Hace 27 años, Luc Havan, el dueño del Midnight Bottle Bar de Fort Lauderdale, le quitaba la vida a golpes a uno de los mejores bajistas de todos los tiempos: Jaco Pastorius. Destacado jazzista que innovó en su apreciación del bajo, sacándolo de la sombra y convirtiéndolo en un instrumento líder, convirtiéndolo en un nuevo instrumendo de posibilidades infinitas, de la misma manera que lo hiciera Jimi Hendrix con la guitarra eléctrica.

Su técnica era absolutamente inaudita, nadie hasta entonces había hecho un manejo similar del instrumento utilizando cualquier recurso a su alcance: armónicos, distorsión, usando las texturas del bajo fretless (o sea sin trastes) para emular el sonido de trompetas. Su influencia se ha sentido en cientos de bajistas del Jazz, Metal y Rock.

Jaco Pastorius quería ser baterista pero se lastimó las muñecas jugando fútbol, por lo cual decidió tomar el bajo en sus manos alrededor de los 17 años. A los 23 ya estaba tocando con su amigo y guitarrista Pat Metheny con quien grabó el magnífico álbum Bright Size Life, al lado del baterista Bob Moses. El estilo salvaje de Pastorius lo separó de sus contemporáneos con el uso indiscriminado de la distorsión, los efectos y  armónicos para crear melodías. Jamás se había visto a nadie tocar el bajo como él, ni siquiera a su colega Stanley Clarke o el joven Jeff Berlin.

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Pastorius prefería el sonido del bajo fretless (sin trastes), se dice que él mismo le quitó los trastes al Fender Jazz Bass que tenía (conocido como el “bass of doom”) y luego lo pulió con barniz poliuretano (de ese que usan en los barcos para que no los oxide la humedad). En 1976 ya había grabado su primer disco como solista, donde quedaba de manifiesto las posibilidades del bajo eléctrico en solos como “Chromatic Fantasy” o “Portrait of Tracy”, al igual que sus capacidades como arreglista. Esto le valió ser integrado a la sensacional banda de Jazz Fusion, Weather Report, con quienes grabó seis álbumes, y en el inter se dio tiempo de participar en grabaciones y conciertos de artistas prominentes como Al DiMeola, Joni Mitchell, y Herbie Hancock. Jaco sufría de trastorno bipolar (el sí de verdad, no como los que se hacen los loquitos por convivir), el cual se fue incrementando tras una extensa gira en 1982 para promocionar su segundo álbum solista, Word of Mouth (donde incluyó una magnífica versión a “Blackbird” de los Beatles). Su esposa lo llevó a un hospital psiquiátrico para ser diagnosticado y se le prescribió litio para estabilizar sus constantes cambios de conducta. Sin embargo su salud siguió deteriorándose al grado que en 1986 estuvo viviendo en las calles de Nueva York, hasta que fue rescatado por su esposa e internado en el hospital Bellevue.

Después de ello se mudó a Fort Lauderdale donde de nuevo estuvo viviendo en las calles. Desafortunadamente al querer entrar a un exclusivo bar al que se le negó la entrada, Pastorius trató de entrar por la fuerza y en consecuencia tuvo una violentísima pelea con el dueño del lugar (quien era cinta negra y había tenido entrenamiento de combate en Vietnam), el cual lo dejó con la cara fracturada y lesiones en el ojo derecho y brazo izquierdo. Cuando la policía llegó al lugar encontraron a Jaco desmayado sobre una laguna de sangre. Luc Havan, el dueño del bar, alegó que Pastorius se había caído por su borrachera. La golpiza fue tal que lo hizo caer en coma. Aunque había indicios de que podría salir de él, tuvo un derrame que lo dejó con muerte cerebral. Siendo que Jaco ya no tenía esposa (aunque sí tuvo tres hijos), sus pobres padres tuvieron que tomar la decisión de retirar el respirador artificial que todavía lo mantenía con vida, apagando la vida del mejor bajista de todos los tiempos. Havan fue arrestado por “asalto agravado” y estuvo cuatro meses en prisión, pagó 5 mil dólares de fianza y salió libre.

Actualmente Robert Trujillo, bajista de Metallica, está financiando y produciendo un documental sobre su vida, Jaco: The Film, aunque aún no se sabe cuándo estará listo, además de ser el poseedor del famoso “bass of doom”.