El día de ayer, nuestros compañeros de Código Espagueti publicaron una nota sobre el daño irreversible que sufrió la máscara del faraón Tutankamón, una de las reliquias más famosas del mundo.

Por si no la conocen, así era la máscara del faraón Tutankamón:

Este desafortunado hecho fue dado a conocer el pasado miércoles. Aparentemente, en octubre del 2014 unos empleados del Museo Egipcio de El Cairo tiraron la pieza mientras la limpiaban y la barba dorada se separó del resto de la reliquia.

En lugar de dar avisó sobre lo ocurrido, decidieron repararla ellos mismos y pegaron la barba con resina epoxídica, elemento usado en la construcción de autos y aviones. Lo malo es que pegaron la pieza sin tener mucho cuidado que digamos, dejando una línea visible de esta resina. Debido a la fuerza del pegamento la barba no puede ser desprendida para acomodarla correctamente. Para colmo, alguien intentó retirar las rebabas del pegamento con papel lija.

Y pus quedó así… para siempre:

Este caso nos hizo recordar otras restauraciones desafortunadas de obras de arte o piezas históricas. Aquí algunas de ellas:

Marte y Venus

En el 2010, Silvio Berlusconi, entonces Primer Ministro de Italia, dio la siguiente orden:

“¿Por qué en China las esculturas aparecen como nuevas mientras que a las nuestras les faltan los brazos y las cabezas? Completen esa estatua”

Berlusconi se refería al conjunto escultórico Marte y Venus, que se encuentra en el pórtico de honor del Palacio Chigi, sede de la presidencia del Gobierno Italiano. Dichas estatuas fueron descubiertas en 1918, en Ostia, cerca de Roma. Representan al dios de la guerra y a la diosa del amor, con los rostros del emperador romano Marco Aurelio y su esposa Faustina.

La idea de Berlusconi era que le repusieran el pene a Marte y las manos a Venus. La reparación costó 70 mil euros y fue una violación a las reglas de conservación para piezas con valor histórico.

Así quedó el nuevo pene de Marte y los brazos de Venus:

El Caballero de la mano en el pecho

Esta obra de El Greco es una de más célebres del Museo del Prado. En 1996 una restauración fallida hizo que perdiera parte de su mística. El fondo pasó de ser negro para verse gris y hay quienes señalan que los repintes y la limpieza de los barnices oxidados fue excesiva.

El responsable fue el restaurador Rafael Alonso. El asunto fue tan polémico que llegó al Congreso de los Diputados. Incluso hay un documental llamado Fondo para un caballero, donde se afirma que la restauración se realizó bajo suposiciones erróneas, con prisas y contraviniendo los protocolos internacionales de restauración.

La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana

Por años, en el Museo de Louvre se pensó en restaurar La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana, de Leonardo da Vinci. La idea siempre era descartada pues se temía que los disolventes usados para retirar los barnices afectaran al lienzo.

En el 2009 la idea fue retomada y supervisada a pesar del riesgo que podía traer consigo la restauración, sobre todo en los rostros de los personajes de la pintura. Los directivos del museo señalaron que las acusaciones y temores no tenían fundamento, además de que eran urgentes y necesarios, ya que los rasgos faciales de Santa Ana y del Niño Jesús, además de otros detalles, se estaban borrando.

Al final, éste fue el resultado:

El Ecce Homo

Este caso causó furor en las redes sociales hace unos años. Seguramente recuerdan la historia de la octogenaria doña Cecilia Giménez, quien muy buena onda se ofreció para restaurar el Ecce Homo que se encuentra pintado en el Santuario de la Misericordia, en la localidad de Borja, en Zaragoza.

Por desgracia Cecilia no es muy habilidosa que digamos, y la restauración que intentó hacer de esta obra que se encontraba dañada por la humedad, tuvo el siguiente resultado:

Dentro de lo bueno, cabe destacar que esta curiosa restauración atrajo a miles de visitantes a esta iglesia, quienes deseaban ver de cerca esta pintura ahora mundialmente famosa.

* * * * * 

Bueno, después de ver lo anterior podemos decir que a la máscara de Tutankamón no le fue tan mal. Por cierto, no podemos dejar fuera la reparación de El Caballito del Centro Histórico.

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