“Cría fama y échate a dormir”. Para muchas personalidades ésta podría ser la manera de sobrellevar el éxito que han creado al paso de los años. Para otras, como Saúl Hernández, la frase pareciera no figurar en su pensamiento, después de una trayectoria de más de 30 años, llega hasta el día de hoy que cumple 51 años de vida con una carrera musical en activo.

Lejos están aquellos días en que Saúl Alfonso Hernández Estrada, perdiera a temprana edad a su madre y se confrontara con la mortalidad humana y lo implacable de la muerte, tema que ha sido recurrente durante toda su trayectoria. Este hecho hizo que desde muy temprana edad se refugiara del dolor en la literatura, llevándolo incluso a escribir un pequeño cuento titulado Las Insólitas Imágenes de Aurora. También lejos están aquellas primeras incursiones en el Rock, a los 15 años en que tuvo sus primeras bandas como Deimos, Frac e In Memoriam.

Sería hasta 1985 en que comienza la gran historia que lo ha traído hasta nuestros días, al lado del que se ha convertido de alguna manera en el fiel escudero de Saúl, el baterista Alfonso André, con quien integra Las Insólitas Imágenes de Aurora, trío completado por Alejandro Marcovich en la guitarra, (Saúl entonces tocaba el bajo).

Es una época difícil para los grupos mexicanos que tienen que tocar puertas las cuales no parecen abrirse, así que tienen que hacer trabajos un poco deplorables para subsistir, como en el caso de Las Insólitas que tuvieron que ser grupo de acompañamiento del nefasto “cantante” Laureano Brizuela con tal de tener algo de dinero para poder comprar más equipo para tocar (labor ya de por sí titánica).

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A la par Saul y Alfonso se verían inmiscuidos en un divertido proyecto llamado La Suciedad de las Sirvientas Puercas, comandados por el demencial Dr. Fanatik, en el cual coincidirían con José Manuel Aguilera y Federico Fong, músicos con los que años después volverían a cruzar camino. La particularidad de La Suciedad era que sus integrantes aparecían vestidos como mujeres, y aunque sus canciones tendían más al desmadre y la chacota, la música que estaban creando era de muy buena calidad, ambas cuestiones les dieron tablas sobre el escenario y les quitaron el miedo a enfrentarse al monstruo de mil cabezas.

Es en este punto en que la historia de Saúl cambia para siempre al desintegrarse Las Insólitas y formar un nuevo grupo al que bautizaría como Caifanes, nombre alusivo la película mexicana de 1966 y a cierto vocablo chicano (cae fine) mismo que penetró hasta los barrios mexicanos y se usaba para denominar a los tipos que vivían al margen de la ley y se habían ganado un lugar de respeto en su localidad.

Nuevos miembros se integrarían a este proyecto, Sabo Romo, gran bajista quien ya se había curtido con algunas bandas y artistas del circuito local como Ruido Blanco, Guillermo Briseño, Ricardo Ochoa, Taxi; y Diego Herrera aportando con sus teclados una nueva dimensión que aunque no se reconoce mucho, es en sí gran parte del sonido característico de la banda (al menos durante su primera etapa).

A partir de entonces y liderados por Saúl, los Caifanes se convirtieron en la mejor banda de México, cosechando éxito tras éxito de la mano de temas como “Viento” y “Mátenme Porque Me Muero”, beneficiados por esa oleada del llamado “Rock en tu Idioma” que los llevó prácticamente a todos los hogares mexicanos y de habla hispana. Saúl lucía un estrafalario peinado alborotado, muy similar al usado por Robert Smith de The Cure, (aunque él decía que su inspiración fue Tin Tan en su papel de Trucutrú) y emulado por sus compañeros Caifanes y sus “primos del sur”, Soda Stereo.

A esa primera placa homónima le seguiría el polémico éxito de “La Negra Tomasa”, una canción tropical que les valdría la enemistad del público rocanrolero y cumbianchero al verlos como unos advenedizos en busca del éxito facilón (incluso durante un concierto con grupos tropicales, Saúl perdió su preciada guitarra Rickenbacker de un tremendo piedrazo). Sin embargo era una especie de statement que los Caifanes venían dispuestos a hacer lo que les venía en gana, sin miedo y estaban dispuestos a pagar el precio.

Saúl siguió cosechando éxitos con sus compañeros. Caifanes II (mal llamado El Diablito) y El Silencio marcarían el regreso e Marcovich a las filas del grupo.

Posteriormente Saul y Diego abandonan la banda, para regresar a los Caifanes a la alineación inicial de Las Insólitas. Es así que graban el exitoso El Nervio Del Volcán, complementados por su viejo camarada Federico Fong al bajo (luego suplido momentáneamente por el jazzista Rodrigo Castelán) y Yann Zaragoza en los teclados, además de la legendaria Cecilia Toussaint en los coros.

Ya muy lejos se encuentra el polémico y grave desencuentro entre Saúl y Marcovich, mismo que llevaría al líder caifán a tomar la decisión de renovarse o morir, así que elige lo primero, se opera de un nódulo que amenaza su garganta y resurge con un nuevo nombre (mismo que según cuenta le vino en un sueño): Jaguares, que en esencia continúa el trabajo de los Caifanes.

Los Jaguares con Saúl y Alfonso como base del grupo, se integraron inicialmente con Fong de nuevo al bajo y José Manuel Aguilera como guitarrista, aquel de La Suciedad de las Sirvientas Puercas quien ya se había hecho de un gran renombre por su trabajo en bandas como Sangre Asteka, sesiones con Jaime López y con el exitoso grupo La Barranca (en el que también militaba Alfonso).

Al paso de los años el grupo sufriría de varios cambios en su alineación. Desfilarían bajistas como Stuart Hamm (con quien ya había tocado desde El Nervio), de nueva cuenta Sabo, Chucho Merchán Marco Rentería. Guitarristas como César “Vampiro” López (a quien rescataron de las filas de Azul Violeta y Maná) y el menospreciadísimo Jarris Margali (parte de auténticas bandas de culto como Mistus y Ninot).

Entre seis exitosos discos de los Jaguares en 2010 Saúl se da tiempo de editar su primer trabajo como solista, (o más bien dicho, utilizando su nombre, pues en esencia y sin menospreciar las aportaciones de sus compañeros, ÉL es el motor y mente maestra de Caifanes y Jaguares). Remando es el título de esta placa que quizás en su momento no tuvo el impacto esperado y sin embargo se ha ido insertando en el gusto de los fans incondicionales de las labores de Saúl hasta nuestros días.

Fue el propio Saul quien le puso punto final al conflicto con Alejandro Marcovich, se dieron “el abrazo de Acatempan” y los Caifanes, con Diego y Sabo también de nuevo en la banda, hicieron su regreso triunfal a los escenarios ante 60 mil fans que los vieron juntos en el Foro Sol, dando un gran cierre a la edición del Vive Latino en 2011.

Recientemente Marcovich dejó al grupo otra vez pero los Caifanes continúan siendo aquel cuarteto al que en 1988 la disquera CBS les negó un contrato discográfico con la famosa frase “aquí vendemos discos, no ataúdes”. A la par que los Caifanes se preparan a grabar un álbum con nueva música, Saúl sigue en la promoción de su segundo disco como solista: Mortal

Feliz cumpleaños al Chato, el Caifán Mayor, el Jefe Jaguar: Saúl Hernández, que siga la música los próximos 50 años.

@ivannieblas