Lo que necesitas saber:
Comunidades Mayo-Yoreme, pescadores y activistas mantienen protestas contra la planta de amoníaco de Proman GPO en Topolobampo, Sinaloa.
La resistencia sigue firme en Sinaloa. A diez días de la clausura simbólica de la planta de amoníaco de Proman Gas y Petroquímica de Occidente (GPO) y con 21 días consecutivos de movilizaciones, comunidades de la Bahía de Ohuira y Topolobampo mantienen su rechazo al megaproyecto que, aseguran, pone en riesgo el equilibrio ambiental y su forma de vida.
El pasado 15 de junio, integrantes del pueblo Mayo-Yoreme, pescadores, habitantes de la región y miembros del colectivo ¡Aquí No! realizaron una clausura simbólica de las instalaciones como una forma de presión ante la falta de respuesta —según denuncian— por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).
Un plantón que cambió de punto… pero no de objetivo
La protesta comenzó con un plantón pacífico permanente frente a la terminal de la Administración del Sistema Portuario Nacional (ASIPONA) en Topolobampo.
El objetivo: frenar el avance de una planta de amoníaco que comunidades locales consideran una amenaza para la salud, la seguridad y el ecosistema de la Bahía de Ohuira.
Con el paso de los días y sin señales claras por parte de las autoridades ambientales, la movilización se trasladó hacia la entrada del complejo industrial que construye la empresa.
En medio del crecimiento de las protestas, también surgieron versiones sobre supuestos bloqueos al ingreso de trabajadores y vehículos. Sin embargo, Melina Sandoval, integrante del colectivo ¡Aquí No!, rechazó esas acusaciones.
A través de redes sociales aseguró que el movimiento no busca afectar a quienes laboran en la planta y sostuvo que el conflicto está dirigido exclusivamente contra el proyecto.
“El enemigo nunca ha sido el trabajador. Nuestra exigencia está dirigida hacia la empresa y el cumplimiento de la legalidad ambiental”, expresó.
El equipo llegó… y también la inconformidad
Las movilizaciones tomaron mayor fuerza después del 30 de mayo, cuando comenzó el arribo de equipo para continuar con las obras.
Habitantes denunciaron falta de información sobre las maniobras realizadas en la zona y reportaron afectaciones como interrupciones en el suministro eléctrico.
La respuesta fue inmediata: cientos de personas salieron a las calles con pancartas, caravanas y manifestaciones para expresar su rechazo al proyecto.
La protesta también alcanzó el mar. Desde sus embarcaciones, pescadores exigieron a la presidenta Claudia Sheinbaum y a la Semarnat detener definitivamente la construcción de la planta.
¿Qué sigue?
Aunque las protestas continúan, autoridades federales anunciaron acciones para revisar el caso.
Semarnat informó que mantendrá mesas de diálogo para analizar estudios, observaciones y propuestas presentadas por comunidades y especialistas.
Por su parte, Profepa realizará una inspección actualizada para verificar el estado de las obras y revisar el cumplimiento de la normatividad ambiental vigente.
Mientras tanto, en Topolobampo la consigna sigue siendo la misma: para quienes mantienen el campamento, la lucha todavía no termina.
