañas de roca caliza permeable, el agua de lluvia se filtró durante millones de años gracias a las grietas de los muros, disolviendo los minerales en el interior y carcomiendo la piedra. El desgaste generó algo así como una burbuja subterránea cuyo techo colapsó y abrió el espacio de la caverna.
Las aves y el abismo, una historia de amor
Además de la majestuosidad del abismo, El Sótano de las Golondrinas nos ofrece 285 hectáreas protegidas en las que coexisten el clima y hábitat de dos ecosistemas diferentes. Por un lado, hay una selva exuberante y, por otro, un bosque de niebla; este contraste hace que en el camino nos encontremos con árboles colosales como la ceiba y una espectacular colección de animales, algunos endémicos.
Sin embargo, lo que más llama la atención de este sitio es la gran cantidad de aves que viven en el abismo. Según los expertos, esto se debe a tres factores relacionados con su profundidad: es un espacio libre de depredadores terrestres, las grietas de la cueva ofrecen la posibilidad de establecerse y reproducirse y la piedra caliza llama insectos que son el alimento perfecto.
Entre todos los pájaros del sótano, destaca la presencia de los vendejos, una especie muy parecida a las golondrinas, que en las mañanas salen en bandada y en espiral de la cueva en busca de alimento y al atardecer regresan a resguardarse. Casi sin querer ofrecen un espectáculo que es casi una poesía en movimiento, porque existen pocas cosas tan asombrosas que ver como un ave de cuello blanco danzar en la indemnidad de los cielos anaranjados del lugar.
¿Cómo visitar el Sótano de las Golondrinas?
Llegar a este monumento natural no es sencillo; si nos vamos en coche, el trayecto puede durar poco más de nueve horas si viajamos desde la Ciudad de México, por lo que es recomendable primero manejar hasta la capital de San Luis Potosí para descansar y ya luego planear un segundo trayecto rumbo a Ciudad Valles.
Una vez que encontramos este punto en la sierra, hay que considerar que el espectáculo de las aves está completamente alineado con el sol, por lo que o planeamos una visita matutina a eso de las 5:00 am o bien arribamos hasta el atardecer a eso de las 16:00 horas. Es importante tener en cuenta que, si el día está nublado, los vendejos simplemente no saldrán, así que es altamente recomendado ver el clima.
La tarifa para entrar a esta zona de la biósfera protegida es de $30, más el costo de las actividades que queramos realizar adentro, como la asistencia de un guía que nos cuente la historia del lugar, pero que también nos recuerde las reglas para no importunar a la fauna: como guardar silencio absoluto, acercarnos de forma segura al abismo y no tirar basura.
