Lo que necesitas saber:
Te contamos lo que debes saber soba la música microtonal, a propósito de la irrupción dede Angine de Poitrine.
Vaya relajo armó Angine de Poitrine con su irrupción repentina en redes sociales. Con lo que sabemos de la banda, y que te contamos por acá, nos clavamos en su sonido, que se mueve entre el math rock, un funk atípico y música microtonal.
Todavía sería exagerado decir que el dúo formado por Klek y Khn es un producto de radio o que mañana mismo van a llenar estadios, pero el fenómeno ha puesto sobre la mesa una conversación bastante intrigante: la de la música microtonal.
Dentro de todo lo bueno que ha traído ese ruido está la frescura de escuchar una propuesta que mezcla funk, rock matemático, psicodelia y microtonalidad con compases raros, grooves retorcidos y melodías que te hacen sentir una mezcla muy específica de morbo y placer. De esas veces en que el oído pregunta: “¿Qué estoy escuchando y por qué me gusta tanto?”. Angine de Poitrine no inventó algo desde cero, por supuesto, pero sí está retomando una tradición viejísima para volverla memeable, emocionante y hasta adictiva.
Por eso, aquí van 5 claves para entrarle a la música microtonal para iniciarse en ese mundo, y entender por qué se siente tan extraña… y tan atractiva.
¿Qué es la música microtonal?
La manera más sencilla de explicarlo es esta: la música microtonal usa intervalos más pequeños que el semitono al que estamos acostumbrados en la música occidental. En los modos más comunes de Occidente, una octava está dividida en 12 pasos iguales (do, re, mi, etcétera, con sus semitonos). La microtonalidad, en cambio, explora lo que existe entre esos escalones. Es decir: no sólo va en las notas “adecuada”, sino también de todos esos pequeños matices que pueden vivir en medio. Aquí la definición sencilla y muy juguetona de Jacob Collier (a quién entrevistamos por acá):
Esto viene con una aclaración importante: aunque suene futurista o “experimental”, la idea no nació con el rock progresivo de Frank Zappa ni con un guitarrista con demasiadas pedaleras. Varias tradiciones musicales de Asia y Medio Oriente llevan siglos trabajando con notas más diversas que las que permite el piano occidental. En la música clásica india, por ejemplo, la noción de sruti o shruti se refiere al intervalo mínimo perceptible.
Por eso, cuando alguien escucha por primera vez una melodía basada en estos sistemas, puede sentir que “algo no encaja”. Pero no necesariamente está desafinado: más bien está operando con otra lógica. Es como descubrir que entre azul y verde no sólo existe el turquesa, sino una gama entera de tonos que nunca te habías detenido a ver.
¿Qué nos intriga tanto de la microtonalidad?
La respuesta corta: porque rompe nuestros moldes auditivos. Nuestro cerebro está muy acostumbrado a resolver estructuras, melodías y armonías con base en patrones que lleva años oyendo. Los Beatles lo hicieron canon: verso, verso, coro, verso, puente, coro. Esas fórmulas las llevamos escuchando toda nuestra vida, entonces cuando algo cambia, el cerebro reacciona.
La música pop, el rock, el bolero, el reggaetón o los himnos nacionales trabajan, con diferencias obvias, sobre una idea relativamente estable del tono. Cuando aparece algo que se sale de esa idea, la cabeza se inquieta. Y justo ahí entra lo atractivo de la microtonalidad.
La microtonalidad provoca una sensación rara porque nos saca de la zona de confort. Cuesta más anticipar hacia dónde va una melodía, cuesta más tararearla, y a veces hasta cuesta decidir si algo nos incomoda o nos fascina. Pero esa dificultad puede volverse placer: la escucha deja de ser automática. Ya no estás consumiendo una canción como fondo; estás siguiendo compás tras compás.
La popularización de la microtonalidad más allá de la academia musical
Aunque mucha gente asocia la microtonalidad con compositores de conservatorio, partituras imposibles o instrumentos que parecen sacados de un laboratorio, desde el siglo XX varias figuras occidentales la divulgaron fuera de esos círculos. Harry Partch, por ejemplo, diseñó sus propios instrumentos y desarrolló un sistema de 43 tonos por octava; Julián Carrillo, el compositor mexicano, también dedicó buena parte de su obra a explorar divisiones cada vez más finas del tono.
Ya en terrenos más cercanos al rock y a la música popular, la microtonalidad empezó a filtrarse como una herramienta estética más que como una base filosófica. Ahí entra el caso clarísimo de King Gizzard & The Lizard Wizard, que en 2017 lanzó su Flying Microtonal Banana, construido a partir de instrumentos modificados para trabajar con afinaciones microtonales. Ese álbum fue decisivo para acercar esta idea a una audiencia rockera mucho más amplia.
La microtonalidad irrumpió de un mundo más intelectual al mundo de lo mainstream, y demostró que no hace falta entender toda la teoría para sentir cuando una canción se sale del guión sonoro de forma atractiva.
Algunos proyectos que le deben todo a la microtonalidad
Aquí ya hablamos de bandas cuya razón de ser es la microtonalidad, no fue un experimento ni una “fase”, sino que su identidad sonora se debe a intervalos raros.
Si buscas proyectos que sí le deben su identidad a la microtonalidad, te dejamos algunos que sí o sí debes escuchar. Jacob Collier es uno de los maestros de la microtonalidad. El músico que comenzó con covers en múltiples capas a capella, lo hace tan fácil que puedes inclusive pasarlo por desapercibido. De pronto, te encuentras con que llevas horas escuchándolo:
Catler Bros construye su lenguaje desde guitarras de 64 tonos y fretless, así que la microtonalidad es la base fundamental del proyecto.
En la parte más pesada y experimental pasa algo parecido con Jute Gyte y Cryptic Ruse: el primero trabaja con guitarras modificadas para sistemas como 24-tone equal temperament, mientras que el segundo se define como un proyecto de metal experimental de donde se usan afinaciones microtonales en prácticamente todos sus discos. Y un caso intermedio pero muy bueno es The Mercury Tree, cuya propia banda explica que encontró en el 17-EDO un sistema que realmente funcionó para su música.
Aquí es dónde entra Angine de Poitrine, desde otro rincón y con otro humor, la convirtió en motor de un sonido que mezcla loops hipnóticos, ritmos fracturados y un instrumento doble modificado para tocar en 24-TET, es decir, con cuartos de tono. Es el corazón del proyecto.
La actualidad de la microtonalidad y su futuro
La microtonalidad vive un momento bastante curioso: sigue siendo de nicho, pero ya no está escondida. Un dato bastante divertido es que hay mucha música microtonal en uno de los espacios más juguetones: la música de videojuegos. Entonces, realmente, lo microtonal sí nos rodea, pero no nos damos cuenta.
Lo emocionante de los angina de pecho (su significado en español), es justamente, que nos recordaron algo de lo divertido de retar las reglas, y quizás estemos ante uno de esos eventos que detonan el surgimiento de otras bandas más nuevas y más incómodas.
Los geniales King Gizzard and the Lizard Wizard lanzaron experimentos microtonales y también ayuda que hoy existan más herramientas para explorar estas afinaciones: luthiers que adaptan instrumentos, software que permite afinar con precisión distinta a la estándar y audiencias mucho más abiertas a la rareza que hace veinte o treinta años.
Eso es lo que hay que agradecer: la microtonalidad ya no es sólo una curiosidad para académicos. Sigue siendo un territorio exigente, sí, pero cada vez más gente está entrando por la puerta.
