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31 centímetros de inclinación y mil días de lucha en Xochicalco 38

Pocas cosas son más mexicanas que encontrar consuelo en el humor después de una tragedia. Sacar una sonrisa frente a la desgracia o disfrazar la impotencia y el coraje con algún chiste atinado, se han convertido en deporte nacional. “Es como vivir en aquella Casa del Tío Chueco, donde te agarrabas de todas las paredes”, cuenta Ana Lucrecia Contreras, vecina de Xochicalco 38, un edificio en la colonia Piedad Narvarte de la Ciudad de México.

Es difícil no reír —en complicidad— cuando escuchas que las ollas siempre se desbordan del mismo lado, o que cualquier naranja que se escape del frutero emprenderá una aventura hasta la pared más lejana de la casa.

Y es que el edificio de Xochicalco 38 está inclinado. 

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Tras el sismo que sacudió a México la tarde del 19 de septiembre de 2017, las paredes del departamento de Ana Lucrecia Contreras perdieron la vertical. Las columnas del edificio cedieron al peso y los muros se desplomaron.

Desde aquella tarde de hace tres años, los vecinos de Xochicalco 38 viven en departamentos con 31 centímetros de inclinación.

“El peligro es inminente. Está constante”, comenta Ana Lucrecia, vecina del cuarto y último piso en este edificio residencial, ubicado en la Benito Juárez. “Estamos viviendo aquí en un edificio que tiembla cada vez que pasan los camiones pesados sobre la calle. El techo tiene grietas, huecos. Bajamos aterrorizados por esas escaleras”.

Las normas de las Ciudad de México dicen que un edificio de cuatro plantas, como el de Xochicalco 38, podría tener únicamente ocho centímetros de inclinación.

Ellos viven con cuatro veces más el límite permitido. 

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Desde hace meses, las autoridades de la Ciudad de México han advertido el riesgo del edificio, han encontrado fallas estructurales e incluso tienen registrada la necesidad de reconstruir este inmueble. ¿El problema? Han pasado más de mil días desde que se cimbró nuestro país con el sismo del 19 de septiembre y en Xochicalco 38 todavía no se ha puesto ni una sola piedra para componerlo.

Mientras los mexicanos recordamos el luto de esta tragedia o las autoridades presentan sus avances, las familias de este edificio de cuatro pisos en la Benito Juárez siguen viviendo en riesgo… aunque se escapen algunas sonrisas recordando historias de ollas desbordadas.

“A veces no puedes dormir. A veces tus hijos están nerviosos porque creen que está temblando. Siempre estás en la puerta a punto de correr. Estamos todo el tiempo con miedo de que no venga otro temblor”.

“Estamos esperando a que nos resuelvan”.

Unirse para la reconstrucción

La lucha por la reconstrucción de Xochicalco 38 ha sido larga y la batalla, como cuenta Ana Lucrecia, comenzó con sus propios vecinos.

Esta historia se lleva a cabo en medio de la Benito Juárez, frente a uno de los centros comerciales más populares de la Ciudad de México, con restaurantes y tiendas alrededor; en un edificio con cajones para estacionamiento y con dos departamentos por piso. Conociendo las historias de nuestro país, no es una zona en la que —aún viendo la peligrosa inclinación o los notorios daños—  los vecinos pudieran sentirse “damnificados”.

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“La gente al principio no quería aceptarlo”, cuenta Ana Lucrecia cuando recuerda las primeras juntas que tuvo con sus, ahora, compañeros de lucha.

“Es difícil tener la conciencia de saber que estás en un problema: que tu casa ya no vale nada. Que lo que hiciste con todos los años de tu vida, ahora se está desmoronando. Que es lo único que tienes. Que aquí vive tu familia. Es verdaderamente difícil de aceptar”.

Aunque originalmente —cuenta— las primeras reacciones de sus vecinos fueron de enojo, todo cambió al recibir los resultados de los primeros estudios.

Una cosa es sentir tu casa inclinada y otra es ver un documento oficial, certificado por la Comisión para la Reconstrucción de la Ciudad de México, en la que establecen que tu edificio tiene 31 centímetros de pendiente, que se encuentra en alto riesgo y que tiene que ser rehabilitado.

Ana Lucrecia vive con sus hijos universitarios y con su esposo, pero en Xochicalco 38 cohabitan siete familias más.

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Al conocer los resultados, supieron que la voz de una persona no bastaría. Impulsados por Ana Lucrecia, los vecinos de este edificio se unieron a Damnificados Unidos para enfrentarse a este reto en comunidad. Para escuchar juntos las asambleas, para hacerle montón a los abogados, a los ingenieros y a las empresas que se acercan cada vez que la reconstrucción pareciera avanzar.

En comunidad. Para seguir luchando por una vivienda digna, a tres años del sismo.

Los ‘avances’ en Xochicalco 38

En los datos oficiales, ubicados en la Comisión para la Reconstrucción de la Ciudad de México, la rehabilitación del edificio de Xochicalco 38 aparece registrado como “en proyecto”.

Palabras temibles.

“En proyecto”, es un avance. Sin embargo, es también una barrera indescriptible.

“En proyecto” es un punto donde ya se conocen los daños. Un punto en el que ya se asignaron los recursos económicos, donde las autoridades tienen en sus manos el proyecto de rehabilitación. Un punto en el que ya se tuvieron cientos de juntas, ya se entregaron documentos y aún así, la reconstrucción todavía no ha comenzado. Ni una piedra.

Después de más de dos años de incertidumbre total, los vecinos de Xochicalco 38 recibieron, en marzo de este 2020, un documento prometedor: en él, las autoridades capitalinas se comprometían a comenzar las obras el día 4 de junio. 

La fecha pasó y nadie se presentó.

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Ana Lucrecia Contreras contaba, en la primera semana de septiembre, que buscó respuestas oficiales para el retraso en la rehabilitación de Xochicalco 38. 

Un día antes, tuvieron una reunión con la Comisión para la Reconstrucción.

“Ayer nos enteramos que hay tres empresas cotizando para ver quién se queda con el proyecto”, narra Ana Lucrecia. “Si no hacemos la reunión, ni nos enteramos que hay empresas buscando el contrato. Nosotros ya estábamos esperando la fecha que nos habían dado, pensando que ese día iba a quedar”.

Cuenta que no les dieron una fecha —ni siquiera tentativa— para darle continuidad a la reconstrucción, tampoco les mencionaron el presupuesto o si el proyecto, ese que habían obtenido después de años de lucha, sigue en pie.

Los vecinos no pueden decir siquiera que la obra está parada, porque no ha comenzado. 

A tres años del sismo, en Xochicalco 38 siguen viviendo en departamentos inclinados. En alto riesgo. Al igual que muchos otros edificios de la Ciudad de México dañados aquel 19 de septiembre, la lucha por una vivienda digna sigue en pie. Y esa no ha cedido al peso.