Lo que necesitas saber:
El pueblo lacandón es sinónimo de resistencia, desde los tiempos de la conquista permaneció en la selva chiapaneca y así conservó la mayoría de sus tradiciones.
La Selva Lacandona está ubicada en el estado de Chiapas y en ella habitan jaguares, guacamayas, monos saraguatos y otras especies fabulosas de animales y plantas. Los lacandones son sus habitantes principales, un pueblo enigmático conocido por preservar gran parte de su cultura ancestral a través de los siglos. Aquí tenemos algo sobre la mítica historia de esta comunidad, así como algunas de sus curiosidades.
Los lacandones son los guardianes de esta selva, considerada como la más grande de todo México. Su cosmovisión se basa en un respeto profundo por la naturaleza, con la que mantienen un contacto espiritual cada día de sus vidas. Son descendientes de grupos mayas que se mantuvieron aislados durante la colonia y gracias a esto conservaron sus tradiciones hasta nuestros días.
En su lenguaje, se llaman a ellos mismos Hach Winik, que significa “verdaderos hombres”, y tanto sus hombres, mujeres, niños y niñas se distinguen por su vestimenta tradicional, que consiste en largas túnicas blancas llamadas xikul, hach nok o cotón, que han conservado a lo largo del tiempo para mantener su identidad.
Una cultura ancestral de la selva chiapaneca
En la actualidad conservan sus propias deidades y antes de cultivar un campo consideran necesario recibir su permiso y creen que el mundo está sostenido por cuatro ceibas sagradas, ubicadas en los puntos cardinales. Para los lacandones, todas las criaturas de la selva entonan las canciones secretas de los dioses viejos, y cada uno de estos entes es una deidad maya de la naturaleza y la creación.
Entre estas divinidades están: Hachakyum (Nuestro Verdadero Señor), creador de la tierra y de los hombres, su esposa Ak Na’ (la luna, madre universal y protectora de las mujeres), Metzabok (hacedor de lluvias y truenos), Kisin o Sukukyum (señor del inframundo) y Känän K’ax (protector de la selva). El panteón de los lacandones es extenso y jerárquico.
Su comunidad se asienta principalmente en el municipio de Ocosingo, dentro o en los alrededores de la Reserva de la Biósfera Montes Azules y en diferentes comunidades como Nahá, Metzabok o Lacan-ha Chan Sayab. Los lacandones descienden antiguos grupos mayas de la región de Yucatán y de la región del Petén guatemalteco. Hoy en día conservan su lengua y tradiciones.
Un pueblo en constante resistencia
Actualmente se calcula que existen alrededor de mil 500 lacandones, cifra que se considera en recuperación, ya que a mediados del siglo XX este pueblo quedó casi extinto por factores como enfermedades infecciosas que llegaron del exterior, el aislamiento extremo, la presión de la colonización y la invasión de madereros en su territorio.
Este pueblo sobrevivió a la colonización gracias a que se refugió en lo profundo de la selva chiapaneca en pequeñas comunidades con un estilo de vida semi nómada. Son conocidos por su decisión de vivir en resistencia, lejos de imperios, conquistadores y civilizaciones, siempre fieles a la voz de sus dioses y antepasados.
A mediados de 2025 se dio la noticia de que un proyecto dirigido por arqueólogos norteamericanos y japoneses identificó la última ciudad oculta de los lacandones, conocida como Sak-Bahlán o “tierra del jaguar blanco”, que, aunque en 1695 fue descubierta y sometida por frailes y soldados españoles, permaneció escondida por varios siglos hasta este reciente hallazgo.
Especialistas del INAH señalaron que en ese lugar los lacandones mantuvieron su independencia después de que su capital, Lacam-Tún (“Gran Peñón”) fuera tomada por los conquistadores en 1586. El sitio de Sak-Bahlán ahora está inscrito por el INAH en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas e Históricas.
Sus costumbres y tradiciones
La comunidad lacandona como tal tuvo su origen como un grupo mestizo de diferentes culturas mayas desde el siglo XVI o XVII. Se establecieron en la Selva Lacandona para escapar de la colonización y en su territorio están el río Usumacinta, el río Lacantún y el río Salinas. Consideran al jaguar y al cocodrilo como animales sagrados y a los murciélagos como seres que hacen música y tienen ritos propios.
Mantienen una cultura basada en la protección ancestral de la naturaleza. Queman copal para sus dioses, producen artesanías y sus tradiciones no les permiten cazar animales en exceso, quemar árboles o tener ganado para sobrevivir. Viven en grupos de familias extendidas de entre 6 y 15 individuos y tienen una estructura social basada en la autoridad del hombre de mayor edad.
Realizan rituales como la Danza del Maíz y su cultura la transmiten de forma oral de padres a hijos. Usan el lacandón, su propio lenguaje, y algunos de sus niños combinan la educación tradicional lacandona con la educación escolar moderna.
En sitios como Lacanjá Chansayab, área cercana a Bonampak, promueven el ecoturismo para preservar su cultura. Dentro del área en la que habitan también está la antigua ciudad de Yaxchilán.
Un pueblo unido a la naturaleza
En la Selva Lacandona también habitan otros pueblos como los tzeltales, tzotziles y choles. Los lacandones son una etnia muy particular que desde siempre han considerado a la selva como su hogar y así defienden su libertad.
Los lacandones continúan resistiendo ante el avance del mundo y la modernidad, mantienen la veneración a sus dioses, la unión profunda con la naturaleza, su fe, sus típicos atuendos y sus cabellos largos.
