Aquí nació una leyenda: El día en que Ozzy Osbourne le arrancó la cabeza a un murciélago

Desde que debutó en los 60 junto a Black Sabbath y después con la enorme carrera en solitario que construyó junto a otros grandes músicos como Randy Rhodes, Lemmy Kilmister, Zakk Wylde y muchos más, Ozzy Osbourne se convirtió en una verdadera leyenda de la música. Muchas historias a su alrededor le dieron ese estatus, pero sin duda una de ellas es que le arrancó la cabeza a mordidas a un murciélago en pleno concierto pero… ¿se saben la historia completa? Bueno, pues por acá les contaremos qué onda.

Para comenzar hay que viajar hasta el año de 1982, cuando Ozzy estaba en uno de los puntos más altos como solista. Había lanzado dos discos de estudio, Blizzard of Ozz y Diary of a Madman, con los cuales estaba ganando una notoriedad tremenda. Aunque todo era viento en popa para el cantante, personalmente estaba pasando por un momento en el que los excesos lo estaban llevando a un estado de locura total. 

Esto ya lo había manifestado un año antes, cuando en una reunión con ejecutivos de CBS Records, a Osbourne se le ocurrió llevar tres palomas para soltarlas al final de la junta. Con lo que no contaban es que Ozzy iba a estar completamente borracho y después de discutir con la encargada de relaciones públicas de la compañía discográfica en lugar de liberarlas, el cantante de “Crazy Train” las sacó para arrancarles la cabeza.

En su propia biografía, escrita por el periodista y publicista de Black Sabbath, Mick Wall, Ozzy describió este episodio a la perfección: “Me saqué una de esas palomas y le arranqué la cabeza de un mordisco solo para callarla. Luego lo hice otra vez con la próxima paloma, escupiendo la cabeza en la mesa… Fue en ese momento cuando me echaron”.

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Ozzy Osbourne en 1982/ Foto: Getty Images

Mark Neal, el verdadero responsable de esta leyenda

Además de Ozzy, hubo otra persona que estuvo detrás de toda esta historia. Su nombre es Mark Neal y fue él quien le aventó el murciélago muerto al escenario. Todo sucedió cuando él tenía 17 años, el joven planeaba ir al concierto de Osbourne junto a sus amigos, pero ellos querían que llamara la atención del cantante. Y la mejor manera que se le ocurrió fue hacerlo con la mascota muerta de su hermano.

De acuerdo con The New York Times (quienes entrevistaron al autor material de esta leyenda), dos semanas antes del concierto, el hermano pequeño de Mark llegó a su casa con un murciélago, ya saben, bien normal. Lo llevó vivito y coleando pero lamentablemente unos días después murió. Conociendo la actitud que Ozzy tenía en estos años, esta era el camino correcto para que los notara entre la multitud. 

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Foto: Getty Images

Así que, todos sus amigos le dijeron a Mark que guardara al murciélago en una bolsa de plástico y que el día del show de Osbourne lo llevara en su chamarra bien escondido, y así lo hizo. El 20 de enero de 1982 en el Veterans Memorial Auditorium (ahora el Iowa Events Center) de Des Moines, Iowa, pasó a los libros en la historia de la música como la noche en la que Ozzy Osbourne se convirtió en una leyenda total. 

En plena presentación, del público llegó el cadáver del animalito. Al verlo, Ozzy lo tomó y pensó que era de plástico porque vamos, ¿quién pensaría que algún lunático le aventaría un murciélago muerto. Así que jugando y también retando a todos los que nunca creyeron la historia entre él y las palomas, Osbourne lo tomó y de la nada le mordió la cabeza con los dientes mientras el público estallaba de emoción, aunque las cosas no salieron bien para El ‘Príncipe de las Tinieblas’.

En su autobiografía, I Am Ozzy, Ozzy Osbourne recordó el famoso incidente como una de las peores cosas que había hecho en la vida: 

“De inmediato todo se sintió mal.  Para empezar, mi boca estaba llena de ese líquido caliente, pegajoso, con el peor sabor de boca que te puedas imaginar. Podía sentir que manchaba mis dientes y corría por mi barbilla. Entonces la cabeza en mi boca se crispó. ‘Oh, jódanme’, pensé. No me digan que me acabo de comer un maldito murciélago”. 

Además de la terrible sensación que tenía en la boca, Ozzy estaba completamente enojado por todas las inyecciones que le pusieron después del accidente, tras llegar un hospital para que lo vacunaran y así evitar la rabia. A pesar de que de plano no le gustó para nada el sabor del murciélago, Obsourne sabe que sin esta historia quizá no se hubiera convertido en una de las figuras importantes en la música y su nombre no estaría dentro de los más grandes en la historia del rock and roll.