Mabel

Llevo semanas obsesionada con los castores. La culpa es de Hoppers, la última película de Pixar dirigida por Daniel Chong, porque no sólo los tiene como protagonistas de una aventura tan intensa como divertida (en serio, esta película es Pixar en tachas y es lo mejor que le pudo haber pasado al estudio).

También porque verlos redondos y abrazables en Hoppers me hizo notar lo poco que sabía de ellos —lo escribo en pasado porque ahora sé un poco más— y, sobre todo, lo poco que aún sé sobre la forma en la que se construye el mundo que habito gracias a ellos.

Y ese mundo, que es el mismo que habitas tú que lees esta nota, cambió tanto desde que casi los desaparecemos que no queda más que luchar por traerlos de vuelta. Un buen inicio para hacerlo —aunque no suene realista— es viendo Hoppers. Así que vamos por partes.

Imagen de Hoppers / Foto: Pixar

Vimos Hoppers en Pixar

Vimos Hoppers en las oficinas de Pixar ubicadas en San Francisco. Son un sueño. Tienen canchas de básquet y voleibol, un comedor enorme y una cafetería en la que te pueden personalizar el café con algún detalle de las películas del estudio.

No me imagino ir a trabajar a un sitio donde cada espacio refleja personajes de mi niñez y mi juventud. Ya saben: caminar hacia el baño y encontrarte con un Woody y Buzz tamaño real. O salir rumbo a casa y ver en la entrada la gigantesca lámpara que, además, sí se enciende por las noches para iluminar el edificio.

La lámpara de Pixar en las oficinas de San Franciso / Foto: Sopitas.com

La cosa es que vimos Hoppers ahí mismo. Es una historia cien por ciento original. Daniel Chong nos contó que tardó unos seis años en desarrollarla desde 2019 y que su intención era hacer una película de escala épica sobre el mundo natural. Pero no de pingüinos —esa se la debemos a George Miller—, sino de castores.

¿Por qué un castor? Porque son asombrosos. Pero a eso llegamos en un momento.

En términos narrativos, los castores permiten varias cosas cuando quieres construir una historia de gran escala: son redondos, fáciles de dibujar y su propia existencia reúne a muchas otras especies en un mismo lugar.

Eso quiere decir que si pones un castor en una película queda justificada la presencia de prácticamente cualquier animal. Y si hay muchos animales, entonces puedes contar cualquier historia.

Y esa historia es Hoppers.

Imagen de Hoppers sobre castores / Foto: Pixar

Hoppers

Hoppers nos presenta a Mabel, una niña amante de los animales que, gracias a su abuela —quien vive cerca de un estanque natural habitado por una familia de castores—, construye su identidad alrededor del activismo.

Con el paso de los años y la muerte de su abuelita, el estanque queda abandonado. No hay castores que lo habiten. Y si no hay castores, no hay ningún otro animal.

Mabel descubre la razón: la próxima construcción de un puente para conectar ciudades, de la misma manera en la que los castores conectan hábitats.

Para evitar el colapso del lugar, Mabel encuentra una única solución: crear una alianza con los animales desplazados.

El personaje de Mabel en Hoppers / Foto: Pixar

¿Cómo? Pasando su conciencia al animatrónico de un castor creado en la universidad donde estudia. Así como lo leen.

Chong nos contó que parte de la idea de Hoppers vino del concepto de Avatar de James Cameron, pero también de la posibilidad de construir cuerpos que puedan mezclarse con la realidad, algo muy cercano al trabajo de los Imagineering de Disney.

Y no sólo eso. Cuando vean Hoppers, notarán que su influencia también se extiende al género de espías: thrillers a lo Misión imposible o La supremacía de Bourne.

Que conste que no les dijimos que era una historia original.

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Hoppers en Yellowstone

No terminaríamos nunca de contar cada detalle detrás de HoppersEs una película que tardó seis años en hacerse realidad, y es imposible comprimir tanto tiempo en una sola nota. Mucho menos si esa nota intenta resumir también los millones de años que los castores llevan construyendo nuestro mundo.

La idea original era acercarse lo más posible a la naturaleza real de los castores y a los espacios que habitan. En un inicio, el equipo de producción tenía una tarea clara: simplificar la naturaleza.

Pero cuando se dieron cuenta de que no podían hacerlo, decidieron interpretarla según las necesidades de la historia.

Un lindo castor / Foto: Shutterstock

Y para eso se lanzaron al Parque Nacional de Yellowstone, un territorio tan grande que ocupa parte de tres estados: Wyoming, Montana e Idaho (unos 8 mil kilómetros cuadrados, aproximadamente).

Este es uno de los lugares donde se ha restaurado la presencia de castores como parte de un esfuerzo internacional por recuperarlos.

Porque sí: hace siglos quedaron casi extintos por el afán humano de obtener su pelaje, su carne y sus glándulas odoríferas.

Hoy Yellowstone registra 121 colonias de castores, unas cien más que hace un siglo.

El equipo de Pixar recorrió distintas zonas del parque para fotografiarlos, estudiarlos y hacer una representación fiel de los castores en pantalla.

Un castor es un ingeniero de la naturaleza / Foto: Shutterstock

Los castores son como Jackson Pollock

Y aquí fue donde empezaron a pasar cosas extraordinarias.

