En los últimos años se han desarrollado tecnologías que buscan darle la vuelta al problema de los gases de efecto invernadero. Un grupo de ellas es el relacionado con la captación de dióxido de carbono de la atmósfera para ayudar a disminuir sus niveles.

La crisis ambiental actual es el más grande desafío que enfrentarán las próximas generaciones del planeta. El cambio climático en curso ya causa estragos a nivel mundial. Éstos se hacen presentes en la forma de sequías intensas, tormentas, olas de calor, glaciares derritiéndose y océanos más calientes. Todo lo anterior daña directamente a personas y animales. Destruye ecosistemas. Trastoca a comunidades y regiones. Buena parte de esta catástrofe viene de los Gases de Efectos Invernadero (GEI), que absorben y emiten radiación; particularmente, el dióxido de carbono que se encuentra en la atmósfera. Así como el uso de combustibles fósiles. 

Desde la Revolución Industrial estos procesos se han acelerado. Poco a poco, ha habido un impacto considerable en la Tierra. Y los modos de producción y consumo de los humanos no permiten revertir esa tendencia. Por ello, el Acuerdo de París ha puesto como meta que la temperatura del planeta no aumente más de 2ºC en relación con niveles preindustriales; de preferencia, que quede por debajo de los 1.5ºC. Lo anterior si se quiere que los efectos del cambio climático no recrudezcan en las próximas décadas.

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Para lograr esta meta, se ha establecido como criterio que se alcance un punto de cero emisiones de dióxido de carbono para 2050. Lo que explica los esfuerzos grandes que se están llevando a cabo en la industria automotriz para abaratar y acelerar los procesos de producción de autos eléctricos. Igualmente, en ese tenor se entienden las estrategias de decarbonización de países como China; aunque la pandemia revirtió algunas tendencias durante la reactivación económica de 2021. No obstante lo anterior, distintos miembros de la comunidad científica consideran que se necesitan más esfuerzos y diversas tecnologías para poder combatir el cambio climático en el largo plazo.

Captación de dióxido de carbono: ¿una solución más?

Se suele prestar mucha atención a la reducción de consumo de combustibles fósiles como estrategia principal para mitigar los efectos del cambio climático en el planeta. Sin embargo, la transición energética ha sido lenta. Es costosa. Y francamente hay una falta de voluntad política para poder consolidarla en el mundo entero. Nuestra dependencia al gas y a la gasolina es tal—y la adopción de energías renovables es tan paulatina—que preocupa que las estrategias actuales no sean suficientes para llegar a un punto de cero emisiones de dióxido de carbono al ambiente.

En los últimos años se han desarrollado tecnologías que buscan darle la vuelta al problema. Un grupo de ellas es el relacionado con la captación de dióxido de carbono de la atmósfera para ayudar a disminuir sus niveles. Katherine Calvin, jefa científica de la NASA, explica estos métodos de la siguiente manera: “Es como el agua en una tina. Si quieres detener el nivel del agua hay de dos. Cierras la llave. O empiezas a sacar el agua más rápido de lo que entra. Aplica lo mismo para la temperatura. Detienes la entrada de dióxido de carbono al sistema. O tratas de sacarlo a la misma velocidad que entra”.

Muy literal es como tratar de aspirar el dióxido de carbono de la atmósfera. La forma más “sencilla” de hacerlo es con la plantación de árboles y la reforestación. Pero el espacio libre actual no es suficiente para lograrlo. Por eso se han desarrollado otras tecnologías que captan y remueven el dióxido de carbono del aire, para cristalizarlo y guardarlo bajo tierra. En Islandia ya hay una planta de este tipo, llamada Orca, que empezó a funcionar el año pasado.

Compresión de dióxido de carbono: una alternativa más

Las tecnologías de captación de dióxido de carbono ofrecen complementos para la reducción de emisiones de GEI a la atmósfera. Pero su implementación será lenta y costosa. Por el momento, no pueden verse como alternativas a la disminución de uso de combustibles fósiles. Dicho sea de paso, incluso los científicos que proponen estas soluciones aseguran que más bien serán una necesidad para alcanzar el objetivo de no permitir un aumento superior a 1.5ºC de la temperatura global.

Aunada a la captación de dióxido de carbono, se han desarrollado modelos de compresión del mismo. Una empresa italiana llamada Energy Dome construyó una planta para lograrlo. Ya entró en una fase beta de prueba y lo que busca es comprimir este GEI para que funcione como vehículo del almacenamiento de energía. La mayoría de las energías renovables—como la solar y la eólica—son intermitentes y actualmente se necesita de baterías de litio para almacenarlas cuando no están disponibles. El dióxido de carbono comprimido podría funcionar también como complemento para su uso continuo y de largo plazo.

Estos avances tecnológicos sin duda son buenas noticias de frente al cambio climático. Hay tanta fe en la captación y remoción de dióxido de carbono que se estima será un mercado de 4 billones de dólares anuales para 2050. Sin embargo, no se pueden ver como una solución para continuar con el uso actual de combustibles fósiles. Son sólo un complemento, una estrategia más, para que nuestro planeta siga siendo habitable en el futuro. Es una lástima, pero de la crisis ambiental actual no hay salidas fáciles.

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