Lo que necesitas saber:
La fotografía de Gabriel Figueroa dejó su huella en la Época de Oro del Cine Mexicano. Su talento se encargó de transmitir la emoción, la belleza y el drama en más de 200 producciones.
Gabriel Figueroa es reconocido como el fotógrafo principal del Cine de Oro Mexicano, con su ojo único y su cámara se dedicó a capturar los matices del México mítico y profundo. Participó en más de 200 largometrajes y documentales que quedaron marcados por su talento visual. Aquí presentamos algo de su historia, su trayectoria y algunas imágenes de lo mejor de su obra.

Como director de fotografía, se le considera como el gran maestro del uso del claroscuro y la composición. También llamado el “padre de la cinematografía mexicana”, su influencia llega hasta el cine de nuestros días y gran parte de su fotografía ya pertenece a nuestro imaginario colectivo, gracias a películas como Enamorada (1946), Los Olvidados (1950) o Macario (1960).

Con su lente, se encargó de retratar los paisajes mexicanos tradicionales, con volcanes, magueyes y cielos espectaculares, entre otros muchos elementos de nuestra cultura. Su fotografía compartía la esencia del muralismo de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, pues realizaba encuadres frontales y directos, capturaba líneas de horizonte bajas y plasmaba en la pantalla su noción de lo monumental y lo épico.
Un icónico director de fotografía
El cinefotógrafo Gabriel Figueroa Mateos nació en 1907 en la Ciudad de México. Cursó el bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso y tuvo estudios de pintura en la Academia de San Carlos y de música en el Conservatorio Nacional de Música. Desde muy joven trabajó en estudios fotográficos y su carrera en el cine comenzó con la película Revolución, la sombra de Pancho Villa (1932), para la que tomó fotos fijas.

Más tarde, en 1935, recibió una beca para estudiar en Hollywood, donde fue alumno de Gregg Toland, cinefotógrafo de El ciudadano Kane (1941), película dirigida y protagonizada por Orson Welles. Entonces, Figueroa se especializó en técnicas más complejas como el uso de lentes angulares, la profundidad de campo y filtros especiales para obtener imágenes dramáticas. Asimismo, recibió la influencia del expresionismo alemán y del cineasta soviético Sergei Einsenstein.

Su primer reconocimiento importante lo recibió en la Muestra Internacional de Cine de Venecia, gracias a la película Allá en el Rancho Grande (1936), la que marcó en inicio de la Época de Oro del cine nacional.
Fotógrafo de grandes producciones
Con el tiempo, llegaron más filmes icónicos que lo consolidaron como el más grande director de fotografía mexicano, entre ellos: Flor Silvestre (1943), María Candelaria (1943), La Perla (1945) o Salón México (1948), entre otras joyas del cine mexicano.

Trabajó al lado de figuras como Emilio “Indio” Fernández, Luis Buñuel, Ismael Rodríguez, María Félix, Mario Moreno Cantinflas, Pedro Armendariz y otras personalidades internacionales como los realizadores John Ford y John Houston, y estrellas como Elizabeth Taylor, Marlon Brando y Richard Burton.
La huella de Gabriel Figueroa en el cine mexicano
Figueroa retrató los paisajes agrestes mexicanos, dándoles su sello personal para ser reconocidos internacionalmente. Su uso único de contrastes y juegos de luces y sombras lo caracterizaron durante la época en que el cine se producía en blanco y negro, y su arte fue un elemento indispensable para consolidar la Época de Oro del Cine Mexicano.

Durante su carrera recibió 10 premios Ariel, una Diosa de Plata de PECIME, así como múltiples reconocimientos en festivales de cine de todo el mundo. Su obra artística se exhibe en diferentes exposiciones de museos y galerías de México y otros países, a Figueroa se le considera como un genio y un poeta del paisaje.

Además, sus imágenes dramáticas e impresionantes siguen dando de qué hablar y son de gran influencia entre los cineastas de la actualidad. Es famoso por sus cielos enigmáticos, sus rostros hermosos, sus besos apasionados y sus personajes realistas que iban desde revolucionarios y campesinos, hasta héroes y personajes marginados de la ciudad, sin olvidar a las divas que inmortalizó con su lente.

También se le relaciona con artistas como José Clemente Orozco y Gerardo Murillo “Dr. Atl”, y Diego Rivera lo consideraba como “el cuarto gran muralista mexicano”, gracias a su estética única. Figueroa nos dejó en 1997 y nos dejó un importante legado cinematográfico que sigue impactando a los espectadores.

