Lo que necesitas saber:

El fútbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes. Pero, ¿realmente lo es?

Lejos de los grandes estadios y los reflectores mundialistas, en las canchas de barrio y los torneos de fútbol llanero donde comenzaron las grandes leyendas del balompié; es la violencia, la inseguridad y otros desafíos los que amenazan los espacios donde miles de jóvenes sueñan con convertirse en futbolistas profesionales.

Fútbol llanero bajo presión y de cómo la violencia amenaza a las futuras estrellas mexicanas
Foto: Isabel Mateos-Cuartoscuro.

Fútbol llanero bajo presión y de cómo la violencia amenaza a las futuras estrellas mexicanas

Mientras el Mundial vuelve a paralizar ciudades, encender conversaciones y colocar al fútbol en el centro de la conversación pública, una vieja frase vuelve a cobrar sentido: el fútbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes. Pero, ¿realmente lo es?

Basta mirar alrededor para dudarlo. El fútbol mueve miles de millones de dólares, genera ídolos, moviliza emociones colectivas, marca agendas políticas y ocupa buena parte de la conversación pública.

También ha inspirado a escritores, periodistas e intelectuales como Eduardo Galeano o Juan Villoro, que seducidos por el juego, mortales al fin; ambos han encontrado en este deporte un pretexto para pensar la sociedad, la identidad y la vida cotidiana, demostrando que detrás de un balón también caben la memoria, la política y la cultura.

Fútbol llanero bajo presión y de cómo la violencia amenaza a las futuras estrellas mexicanas
Foto: José I. Hernández-Cuartoscuro.

“Hay quienes creen que el fútbol es cuestión de vida o muerte… Les aseguro que es mucho, mucho más importante que eso”, se dice que llegó a declarar Bill Shankly y quien fuera entrenador del equipo británico Liverpool.

Antes de la euforia de afición, las transmisiones millonarias y las grandes estrellas, el fútbol comienza en otro lado: en una cancha de tierra, en una liga de barrio o en una reta dominical; porque ahí dieron sus primeros pasos leyendas como Pelé, Diego Maradona, Lionel Messi o Ronaldinho; quienes respiraron polvo en la favela o el arrabal, espacios que probablemente, o no, seguirán formando miles de promesas jóvenes que sueñan con recorrer el mismo camino.

Por eso, mientras el país vive una nueva fiebre mundialista, una pregunta se asoma en el ambiente mundialista: ¿Qué ocurre cuando la violencia y la inseguridad alcanzan los espacios donde nacen los futuros futbolistas?

Mucho más que un partido

Hace semanas, en entrevista con Aristegui Noticias, el escritor y cronista Juan Villoro advertía que la violencia e inseguridad que padece buena parte de la sociedad mexicana también ha comenzado a penetrar los espacios del fútbol llanero y que en los últimos siete años cerca de 70 futbolistas amateurs han sido asesinados en distintos episodios vinculados a la violencia que vive el país, por disputas entre grupos criminales hasta conflictos relacionados con el huachicol.

Pero antes de hablar del miedo que ha comenzado a colarse en algunas canchas, vale la pena entender qué es exactamente el fútbol llanero y por qué no es “lo más importante de lo menos importante”.

Para Charro TV, cronista especializado en el fútbol amateur del Bajío; esta práctica va mucho más allá de un partido, pues se trata también de una fiesta que se vive los fines de semana y a veces entre semana, ya sea los jueves o los viernes en la noche, o cuando se acomoden los partidos en función de la disponibilidad de las canchas.

El periodista ha testificado que el fútbol llanero reúne a familias completas y que convoca a personas de todas las edades, desde categorías infantiles hasta jugadores veteranos que, incluso a los 75 años; siguen tocando un balón.

La dimensión de la pasión ayuda a entender su importancia, por ejemplo, en el Professional Football Report 2023, la FIFA ubicó a México como el país con más futbolistas profesionales registrados del mundo, con 9 mil 464 jugadores y 244 clubes.

Entre el 70 y el 80 por ciento de esos jugadores dieron sus primeros pasos en las ligas amateurs y las canchas de barrio, explicó Charro TV.

Pero el fútbol llanero también es una economía de la que viven miles de familias y alrededor de las canchas están árbitros, entrenadores, vendedores de comida, fotógrafos, fabricantes de uniformes, tiendas deportivas, transportistas, encargados de campos y pequeños comerciantes, detalló.

“Hay chavos que se pagan su escuela de lo que ganan en los partidos”.

Para el también creador de contenido, uno de los principales desafíos es que el fútbol llanero no suele ser visto como una industria ni como una herramienta de desarrollo social: “Tenemos jugadores de primera, pero canchas de tercera” y explicó que en muchos casos los espacios deportivos carecen de baños, vestidores, botes de basura, zonas de sombra o mantenimiento básico.

