Casual: un técnico limpia un sintetizador antiguo y se da un viaje de LSD

En el mundo de la música, se dice que a veces las drogas vienen solas y que hay ocasiones en que aparecen en lugares inesperados, como le pasó a Eliot Curtis, quien al estar limpiando un viejo sintetizador se aventó un viaje de nueve horas con LSD. ¿Qué?

Pero, ¿cómo fue que al pobre le pasó esto? Pues resulta que Curtis tomó como proyecto personal restaurar un sintetizador modular marca Buchla modelo 100 vintage. Según la KPIX 5 de San Francisco, el instrumento había estado desde la década de los 60 en una habitación fría y oscura en la Universidad Estatal de California en East Bay; por lo que decidió darle una nueva vida, lo llevó a casa y comenzó a repararlo.

Todo iba de maravilla, hasta que después de abrir un módulo de paneles rojos en el sintetizador, notó que había una costra o un residuo cristalino en él. Y claro, él hizo lo que cualquier persona encargada de arreglar un instrumento viejo haría; rociar un poco de limpiador en él, pasar el residuo por sus dedos, e intentar quitarlo raspándolo. Pero 45 minutos después, comenzó a sentir un hormigueo en el cuerpo. Ese fue el comienzo de un viaje ácido que para Eliot fue eterno. 

Tras hacer tres pruebas químicas, identificaron la sustancia en el sintetizador como LSD, y un investigador anónimo del ácido explicó lo sucedido. Resulta que cuando se almacena en un lugar fresco y oscuro, la droga puede permanecer potente durante décadas. Además de eso, hay pruebas escritas de Albert Hoffman, la primera persona en ingerir LSD, en los que afirmaba que la sustancia podía ingerirse a través de la piel. Se lo hubieran dicho antes al señor Curtis. 

Y a estas alturas se preguntarán, ¿qué estaba haciendo LSD en el instrumento? Pues nadie lo sabe bien, pero hay muchas teorías. Don Buchla, el inventor del instrumento, era parte de la contracultura de los años 60 en general, y uno de sus sintetizadores terminaron en un viejo autobús escolar comprado por el defensor del LSD, Ken Kesey en 1966; además se dice que cuando Kesey probaba un ácido nuevo, utilizaba los sonidos que salen del instrumento para “dejarse llevar”

Otra teoría apunta a la amistad que tenía Buchla con Owsley Stanley, el ingeniero de sonido de Grateful Dead. Más allá de ser el encargado de auxiliar a la banda en el estudio, era fabricante de una mezcla pura de LSD.

Aquellos que buscan una experiencia similar tendrán que buscarla en otro lado, porque cuando a Curtis se le pasó el trip, terminó de limpiar el sintetizador; claro, esta vez se aseguró de usar guantes.