Lo que necesitas saber:
Entre los barrios más antiguos y arraigados de la capital mexicana está el de la colonia Peralvillo, un lugar que conserva su identidad a través de los siglos.
La CDMX se conforma por diferentes lugares llenos de tradición. Uno de sus barrios más arraigados y también uno de los más antiguos es el de Peralvillo, ubicado al norte del Centro Histórico. Es una de las zonas más tradicionales de la capital mexicana, con una identidad llena de altibajos desde los tiempos coloniales.
Peralvillo tuvo su época de esplendor con quintas y mansiones. El primer hipódromo de la ciudad se construyó en sus terrenos y era un lugar muy visitado por la socialité, aunque la zona también estaba enfocada a la vida popular y a las familias de clase media. Con el tiempo se convirtió en un barrio tradicional habitado por familias trabajadoras en grandes vecindades.
Hoy conocido como “el orgullo de la barriada”, Peralvillo forma parte de la colonia Morelos, así como los barrios tradicionales de Tepito y La Lagunilla. Actualmente atraviesa por un proceso de renovación y su gran cantidad de vecindades tradicionales son sustituidas por nuevos proyectos habitacionales. Aquí algo de su historia y sus costumbres.
Uno de los barrios más antiguos de la Ciudad de México
Conocido en la época prehispánica como Atenantitech, que significa “bordo o cerca de piedra”, el lugar pertenecía a la ciudad de Tlatelolco y durante los primeros siglos de la colonia estuvo ocupado por grupos indígenas y mestizos que quedaron marginados de la sociedad y desde entonces fue considerado como un lugar pobre y violento.
Más tarde, al lugar se le llamó Santa Ana Atenantitech, ya que ahí se construyó una ermita dedicada a Santa Ana de Nazaret que era muy visitada por los monjes franciscanos de Tlatelolco. El barrio sufrió las consecuencias de la gran inundación de 1629, con lo que gran parte de sus construcciones quedaron destruidas.
La iglesia y la plaza de Santa Ana son de los lugares más icónicos del barrio y tienen sus orígenes en el siglo XVI. El lugar era la puerta norte de la antigua ciudad y en el siglo XVIII, se ubicó ahí una de las garitas o aduanas que servían de protección para la capital de la Nueva España. Más hacia el norte había llanos y comenzaba el camino hacia la Villa de Guadalupe.
El florecimiento de Peralvillo
El lugar recibió el nombre de Peralvillo en el siglo XVIII. No hay un origen exacto sobre por qué se le dio ese nombre que posiblemente hace referencia a una zona específica de España. Durante esos tiempos la Garita de Peralvillo hizo que la zona se repoblara gracias a la actividad originada por el cobro de impuestos a las mercancías que entraban a la ciudad, principalmente el pulque que llegaba de Tlaxcala y el Valle de Apan, conocido como la “altiplanicie pulquera”.
Aunque se le consideraba como un barrio marginal, para los tiempos del porfiriato el lugar tuvo más importancia gracias a la construcción de pozos hidráulicos que sirvieron para abastecer la zona. En sus terrenos se abrieron fábricas como la Fundidora Talleres El Coro o el taller de vitrales de Claudio Pellandini, los que servían para decorar los salones y palacios de la ciudad.
Asimismo, ahí se estableció el primer hipódromo oficial de la ciudad, que funcionó entre 1882 y 1910 y sirvió como un punto de encuentro para la alta sociedad de la época al competir con el Hipódromo de la Condesa. Se levantaron grandes casonas y en 1884 el arquitecto Antonio Rivas Mercado construyó una mansión para el presidente Manuel González, muy cerca del hipódromo y la estación del tren de Santiago Tlatelolco.
El siglo XX y la actualidad
Después del paso de la Revolución Mexicana, Peralvillo se convirtió en una colonia más de la ciudad en 1926, durante la presidencia de Plutarco Elías Calles. Aunque en el lugar hay varios edificios históricos como la casa de Mariano Matamoros y la de Jaime Nunó, en la que cuentan que se escribió y se compuso el Himno Nacional, Peralvillo quedó excluido de la declaratoria del Centro Histórico de la Ciudad de México y de la de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO de los años 80.
Hoy mantiene sus aires de barrio junto con Tepito y La Lagunilla. Su garita, también conocida como “Aduana del pulque” conserva su fachada de estilo barroco y se le declaró como monumento nacional en 1931. Actualmente aloja el Museo Indígena Antigua Aduana de Peralvillo. Con las obras de la construcción del Paseo de la Reforma de 1964 sufrió muchas modificaciones.
La colonia Peralvillo y su vecina la Ex-hipódromo de Peralvillo, de la alcaldía Cuauhtémoc, son conocidas por sus comercios de venta de autopartes y tienen una reputación de violencia e incidencia delictiva. Peralvillo también forma parte del “barrio bravo” de Tepito, aunque se va modernizando. Sus calles llevan el nombre de compositores y músicos mexicanos como Juventino Rosas o Felipe Villanueva.
Un barrio histórico y tradicional
La colonia tiene una identidad auténtica y entre sus lugares emblemáticos tenemos la Iglesia y plaza de Santa Ana, la Casa de la Música Mexicana, su antigua garita o la Galería José María Velasco, entre otros edificios históricos. Su casa más antigua, construida en 1713, está en el número 15 de la calle de Peralvillo. Aunque se le considera como un barrio violento, es uno de los más antiguos e históricos de la capital.
Peralvillo también fue escenario de películas mexicanas como Los Fernández de Peralvillo, de 1954, o la famosa Los Beverly de Peralvillo, de 1981, que siguen el estilo de vida de la zona y también ha sido inspiración de crónicas y relatos. Entre otros lugares tradicionales están el Mercado Beethoven y el de San Joaquín, así como el parque popular Cuatro Vientos y la Parroquia de la Santísima Trinidad.
