Las fake news son un tema que no se debe tomar a la ligera. Si bien la era digital, acompañada fielmente de las redes sociales, ha abierto las puertas a la globalización (y con ella la información en todas sus formas), también nos ha advertido en distintas ocasiones que si no aprendemos a utilizarlas, las consecuencias pueden ser irreversibles.

Si bien hay más interacciones entre usuarios, hay menos contacto físico. La misma va con: hay más participación en temas de interés público, pero menos esfuerzos en verificar que la información sea verosímil. Las redes sociales y los medios digitales, tienen un poder que va más allá del contacto, y es la posibilidad de engañar a las masas.

El engaño no es una novedad. La propaganda, desde hace muchos años (demasiados), se ha encargado de generar ideas en la población para llevarlas a un objetivo. El mejor ejemplo es la enorme producción fílmica que Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, mandó a hacer para promover la ideas nazis. También está la manipulación política de los medios y la censura.

Ambas, de alguna u otra forma, con el firme objetivo de engañar a las audiencias al mostrar tan sólo una parte del espectro del que se informa.

Joseph Goebbels /Getty Images

Actualmente, las cosas son distintas con las fake news, y en la mayoría de los casos, tiene que ver con un malestar individual y una necesidad de atención derivada de las formas tan aparentemente sencillas de hacerse famoso con una simple imagen, tuit o publicación.

Pues bien, parece que este fue el caso del periodista alemán Claas Relotius de 33 años. Relotius era el reportero estrella del diario Der Spiegel, uno de los más populares del país, o bien, el equivalente del Times para Alemania y una gran parte de Europa. Había ganado en varias ocasiones el premio Reporter y fue nombrado periodista del año por CNN.

Foto: Twitter

Relotius publicó una serie de reportajes exitosos en este periódico, pero la mayoría (sino es que todos) son falsos. En otras palabras, inventó muchas de sus historias. Ahora, cada uno de sus textos tienen una pequeña advertencia de que pueden ser ficticios, como si se tratara de una pequeña crónica publicada con fines de entretenimiento pero no informativos.

Claas Relotius / Foto: Vía Houston Style Magazine

A mediados de diciembre de 2018, salió la noticia de que Relotius podía enfrentar cargos por su labor, pero es hasta ahora que el tema ha tomado cierta relevancia gracias a la mención de un tal Juan Moreno, el hombre que descubrió todas las mentiras detrás de las historias del periodista alemán.

Pero, ¿cómo fue todo?

De acuerdo con El País, a Moreno le encargaron un reportaje sobre la crisis migratoria en la frontera de México con Estados Unidos. Moreno debía seguir la caravana hasta su llegada a la frontera mientras Relotius, con un puesto mucho más alto, estaría esperando del otro lado para ver cómo es que los migrantes son recibidos. El trabajo se hizo, se tituló La frontera de Jaeger, pero pocas cosas del texto del alemán encajaban con las primeras versiones.

Según el mismo medio, el punto de quiebre fue cuando Relotius agregó una escena de escándalo a una de sus últimas versiones. ¿Por qué no la puso desde un principio?, ¿por qué no dijo que le dispararon a un migrante? Así fue como comenzó todo para desenmascarar uno de los escándalos de fake news más grandes de los últimos años, muy similar al de Jayson Blair del New York Times, un hombre que fabricó más de 30 reportajes con personajes, citas y viajes fantasma.

Foto: GERT KRAUTBAUER (EFE) Vía El País

Algunas de las partes de los reportajes de Relotius, eran verdad mientras otras no. Es decir, la tarea de encontrar los reportajes falsos (escribió poco más de 60), es aún más complicada. Moreno viajó a Estados Unidos para encontrarse con los personajes de La frontera de Jaeger, pero nadie nunca había visto al alemán.

Y no se queda ahí, en falsificaciones e inventos de cuento. Sino que también, Relotius pidió dinero a las personas que le preguntaban sobre las víctimas de sus artículos y reportajes. Un fraude total en la era digital que pone de manifiesto, nuevamente, el peligro de las fake news y la responsabilidad de los periodistas dentro de medios digitales o impresos en una época en la que abunda el “miedo al fracaso”, como se justificó el mismo Relotius cuando fue encarado por un reportero menor.

El caso de Claas ha puesto en jaque a la redacción de Der Spiegel y a los medios tradicionales en general en una Alemania que busca desacreditar a los periodistas.