Fútbol llanero bajo presión y de cómo la violencia amenaza a las futuras estrellas mexicanas
Foto: Enrique Ordóñez-Cuartoscuro.

Y aun así, la tradición se mantiene de donaciones, cooperaciones, comerciantes locales y aficionados ayudan a sostener equipos, uniformes y torneos.

Se ha visto cómo el comercio local apoya a jugadores lesionados, comunidades enteras organizan rifas y colectas, donde la propia afición termina por mantener viva una actividad que, más allá del deporte, forma parte del tejido social.

“Somos muy acelerados, pero también muy unidos”.

Y quizá ahí radica una de las fortalezas del fútbol llanero: en esa capacidad de convertir un partido en comunidad, una cancha en punto de encuentro y un balón en una oportunidad para miles de personas.

Cuando el miedo entra a la cancha

Para Sopitas.com, David Faitelson habló de un fenómeno que va más allá de los resultados o de la falta de espacios deportivos: “Hemos perdido la calle”.

Y es que para el cronista deportivo la cascarita, salir con los amigos y pasar horas detrás de un balón forman parte de una realidad cada vez menos frecuente, pues la inseguridad también ha terminado por alcanzar al fútbol de barrio.

“Ya no sabes con quién estás jugando”.

Y es que la violencia, pandemia social que azota a México sin un pronto fin, ha provocado que muchas personas dejen de acudir a las canchas, y quienes pueden, acuden a espacios más controlados y para Faitelson el fútbol llanero es una más de las actividades cotidianas que han resentido la ingobernabilidad que atraviesa al país.

Una investigación del diario Reforma documentó que, en los últimos años, se han registrado asesinatos y ataques contra futbolistas amateurs, así como episodios de violencia relacionados con partidos y ligas locales.

De acuerdo con el periódico, estados como Guerrero, Jalisco y Nuevo León concentran parte de estos casos, mientras que en entidades como Zacatecas, Hidalgo, Chihuahua, Ciudad de México, Michoacán, Puebla y Querétaro también se han reportado agresiones vinculadas al fútbol amateur.

La misma investigación recoge cómo algunas ligas han suspendido partidos y cómo espacios históricamente asociados con la convivencia tampoco han permanecido ajenos a las dinámicas de violencia que afectan al país.

Pero más allá del número de víctimas o de los partidos suspendidos, que ya es una lamentable realidad, la pregunta es otra: ¿Qué pierde una comunidad cuando pierde sus espacios de encuentro?

La reflexión atraviesa al académico, como al jugador, Roger Magazine, director del departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana de la CDMX: que conoce el fútbol llanero desde ambos lados, como investigador pero tambièn porque durante años se reunió con sus amigos a jugar en unas canchas de la colonia Roma.

Y aunque desearía retomar las cascaritas, son las lesiones que por ahora lo alejan del balón pero no del análisis académico al reconocer que esos partidos eran mucho más que un ejercicio físico.

El fútbol llanero, explicó el antropólogo social, funciona como una válvula frente al estrés cotidiano, pero también como un ritual de convivencia, donde se construyen amistades, identidades y formas de comunidad que trascienden los 90 minutos.

“Lo que ocurre alrededor de una cancha es, en realidad, una forma de vida”.

Y quizá por eso las consecuencias de la violencia no sólo se miden en víctimas o en partidos suspendidos, también se expresan en aquello que deja de ocurrir cuando las personas dejan de encontrarse, porque cuando una comunidad pierde sus espacios de convivencia, pierde también conversaciones, redes de apoyo y pequeñas tradiciones cotidianas que difícilmente aparecen en las estadísticas, explicó el también miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

El académico reflexionó que la erosión del tejido social no siempre ocurre de golpe y comienza, para efectos del fúbol llanero, cuando las familias dejan de ir a las canchas, cuando los amigos prefieren regresar rápido a casa o cuando una actividad que durante décadas sirvió para reunir a generaciones distintas empieza a vivirse con desconfianza.

Y aunque el fútbol llanero difícilmente resolverá por sí solo los problemas del país, su deterioro también refleja cómo la violencia termina por alterar las formas más sencillas y cotidianas de construir comunidad, dijo.

Por eso, Roger Magazine explicó que si las canchas donde nacen los sueños terminan por ceder frente a la violencia y al crimen organizado, lo que México podría perder no serían solamente futuras estrellas del fútbol, sino también estaría en riesgo una de esas tradiciones que, cada fin de semana, siguen reuniendo a familias, amigos y comunidades enteras alrededor de un balón, porque, al final, quizá el fútbol llanero nunca fue solamente fútbol.

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Periodista independiente que busca incidir desde el oficio, aunque sea con poco, para un mejor país, un mejor planeta. Lo merecemos como especie. Ha colaborado para diversos medios de comunicación...

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