Lo que necesitas saber:
Robyn y Lykke Li se presentaron en el Palacio de los Deportes para darnos un gran show que esperábamos con ansias.
Robyn y Lykke Li llenaron el Palacio de los Deportes, frente al fiestón de corridos tumbados que Natanael Cano presentó en el Estadio GNP Seguros. Desde afuera de los recintos, notábamos la división clara: lentejuelas y maquillaje para el Palacio, botas y sombreros para el Estadio. Una maravilla lo que se vive en la CDMX. Nosotros nos lanzamos al que quizás fue el show pop del año.
El Palacio de los Deportes se preparó para una auténtica fiestota con dos cantantes suecas, leyendas del panorama pop alternativo actual. La expectativa en el recinto se sentía, pues Robyn nunca había venido a México, y Lykke Li apenas nos visitaba por segunda vez, tras su show en el Corona Capital 2014.
El primer show en solitario de Lykke Li, y su segunda visita tras 12 años de espera
Lykke Li fue la encargada de encender los ánimos desde los primeros minutos de la noche. El show abridor fue espectacular, con la mezcla de misticismo y baile que tiene Lykke, aunque la verdad sus 45 minutos y 11 rolas no nos fueron suficientes.
Para esta ocasión tan especial, Lykke salió al escenario acompañada de una banda completa. Durante su presentación, logró crear una atmósfera envolvente y melancólica que nos conmovió por completo de principio a fin.
A lo largo de su set, la artista regaló varias sorpresas a sus fans mexicanos, incluyendo el hermoso detalle de cantar en español “Cucurrucucú Paloma”. Además, el recinto se inundó de nostalgia cuando llegó el momento de escuchar “Possibility”, de la banda sonora de Twilight.
Tampoco faltaron las joyitas nuevas que demuestran su constante evolución, como la brillante “Lucky Again”. Sin embargo, el cierre de su participación fue simplemente perfecto cuando resonó “I Follow Rivers”, un clásico moderno que sonó increíble y nos puso a todos a saltar.
El escenario cambió para recibir por primera vez a Robyn
Lejos de que el ambiente decayera tras la despedida de Lykke, vivimos un intermedio lleno de energía que mantuvo la euforia a tope en las gradas y la pista. El escenario ofreció un show Drag que sirvió como el preámbulo festivo ideal para lo que estaba por venir.
Tras ese interludio, llegó por fin el momento que todos esperábamos con ansias. Era la hora de presenciar el primer show en la historia de Robyn en México, y desde su intro, nos invitó a lo que ella dijo en español “es hora de perrear”.
El inicio de su presentación fue espectacular: cayendo unas inmensas cortinas blancas, Robyn apareció imponente ante la multitud. Desde ese instante, se mostró dispuesta a comerse el escenario con una presencia escénica absolutamente asombrosa.
Ver en vivo a esta leyenda es una experiencia única; su capacidad para cantar y bailar a esa intensidad sin que una cosa afecte a la otra es alucinante. Con cada movimiento y cada nota perfecta, nos dejó más que claro que está en su auténtico prime como performer.
Robyn nos trajo un setlist largo que nos dejó satisfechos
La artista sueca se rifó con un setlist compuesto por 21 rolas que no dejaron a nadie sentado. Este maratón de baile ininterrumpido incluyó remixes, covers especiales y hasta su espectacular colaboración “Life” con Jamie XX, uno de los momentos más intensos de la noche.
El punto de mayor conexión y emotividad de la noche ocurrió cuando se dirigió al público y confesó muy emocionada: “Estoy muy feliz de estar aquí. Es mi primera vez tocando en México, y fue demasiado tiempo. ¿Están listos?”. Ese instante de complicidad terminó por confirmar que a esta noche no le faltó absolutamente nada.
Por si fuera poco, Lykke Li salió para apoyarla en la versión acústica de “Be Mine!”, y Zhala canto con ella “With Every Heartbeat”, la cerradora de la primera parte del set.
Temazos como “Dopamine”, “Really Real” y “Sexistential” sonaron brutal, haciendo retumbar el domo de cobre. El baile de Robyn, cómo se bajó a abrazar a su público y cómo lo disfruta, son el preludio perfecto a su himno cerrador, porque Robyn en verdad se la pasa bailando sola en el escenario, pero lo siente de una forma extraordinaria. Está plena y radiante mientras hace piruetas o simplemente gira en el stage.
Claro que la cerradora magistral tenía que ser “Dancing on My Own”, un himno catártico que cantamos a todo pulmón, con la esperanza de que no tengamos que esperar mucho para volverla a ver de vuelta en México.
