Lo que necesitas saber:
Tras revisar la jugada, el árbitro Raphael Claus le mostró la tarjeta roja directa al delantero estadounidense, por lo que fue expulsado de inmediato.
Durante el fin de semana se ha hecho muy viral el caso de Folarin Balogun, jugador de la selección de Estados Unidos que actualmente disputa la Copa Mundial de 2026.
Sin embargo, todo comenzó el pasado 1 de julio, cuando Estados Unidos se enfrentó a Bosnia y Herzegovina. Durante el encuentro, el jugador Tarik Muharemović resultó lesionado luego de que Balogun le pisara el tobillo.
Tras revisar la jugada, el árbitro Raphael Claus le mostró la tarjeta roja directa al delantero estadounidense, por lo que fue expulsado de inmediato.
Pero la polémica no comenzó con la expulsión. Horas más tarde, la FIFA informó que Folarin Balogun podría disputar el partido de este 6 de julio ante Bélgica, pese a que inicialmente debía cumplir un encuentro de suspensión tras haber recibido la tarjeta roja.
Fue entonces cuando el propio Donald Trump confirmó que había hablado con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir que se revisara la jugada, pues aseguró que, desde su punto de vista, la acción no ameritaba una tarjeta roja.
Lo que llamó todavía más la atención fue que, poco después, la FIFA anunció que Balogun podría disputar el partido de este 6 de julio ante Bélgica, pese a que inicialmente debía cumplir un encuentro de suspensión.
Pero ¿por qué esto causó tanto revuelo?
Bueno, la polémica comenzó porque Estados Unidos es uno de los países anfitriones del Mundial junto con México y Canadá. Además, en diciembre de 2025, Gianni Infantino entregó a Donald Trump el primer Premio FIFA de la Paz, destacando sus gestiones para impulsar ceses al fuego y mediar acuerdos internacionales.
Por ello, en redes sociales comenzaron a surgir señalamientos sobre un posible trato preferencial hacia la selección estadounidense, aunque hasta el momento la FIFA sostiene que el proceso se llevó a cabo conforme a su reglamento.
Y es que el 6 de julio, Gianni Infantino emitió un comunicado para aclarar la situación. En él explicó que “los órganos judiciales de la FIFA son independientes.
Operan de manera autónoma, aplican el Código Disciplinario de la FIFA y deciden los casos con base en las regulaciones aplicables y los hechos específicos. Su independencia es esencial para la credibilidad e integridad del futbol y debe respetarse siempre“.
Con estas declaraciones, Infantino intentó aclarar que no participó en la decisión y aseguró que la llamada de Trump no tuvo ninguna influencia, pues el órgano judicial de la FIFA actúa de manera independiente.
Pero para entender la polémica hay que hablar de las tarjetas
Antes de entrarle de lleno al caso de Balogun hay que entender cómo funcionan las tarjetas en un Mundial. La amarilla es una advertencia por faltas o conductas antideportivas, pero ojo porque si un jugador recibe dos amarillas en el mismo partido, automáticamente se convierten en una roja y termina expulsado.
Además, acumular dos tarjetas amarillas en distintos partidos también puede provocar una suspensión, aunque la FIFA “limpia” esas amonestaciones en ciertas fases del torneo para evitar que los jugadores lleguen condicionados hasta las instancias finales.
La tarjeta roja, por su parte, trae consecuencias más fuertes. Además de dejar a tu equipo con un jugador menos durante el resto del partido, normalmente implica una suspensión automática para el siguiente encuentro. Incluso, si la falta es considerada grave, la sanción puede aumentar.
Justamente por eso la decisión de la FIFA con Balogun levantó tantas dudas, pues en lugar de cumplir ese partido de castigo, el organismo dejó en pausa la sanción y le permitió estar disponible para los octavos de final.
Bélgica no se quedó callada
Y es que la polémica siguió creciendo, pues este mismo 6 de julio Estados Unidos y Bélgica disputan su pase a los cuartos de final. Ante ello, la Real Federación Belga de Futbol aseguró que quedó “asombrada” con la decisión de la FIFA de permitir que Balogun disputara el encuentro, pues recordó que una tarjeta roja directa normalmente implica una suspensión automática para el siguiente partido.
Además, la federación belga cuestionó la forma en la que se tomó la decisión. De acuerdo con sus declaraciones, solicitaron a la FIFA una copia de la resolución, el reporte arbitral y la justificación legal que permitió dejar en pausa la sanción, pues aseguran que nunca recibieron una explicación clara sobre el cambio de criterio.
Aunque Bélgica intentó impugnar la participación de Balogun al considerar que la medida rompía con la manera en que se había aplicado el reglamento durante el resto del Mundial, la FIFA rechazó el recurso por cuestiones de procedimiento, lo que terminó alimentando todavía más la polémica.
La UEFA también explotó
Pero las críticas no terminaron ahí. La UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Futbol) fue una de las organizaciones que reaccionó con mayor dureza y calificó la decisión de la FIFA como “sin precedentes, incomprensible e injustificable”.
Para el organismo europeo, permitir que Balogun jugara después de una tarjeta roja directa rompe con uno de los principios básicos del reglamento y pone en duda que las mismas reglas se apliquen para todos.
La polémica aumentó todavía más cuando la UEFA aseguró que la FIFA “cruzó una línea roja”. Recordó que una suspensión automática tras una tarjeta roja no debería quedar sujeta a interpretaciones o excepciones, mucho menos durante una Copa del Mundo.
Además, señaló que esta decisión pone en juego la credibilidad del torneo, pues otras selecciones también perdieron jugadores por este tipo de sanciones y no recibieron el mismo trato.
Para el organismo, el caso Balogun va mucho más allá de una simple tarjeta roja y abre un debate sobre la imparcialidad con la que se toman este tipo de decisiones.
Y es que, más allá de la sanción, la conversación ya cambió de rumbo. Más de uno comenzó a preguntarse si realmente todas las selecciones están siendo tratadas bajo las mismas reglas o si este caso representa una excepción.
Mientras tanto, la FIFA mantiene su postura y asegura que la decisión fue tomada de manera independiente por su órgano disciplinario.
Para mala suerte del máximo organismo del futbol mundial, el caso ya abrió la puerta para que otras selecciones que también perdieron jugadores por suspensión pidan que sus casos sean revisados bajo el mismo criterio.
