Por Héctor Castañón

Crecer, desarrollarse y morir es el destino biológico de los seres vivos. ¿Debemos pensar así el destino del planeta si lo entendemos como algo vivo? Si el planeta perdura más allá de nuestra propia vida, ¿podríamos como seres racionales y afectivos pensar más allá de esa sentencia y tener una existencia capaz de reproducir la vida? 

¿Podría aplicarse a nuestros proyectos de vida la fórmula que aprendimos de la naturaleza para cultivar, florecer y vivir? Con estas preguntas se busca poner en cuestión la noción de crecimiento y desarrollo tan insertas en nuestra forma de entender las aspiraciones de vida; igualmente, los proyectos que emprendemos para sustentar nuestra existencia y satisfacer nuestros deseos; en suma, pensar si es compatible la reproducción de la vida, la producción económica y nuestras aspiraciones humanas. Un balance entre lo que Anthony Friend refiere como ecósfera, econósfera y sociósfera

Bastaron pocas semanas de un drástico paro de actividades por la pandemia del COVID19 para que el planeta respirara y la fauna silvestre reapareciera en las ciudades. Esto dejó muestras claras de que la naturaleza se resiste al desarrollo de la vida diaria y lucha por recuperar sus espacios; mientras que el proyecto de desarrollo global insiste en explotarla para ponerla al servicio del crecimiento económico.

Para superar esta tensión de “suma 0”, en donde el avance de una fuerza implica necesariamente el retroceso de la otra, ¿es posible imaginar sinergias con la naturaleza en la procuración de nuestro estar bien?

¿Tenemos derecho a satisfacer nuestros deseos sin límite en un planeta con límites? ¿Qué debemos hacer diferente, pensar diferente, sentir diferente para que la naturaleza de lo que llamamos desarrollo sea la coexistencia, la simbiosis y el cuidado de la vida?

En teoría, el desarrollo es el uso y aprovechamiento de recursos para mejorar el bienestar de una sociedad. Entendiendo bienestar como equilibrio, la noción de desarrollo sostenible se ha planteado como el uso de recursos para mejorar el bienestar de la sociedad de una manera que no destruya ni debilite los sistemas de apoyo necesarios para el crecimiento futuro. 

Sin embargo, la idea de desarrollo sostenible sugiere un desarrollo sostenido que, si bien se plantea no agotar la base de recursos y garantizar un mínimo de bienestar social, no se disocia de la búsqueda de crecimiento, no incorpora el principio de justicia distributiva, por lo que no ha contribuido a disminuir la fuerte acumulación de riqueza y recursos en pocas manos. Tampoco incorpora el principio de justicia restaurativa, que para el nivel de deterioro y erosión de la base de recursos actual, resulta fundamental.

Este deterioro de los sistemas que soportan la vida en el planeta obligan a pensar en un alto total.

Hemos sobrepasado las capacidades del sistema para recuperarse, según el marco planteado por el Centro de Resiliencia de Estocolmo. La única alternativa hacia adelante sería un modelo de desarrollo en el que, al avanzar, se va recuperando camino

¿Es posible que el balance entre producción y consumo arroje saldos ambientales, sociales y económicos positivos? Para ello la producción y consumo deberían tener un diseño y un propósito distinto al de la generación y acumulación de valor monetario.

De ahí viene la idea del desarrollo regenerativo, uno que trabaja con la naturaleza y no en conflicto con ella. El desarrollo regenerativo implica el uso de recursos para mejorar el bienestar de la sociedad de una manera que desarrolle la capacidad de los sistemas de apoyo necesarios para el crecimiento futuro.

Lo que el desarrollo sostenible es para el desarrollo económico tradicional, el desarrollo regenerativo es para el desarrollo sostenible.

Para retroceder en los umbrales que hemos cruzado y avanzar en lo que hace falta para garantizar los derechos económicos y sociales a quienes son privados de ellos, el desarrollo regenerativo y la economía distributiva puede ser ese modelo que nos regrese a la zona de los límites seguros y justos para la humanidad.

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Héctor Castañón es doctor en antropología social, y maestro en planeación y gestión del desarrollo. Participa en diversos espacios académicos y de sociedad civil  para promover la igualdad de oportunidades, la participación política y el cuidado del medio ambiente. Integrante del equipo de Pedagogia de Futuro. Padre ocupado resolviendo frustraciones musicales con sus hijxs.

Twitter: @hektanon

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