Lo que necesitas saber:

Inició en los 90 grabando en cintas caseras bajo el pseudónimo de Smog. Pionero del género lo-fi, Bill Callahan ahora es un músico más refinado y con una lírica espectacular.

Hablar de Bill Callahan es hablar de uno de los mejores compositores de Estados Unidos. Así de fácil. Bien pudo haber sido novelista, de hecho escucharlo a veces parece estar dentro de un relato de Raymond Carver: letras sencillas, pero penetrantes, en las que se mezcla lo cotidiano con lo trascendental. De ésas que no te puedes sacar nunca de la mente.

Y así como Carver, aunque en sus relatos parece abrirse por completo, siempre queda un distanciamentio. Pero eso poco importa (a veces). De 58 años, Callahan –considerado estandarte de la música clasificada como lo-fi– acaba de sacar su nuevo disco, My Days of 58, en el que rompe ese aparente hermetismo y habla de su roce con la muerte: diagnosticado con cáncer (ya controlado, dice) ha escrito canciones en las que aparece Lou Reed como la figura que lo recibe en el cielo… 

Bill Callahan / Foto: facebook.com/bathyspheral (sin crédito)

“Por muy horrible que haya sido, como el mayor reflejo de mi mortalidad que he tenido delante, me dio algo sobre lo que escribir”, comentó en entrevista con Pitchfork… pero bueno, quizás estamos hablando mucho de alguien a quien muchos desconocen. Y qué mejor forma de conocerlo que por medio de sus canciones.

“Rock Bottom Riser”

Bajo el pseudónimo de Smog (que inicialmente parecía banda, pero a final acabó siendo proyecto personalísimo) Bill Callahan echa sobre unas notas hipnóticas una letra penetrante. Tanto como su voz.  Una obra maestra de 5:44 minutos en la que el narrador cuenta cómo salió de las profundidades en que se encontraba. “Amo a mi madre, amo a mi padre, amo a mis hermanas también”, dice, pero más adelante tunde aceptando: “Dejé a mi madre, dejé a mi padre, dejé a mis hermanas también”. Confesional, hiriente.  Todo lo que puede ser Callahan y más. Acompañado de la gran Joanna Newsom, por si faltaba algo.

“I Was a Stranger”

“Uffffffff”, es lo único que se puede atinar a decir al escuchar las primeras notas del piano de esta canción. Y el escalofrío se siente cuando el resto de los instrumentos se suman para crear el ambiente de western melancólico en que flota la canción: el sujeto aislado, solitario en un pueblo extraño… más bien, él siendo el extraño en el pueblo y no por ser un reciente llegado. ¿Sentimiento de culpa de saberse no merecedor de la confianza recibida? ”Debían haber visto lo que era / si yo era un extraño / era peor que un extraño / era conocido”, dice y la guitarra slide remarca el reproche. 

“No Dancing”

Retumbante canción que forma parte de su aclamado (pero con portada horrible) álbum Knock Knock, un disco descrito como una lista de “canciones para manejar de Prosperity a Chicago”… siendo Prosperity el lugar donde vivió con Chan Marshall (sí, con Cat Power). Así que ya se imaginarán por dónde va la letra. “Hay mucho sobre mudarse y viajar (…) La mayoría de los adultos dejan morir eso”. En “No Dancing” (así como en muchas otras del disco) mete mano el genial Jim O’Rourke y eso ya es una garantía. 

“Javelin Unlanding”

En la vena de “Hey, That’s No Way To Say Goodbye” de Leonard Cohen… pero sólo por fugaces  evocaciones iniciales. Lo de Bill Callahan es ya muy propio: desde su inmutable voz y persona, hasta lo divertido que llega a ser musicalmente (y también visualmente, en este caso) y eso se nota en esta canción que es tan árida como juguetona… como “Lover, Lover, Lover”  del mismo Cohen (pero en su versión del Field Commander Cohen). Una joyita del maravilloso disco Dream River.

“Coyotes”

Esta canción viene del del 2022, pero mejor escucharla en su versión del disco en  vivo, Resuscitate!, para alcanzar a sentir un tantito de lo que es Bill Callahan arriba del escenario. “Sensacional”, “Intenso”, “Despellejante”, “ es poco para describir los casi 13:00 minutos de esta canción. Escrita a partir de vivir en una colina en la que los coyotes eran siempre una presencia, Callahan llegó a una reflexión en la que la línea entre depredador y presa es borrosa, así como la del pasado y futuro, juventud y vejez, realidad y sueño. “Vidas actuales miran a las pasadas como perros dormidos. Y el amor lo abarca todo, por eso el sentimiento es tan profundo, más profundo que una vida”.

Hola, soy Álvaro. Estoy en sopitas.com desde hace algunos años. Todo ha sido diversión, incluso las críticas de los lectores. La mejor de todas: "Álvaro Cortés, córtate las manos".

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