Por Diego Castañeda

Con la presentación del paquete económico 2020 por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público este domingo, se ha discutido mucho un par de sus contenidos, los criterios generales de política económica, documento que elabora el marco macroeconómico bajo el que se trabaja el presupuesto de egresos de la federación, el detalle de cómo se ejercerá el gasto. 

Pero otro de sus contenidos la Ley de Ingresos, no ha recibido suficiente atención. En esta ocasión es de especial importancia porque México es un país de baja recaudación; apenas 13.4 por ciento del PIB en impuestos, una cantidad muy por debajo de países con nuestro nivel de desarrollo, incluso más bajo que países de menor nivel. En esta Ley de Ingresos se busca atender este problema por medio del combate a la evasión y elusión fiscal y la normalización del pago de impuestos de la economía digital; un tema que comienza a ser relevante en el mundo con países como Francia tomando medidas para asegurar el pago en esas industrias. 

La importancia de la LIF de este año estriba en que en México es muy necesaria una reforma fiscal y existe la posibilidad de que se lleve a cabo en el año 2021.

Este intento de eficiencia recaudatoria y combate a la evasión es quizá uno de los últimos intentos que podemos hacer para maximizar la recaudación sin una reforma; por lo tanto, al final del periodo nos podría dar una idea del tipo de reforma fiscal que necesitaremos en el corto plazo

Ideas como el hacer obligatorio el recibo fiscal en juicios por rentas caídas, por ejemplo, aunque no aporte mucho, apenas 0.1 por ciento del PIB, es una medida que contribuye a la justicia fiscal al cobrar a un sector que evade el ISR. Cabe mencionar, además, que sería con impacto progresivo, pues los propietarios de inmuebles suelen estar en la parte alta de la distribución.

recaudación economía digital

Encontrar la forma de cobrar el IVA por la venta de servicios digitales como streaming, juegos en línea, etcétera, es eliminar un agujero en nuestra recaudación fiscal del cual, para bien o para mal, se han aprovechado grandes empresas tecnológicas

Quitando estos rubros que se pretende cubrir en la LIF 2020, para el futuro sigue quedando un espacio para expandir hacia impuestos al capital y herencias. Ambas áreas son prometedoras en términos de recaudación. Sin duda, contribuirían a disminuir los niveles de desigualdad en el país.

Al final, la LIF 2020 es un muy buen experimento para comenzar a ver dónde están los límites de la eficiencia recaudatoria. Sobre todo, si pensamos en que quizá en un par de años tendremos que implementar una reforma fiscal muy ambiciosa; con ella, gravar de forma progresiva ingresos y fortunas que hoy se escapan.

Si pensamos que una potencial crisis de pensiones se aproxima y las necesidades del país en temas de infraestructura, seguridad social y otros que hoy no alcanzan a ser cubiertas con la baja recaudación, la LIF 2020 es un paso pequeño en la dirección correcta y el preámbulo de una potencial reforma mucho más ambiciosa.

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Diego Castañeda es economista por la University of London e historiador económico por la Universidad de Lund.

Twitter: @diegocastaneda