Desde que salió el primer tráiler de Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu protagonizada por Tom Cruise, se habló de ciertas referencias visuales y narrativas del filme a títulos como Dr. Strangelove, de Stanley Kubrick, pero, sobre todo, la filmografía de Roy Andersson.
Ahora con el tráiler final de Digger, creemos ver la conexión, la cual va más allá de los visuales y el absurdo. A ver qué les parece.
Digger y Dr. Strangelove
Con Dr. Strangelove, de 1964, la situación que se presenta es tan absurda que deja de ser una sátira para convertirse en una caricatura, una que no puede escapar de su realidad. Es graciosa, mucho, porque los personajes no se dan cuenta de que lo que dicen irracional, igual lo que buscan.
Se toman muy en serio, y no hay nada más gracioso que alguien que no se da cuenta.
En Digger, un millonario con una gran panza es el responsable de un desastre ecológico de proporciones catastróficas. Y ante la posibilidad de no poder controlarlo, lo que le queda es cambiar la narrativa de la realidad. Y es aquí donde no sólo se refleja lo mencionado sobre Dr. Strangelove, sino también el cine de Roy Andersson.
Roy Andersson
Roy Andersson es un director sueco que, a lo largo de más de cinco décadas, ha dirigido apenas seis largometrajes. El resto de su enorme carrera está marcado por comerciales y cortometrajes, uno de los cuales, creemos, terminó por definir gran parte de su cine en el nuevo milenio.
Después de dos largometrajes en 1970 y 1975, Roy Andersson trabajó en el cortometraje Mundo de gloria, de 1991, sobre un hombre que atraviesa distintos escenarios trágicos, tristes e irreversibles.
El corto inicia con un grupo de personas vestidas con trajes que permanecen inmóviles frente a un camión lleno de hombres, mujeres y niños desnudos. Todos ellos van a morir. Y el resto simplemente los observa, como estatuas.
El narrador, un hombre que parece ser de clase media, también lo ve. Luego va a visitar a su mamá, después la tumba de su padre y, en cada uno de estos escenarios, entre una tina de baño, una cama o su propio trabajo, nos intenta explicar su vida y para qué sirven las cosas que lo rodean.
Pero sus palabras no buscan explicar la existencia de las cosas o los espacios, sino la de él mismo. Pero no puede justificarse.
Desde ahí, Roy Andersson no ha hecho sino construir una filmografía compuesta por escenas que parecen, primero, escenarios de un teatro. Y luego, pinturas que requieren un tiempo justo de espera para verse por completo.
Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia
Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia, de 2014, la cual se llevó el León de Oro en el Festival de Venecia, se centra en un par de sujetos que venden productos que pretenden ser graciosos, como una máscara. Pero no lo son.
Se apresuran a demostrar su utilidad como artefactos graciosos, pero no lo son. Y entre más lo intentan, menos graciosos resultan los objetos. Pero ellos no. Todo lo contrario.
Hay una escena espectacular en la que enseñan sus productos a un sujeto en un bar. Nadie se ríe, las expresiones son mínimas. En cuanto uno de ellos se pone la máscara, llegan soldados del siglo XVIII a caballo. Y luego llega el rey Carlos XII de Suecia. Por la ventana y la puerta podemos ver a un montón de soldados yendo directamente a la guerra.
Minutos más tarde, los vemos heridos, de regreso, caminando hacia el lado contrario. La única manera de apreciar la escena es viéndola. No hay manera de explicarla, tampoco de concentrar su significado.
Podría ser sobre cómo los humanos nos repetimos a nosotros mismos, y el pasado no es sino el presente y el futuro: iguales.
Su simil con Digger
La paleta de colores de Roy Andersson, un tanto apagada, y sus escenarios, cuyos componentes permanecen estáticos, se reflejan en los vistazos que hemos tenido de Digger.
La película de Iñárritu parece ser una puesta en escena, una secuencia presentada por el protagonista para cambiar la narrativa y en la que participan algunos de quienes lo rodean.
Quizá el desastre esté cerca, quizá haya una manera de revertirlo y quizá lo único que queda es esperar para ver qué historia es la que él decide contarnos y de ahí, actuar.
El tráiler final de Digger resulta bastante revelador porque parece que la historia no va hacia descubrir si su protagonista podrá o no detener el desastre, sino ver hasta dónde está dispuesto a llegar para convencerse —y convencernos— de que todavía tiene el control.
Pero podría sucederle lo mismo que a los vendedores de Andersson.
Si el director mexicano está jugando con esas mismas ideas, entonces Digger nos emociona mucho más al plantear la necesidad de unos cuantos de decidir quién tiene derecho a contar cómo se acaba… la humanidad.
