Por Beatriz Acevedo
La seguridad y soberanía alimentaria

La epidemia de sobrepeso y obesidad que se vive en México es el resultado del modelo de dependencia alimentaria, abandono del campo y toma de decisiones de política pública a merced del libre mercado, entrelazado a los intereses externos y a los monopolios (Alianza por la Salud Alimentaria, 2021).

Hoy nos debatimos acerca de la capacidad del país para producir sus propios alimentos y el volumen de importaciones anuales, así como el peso de las corporaciones agroalimentarias nacionales y extranjeras en el consumo interno, dejando sin mayor margen de maniobra a los pequeños productores nacionales, que experimentan una caída en su rentabilidad, lo que va de la mano del incremento de los índices de pobreza, en medio de batallar a diario con las inclemencias de la crisis climática e inseguridad sociambiental propia de cada región, como es el caso de los productores de aguacate en Michoacán, por mencionar sólo un ejemplo.

La migración o desplazamiento de las comunidades indígenas y rurales es una de las primeras consecuencias más visibles, una vía de escape que en nada resuelve el problema esencial de la pérdida de suelos y del deterioro del entorno natural.

La domesticación de las semillas

México es parte del centro mesoamericano del origen de la agricultura y diversificación de plantas domesticadas, aportando a la humanidad una variedad importante de cultivos tales como: 

  • Maíz o Zea mays.
  • Frijol o Phaseolus vulgaris.
  • Calabaza o Cucurbita pepo.
  • Chile o Capsicum annum.
  • Amaranto o Amaranthus hypochondriacus.
  • Maguey o Agave sp.
  • Nopal u Opuntia sp.
  • Camote o Ipomoea batatas.
  • Chía o Hyptis suaveolens.
  • Nanche o Byrsonima crassifolia.

La domesticación implica la selección de las plantas que cuentan con ciertas características deseables, que bajo cultivo y presiones de selección llegan a presentar lo que se conoce como síndrome de domesticación, que se manifiesta en el incremento de los rasgos deseados, tales como: mayor suculencia y tamaño, insensibilidad al fotoperiodo, eliminación de latencia en la semilla y una disminución de la capacidad de dispersión y reproducción sexual de las plantas.

El fitomejoramiento industrial es una práctica apoyada desde los gobiernos de Estados Unidos desde el siglo XX. Para 2012 a nivel mundial más de 180 millones de hectáreas están dedicadas a los cultivos transgénicos (Hernández, C., 2021), un dato que nos revela el peso de las corporaciones internacionales en el mercado agrícola mundial.

EEUU, Brasil, Argentina, Canadá e India son los principales países productores de organismos genéticamente modificados, de acuerdo a Biontech Crops en su informe de 2017 y hasta 2020 en México se importó un total de 13.7 millones de toneladas de maíz transgénico estadounidense, una cifra que sin duda alguna nos lleva a pensar cuánto se podría mejorar el campo mexicano y a todxs sus productorxs con el monto invertido en esa operación.

Maíces mexicanos de colores en la Ecoferia del Trueque en Puerto Morelos.
Foto de Graciela Díaz

A nivel mundial las corporaciones líderes en semillas transgénicas y agroquímicos son: Monsanto + Bayer, de origen alemán; Dow + Dupont de EEUU, Syngenta + ChemChina de origen asiático y BASF de origen alemán. Mencionarlos no significar el señalamiento de quien comete un crimen, significa la inminente necesidad de recordar que el campo mexicano sigue padeciendo los estragos de las libertades otorgadas a dichas corporaciones, lo cual ya ha costado muchos sacrificios para las comunidades originarias e incluso la vida de quienes han defendido el resguardo de sus recursos socioambientales y su riqueza biocultural, cuando lo más irónico es que en ellas y ellos está la solución a nuestra soberanía alimentaria.

La COFECE en 2019 reportó que, a nivel nacional, más del 90% del mercado de las semillas y de los agroquímicos es controlado por las 4 corporaciones mencionadas (Hernández, C., 2021), un panorama que revela las libertades de comercialización brindadas, que en nada benefician a la soberanía alimentaria, que pareciera sólo ser buscada definitivamente desde el discurso.

Reflexión para tener presente

Pensar en continuar con un modelo de dependencia alimentaria a merced de las grandes corporaciones nos aleja de una solución incluyente. México requiere cambiar de modelo y garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria del país en general, y en especial, de las comunidades rurales y de los pequeños y medianos productores del campo.

La riqueza biocultural de México permitiría, sin duda alguna, asegurar que en la mesa de todxs podamos servirnos nuestros ricos alimentos campesinos, sustentables y saludables. Todo ello sin perder de vista además que nos urge atender la problemática socioambiental del desperdicio alimentario, a través de bancos de alimentos, poniendo en práctica el trueque o con un esquema de precios que sea accesible al bolsillo de muchos.

Asimismo, el cambio de fondo que requiere el campo mexicano empieza por el rechazo absoluto a las falsas soluciones como:

a) La exclusión de los pequeños y medianos productores.

b) El incremento de las importaciones.

c) El uso de los transgénicos.

d) Mayor concentración de tierra, agua, crédito y subsidios en pocas manos.

e) Mayor intensificación extractivista y dependencia de más agua y petróleo.

Pensemos siempre antes de realizar una compra en todo el trabajo que cientos de familias hicieron antes, para hacer posible tener en nuestra mesa un alimento saludable.

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Beatriz Acevedo es geógrafa, especialista ambiental, promotora de la cultura ambiental, a través del arte, la cultura y el cine documental.

Twitter: @ConSentidoVerde

Referencias

Díaz, G. (2014). Nueva Compra Comunitaria de Maíz rojo, blanco y azul. 

Hernández, Carol (2021). Organismos genéticamente modificados ¿una mercancía o un bien común?. Programa Universitario de Bioética de la UNAM.

Raya Pérez, et al (2010). La domesticación de plantas en México: comparación de la forma cultivada y silvestre de Byrsonima crassifolia (Malpighiaceae). Polibotánica.

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