Andrew Lloyd Webber reconoce a Roy Orbison como el compositor más original de todos los tiempos por "In Dreams".

Lo que necesitas saber:

Andrew Lloyd Webber reconoce a Roy Orbison como el compositor más original de todos los tiempos por "In Dreams".

Antes de “Paranoid Android”, “Bohemian Rhapsody” y cualquier otra canción de pop o rock que se les ocurra que cuente con una estructura episódica, estuvo “In Dreams” de Roy Orbison. Una canción que, en dos minutos y cincuenta segundos, narra todo un viaje onírico dividido en varios movimientos.

Compuesta en 1963 por el gran Roy Orbison, “In Dreams” es un caso demasiado inusual para la música de su época: se trata de una canción calificada como una “pequeña balada operística” por su estructura única. Irrepetible en todo sentido pero, refiriéndonos a su composición, por no recurrir al clásico verso-coro-verso.

Roy Orbison, “In Dreams” / Foto: facebook.com/royorbison

“In Dreams”, obra de un compositor sofisticado y misterioso

Roy Orbison, a quien millones asocian con la canción “Oh, Pretty Woman”, nació en abril de 1936 en Texas. Poseedor de una voz por demás distintiva, a los 20 años firmó con Sun Records, donde no destacó mucho, ya que la disquera trataba de asemejarlo a Elvis Presley. La cosa cambió cuando se mudó a Monument Records, donde se le permitió desarrollar un estilo propio, cuyo ejemplo máximo es “In Dreams”.

K.D Lang, quien grabó con Orbison una versión de “Crying” (otra de sus grandes rolotas) lo recuerda como un hombre que rompió con el estereotipo del músico de los años 50: suave, refinado, elegante, misterioso… y poseedor de un falsete envidiable que le gustaba presumir.

A su llegada a Monument Records, Roy Orbison cambió el rockabilly por baladas sofisticadas e introspectivas, la mayoría de ellas confesionales y algunas demasiado inquietantes. “In Dreams” abarca todo ese abanico emocional y argumentativo, pasando de uno a otro en los varios episodios que la conforman. 

“A candy-colored clown they call sandman…”, dice, hablando, en la apertura, acompañado de unos rasgueos a la guitarra, los cuales parecen ir abriendo poco a poco el umbral del sueño al que finalmente cae: “I close my eyes, then I drift away”, canta, totalmente en territorio onírico al que entra al ritmo de vals.

“In dreams I walk with you…”, sigue Orbison, haciendo parecer que se trata de un sueño recurrente. En este momento de la canción, todo se eleva: música y voz. Una voz emocionada por lo que pasa y luego desesperada por lo que pasará: “We’re together in dreams, In dreams”, lamenta. Es momento de despertar.

But just before the dawn, I awake and find you gone…”, canta Roy Orbison al ver que el sueño se desvaneció y, con él, la persona amada. Y se da cuenta de que el sueño puede que regrese por la noche, pero ella nunca: “I remember that you said goodbye…”, dice en el episodio en el que la canción se altera con remates musicales que evocan boleros cubanos (recurrentes en la obra de Orbison y músicos de su generación, según apuntan estudios de musicología).

Todo siempre in crescendo. Aunque para el gran final, luego de lamentar que todo lo contado sólo ocurre en sueños, se escucha un cierre con violines angelicales. Quizás la promesa de que todo volverá a ocurrir por la noche.

David Lynch rescató la canción para el clásico Blue Velvet

“¿Es el Big O el compositor más original de todos los tiempos?”, preguntó Andrew Lloyd Webber, rindiéndose ante la genialidad de Roy Orbison. De acuerdo con el compositor de musicales de Broadway, “In Dreams” cuenta con nueve melodías separadas (aunque unos dicen que son menos). Una brutalidad para una canción de apenas poco menos de tres minutos de duración.

Quien también apreció esta composición de Roy Orbison fue David Lynch, quien la utilizó para una de las escenas de una de sus más emblemáticas películas: Blue Velvet.

“In Dreams” suena mientras el extravagante Ben (interpretado por Dean Stockwell) hace lip-sync con una lámpara como micrófono. Esto mientras Frank Booth (Dennis Hopper) lo mira extasiado, casi al borde del colapso. Totalmente perturbador.

La escena de Lynch, con un Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan) completamente aterrado y Dorothy Vallens (Isabella Rossellini) perdida por la desesperación, ambos rodeados por maniáticos bailando y gozando lascivamente del espectáculo, da un giro surrealista a la canción de Orbison. Mejor dicho, la obra de Orbison acaba por explicar la película. Así lo reconoció el propio David Lynch, no tanto por el tema, sino por el carácter etéreo de ésta.

De hecho, así fue como nació la idea de “In Dreams”: Orbison dormía y, de repente, escuchó en la radio a un locutor anunciando una canción de Elvis. Entre el sueño y lo real, la letra llegó a Roy Orbison y pensó: “qué buena es… qué lástima que las cosas no pasen en mis sueños”.

Literalmente, Roy Orbison materializó un sueño y con él creó una de las canciones más extraordinarias… y perturbadoras del rock & roll. Aunque bueno, esto último (el adjetivo de perturbadora) como todos los sueños, puede que se trate de una de las varias interpretaciones que estos pueden tener.

Y sí, hubiera sido bueno cerrar este texto retomando la extraordinaria estructura de la canción, pero así como ésta, mejor es no repetir y cerrar sin repetir nada. 

Hola, soy Álvaro. Estoy en sopitas.com desde hace algunos años. Todo ha sido diversión, incluso las críticas de los lectores. La mejor de todas: "Álvaro Cortés, córtate las manos".

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