Cuando algunos funcionarios públicos en México responden a acusaciones de corrupción con el famoso “pero el PRI robó más”, están aplicando una forma de whataboutism o ¿y qué me dices de…?, una manera particular de responder a un tema específico desviando la conversación hacia otro.
Les queremos hablar del whataboutism porque es una técnica retórica que cada vez abunda más en redes sociales, sobre todo con tantos conflictos apareciendo en todos lados y sobre los cuales todos tienen una opinión.
Así que esto es para evitar que caigas en uno o te conviertas en el compa que aplica el whataboutism por falta de argumentos.

¿Qué es el whataboutism?
El whataboutism es una falacia relacionada con el famoso tu quoque, que en latín significa “tú también”. El término en inglés viene de la expresión what about…?, que es ¿y qué hay de…?, y el sufijo ism, que alude a una práctica o acción.
En pocas palabras, es irse por la tangente. Consiste en responder a una opinión, argumento o acusación introduciendo otro tema para desviar la discusión original o señalar una supuesta hipocresía del emisor.
Por ejemplo: en redes sociales publicas un post sobre la crisis humanitaria en Gaza. Alguien te comenta: “¿Y lo que sucede en Sudán no te importa?”.

Son dos crisis humanitarias distintas y hablar de una no obliga, por sí mismo, a hablar simultáneamente de la otra. La respuesta no aborda lo que dijiste originalmente, sino que señala una supuesta hipocresía con el objetivo de decacreditar a la persona que habla.
Entonces, si hablas de Gaza porque es una causa sobre la que quieres pronunciarte, el receptor responde que, si hablas de eso, tendrías que hablar también de Sudán. Y como no lo haces, intenta convertir esa “omisión” en un argumento contra lo que dijiste originalmente sin hablar directamente de lo que dijiste originalmente.
El whataboutism puede trasladar la discusión del tema hacia la persona. El asunto que se puso inicialmente sobre la mesa queda relegado y el emisor termina defendiéndose de la acusación de ser hipócrita.
Sin embargo, tiene truco. Y el whataboutism también puede utilizarse para distraer sin crear un ataque personal.

No es taaaan nuevo como pensamos
La táctica es mucho más vieja que el término whataboutism. Su relación con la falacia tu quoque viene de una larga tradición de argumentación desde la Grecia antigua, pero la palabra que utilizamos actualmente también tiene su propia historia.
Se hizo conocida como una estrategia de propaganda de la Unión Soviética: cuando los acusaban de violar los derechos humanos de sus ciudadanos, la respuesta era señalar pero los abusos cometidos por países occidentales.
El objetivo nunca era responder a la acusación original, sino mover la discusión hacia lo que el enemigo hacía o no hacía. Y eso, a su vez, promovía que la conversación se centrara, casi casi, en quién había sido peor o mejor.

Uno de los antecedentes directos del término apareció durante la década de los 70, específicamente durante The Troubles en Irlanda del Norte, un periodo en el que unionistas y nacionalistas se enfrentaron de manera violenta, con la participación de grupos paramilitares y fuerzas británicas. AQUÍ les explicamos bien todo ese periodo histórico.
En 1974, dos años después del conocido Bloody Sunday, The Irish Times publicó una carta del historiador Sean O’Conaill en la que llamó “Whatabouts” a quienes respondían a las condenas contra el IRA Provisional señalando primero las acciones del “enemigo”.
Tres días después, el periodista John Healy retomó la expresión y habló de Whataboutery: responder a una injusticia señalando otra hasta terminar atrapados en una competencia sobre cuál de ellas era peor. Y él dijo que la realidad es que personas de ambos bandos morían todos los días.
La palabra whataboutism, como tal, apareció documentada unos años después, en 1978 en una supuesta publicación de The Guardian (pero no encontramos la fuente directa).

Un ejemplo reciente de whataboutism
Hace unas semanas volvió a tomar fuerza la historia de una exestudiante de Cornell que presentó una demanda contra la universidad y siete antiguos miembros de la fraternidad Chi Phi.
La demandante alega que en octubre de 2024 fue drogada y agredida sexualmente durante varias horas por integrantes de la fraternidad. La demanda también incluye mensajes enviados en un chat de la fraternidad durante esa noche y sostiene que uno de ellos invitó a otros miembros a participar.
En 2024 no se presentaron cargos penales. Cornell realizó por separado una investigación bajo el Título IX que terminó con algunas expulsiones y suspensiones. La demanda sostiene que algunos de los estudiantes pudieron presentar ensayos para mitigar sus sanciones, mientras que Cornell rechaza que escribir un ensayo haya sido la única consecuencia impuesta a cualquiera de los involucrados.
La demanda presentada en septiembre de 2026 puso el caso bajo la mirada pública, y la fiscalía reabrió la investigación criminal.
Desde luego, el caso ha dado mucho de qué hablar sobre la respuesta de las universidades frente a las denuncias de violencia sexual como un reflejo de las estructuras de justicia de Estados Unidos.
Varias figuras de Hollywood levantaron la voz como Florence Pugh y Josh Gad, por ejemplo. Otro fue Paul Walter Hauser, quien después de publicar un comunicado, mostró cómo las respuestas a su post inicial lo señalaban de no hablar del caso de Lindsay Clancy: ¿y por qué no fuiste tan vocal y hablaste de este otro caso?
El objetivo es trasladar la discusión del caso original hacia quien emitió la declaración: qué tan hipócrita es por hablar de un tema y no de otro. Pero que alguien no se pronuncie sobre todos los problemas existentes no demuestra, por sí mismo, que aquello que dijo sobre uno de ellos sea falso.
Ese no es el truco del whataboutism. Es la trampa, y muchos han caído de un lado y del otro.