Bryn Imagire, diseñadora de producción, y Beth Albright, responsable de efectos visuales, nos contaron que arrancaron un pedazo de la presa de unos castores para estudiarla: observar cómo estaban dispuestas las ramitas, la consistencia del lodo y los materiales.

Días después regresaron y descubrieron algo increíble. Los castores habían reconstruido exactamente la parte que habían retirado. Las ramitas estaban colocadas prácticamente en el mismo orden.

Los castores son como Jackson Pollock: parecen un caos, pero todo está puesto con intención.

Ese fragmento de presa se lo llevaron para replicarlo. Y en Pixar terminaron creando unas 63 mil ramitas digitales para construir una presa modelo. Lo mismo hicieron con todo el entorno natural del bosque: esculturas digitales e impresiones en 3D.

Presa impresa en 3D para Hoppers / Foto: Sopitas.com

Personajes pachones

Las fotografías de Yellowstone son impresionantes. Ayudaron a que el agua pareciera real y a que los colores correspondieran a la luz que se refleja en un bosque.

La paleta visual toma referencias de Bambi —lo cual parece obvio—, de Misión imposible (ya les dijimos por qué) y de BatmanAún no entendemos del todo cómo funciona esa mezcla, pero funciona.

Y desde luego están los personajes. Nos enseñaron a dibujar de la forma más simple al rey Jorge, uno de los protagonistas. La artista responsable nos dijo que le encanta dibujar animales como los castores porque pueden ser pachones, y eso facilita el diseño.

Aquí hay muchos castores redondos. Pero también osos, venados, lagartos, insectos y hasta un tiburón —uno de los personajes más random que hemos visto en una película.

También está Mabel, la niña convertida en castor.

Mabel y Noodles de Gorillaz

Después de ver la película nos llevaron al piso de arriba para comer y tomar algo mientras platicábamos con el equipo de producción. Para ese momento no sabíamos quién era quién: simplemente se acercaban a preguntarnos qué nos había parecido la cinta.

Había un enorme cuadro de Mabel, pintado como en acuarela. Era increíble. Pero en cuanto lo vi pensé en Noodles, de Gorillaz. Se parecía. Y el personaje en la película tenía algo de ella: era cool.

Tuve que preguntar. Me dijeron que Noodles había sido la base para los primeros diseños de Mabel. Y parece que algo de ella se quedó.

Cuadro de Mabel en Pixar por Hoppers / Foto: Sopitas.com

Es amor y una obsesión por los castores

Durante esa cena posterior a la proyección de Hoppers se acercó a nosotros —un colega mexicano, una española y yo— Emily Fairfax, experta en castores.

Nos contó cómo pasó de trabajar en la industria de armas a estudiar los ríos… y, por ende, a los castores. “La ciencia de los ríos es nueva”, nos dijo.

Nos explicó que es imposible reconstruir con exactitud cómo estaban organizados los ríos hace millones de años, cuando los castores tenían mucha mayor presencia, frente al mundo actual, donde hay menos castores y más humanos.

Pero lo que más me impresionó fue la admiración con la que hablaba de ellos.

Después de ver Hoppers yo me había quedado abrumada. Es una película divertida y emotiva, pero también intensa. Mabel es un personaje complejo y el mundo que la rodea refleja esa intensidad.

Emily me hizo ver que los castores también son intensos. Y que, si no lo fueran, el mundo no existiría como lo conocemos.

El rey Jorge y Mabel en Hoppers / Foto: Pixar

Sabemos que todas las especies ocupan un lugar importante. Pero para dimensionarlo: una familia de castores puede revertir daños ambientales provocados durante años. Y prácticamente sin costo.

Los castores son roedores semiacuáticos que viven entre cinco y diez años. Pesan entre 18 y 50 kilos, tienen dientes afilados y mandíbulas extremadamente poderosas. También secretan una sustancia llamada castóreo desde sus glándulas perianales que sirve para marcar territorio y cuidar su pelaje. Y huele a vainilla.

Son conocidos como los mejores ingenieros de la naturaleza, al grado de que los humanos todavía no podemos replicar lo que hacen. No es que no construyamos presas. Es que no las construimos como ellos.

Los castores crean hábitats mediante redes acuáticas que conectan territorios. Llevan millones de años modificando el curso del agua para ampliar la humedad del suelo.

Dos castores siendo hermosos / Foto: Shutterstock

Los castores vs. los incendios forestales

Aquí es donde ocurre la verdadera magia. Cuando los castores construyen estas carreteras de agua, también crean humedales capaces de detener incendios forestales.

Un ejemplo: el 21 de octubre de 2020 ocurrió el incendio East Troublesome al norte de Colorado. Arrasó con casi 200 mil acres y se convirtió en uno de los más grandes en la historia de Estados Unidos.

Pero hubo zonas que no se quemaron. Los lugares donde había castores.

Sus presas almacenan agua y expanden la humedad hacia zonas impensables. Esa humedad nutre la vegetación y evita que el fuego se propague.

En un estudio publicado por la doctora Emily se descubrió que la actividad de los castores desempeña un papel importante en la resistencia de la vegetación al fuego y en la creación de refugios ecológicos.

Imagen del impacto de los castores por los incendios forestales

Los castores salvan al mundo siendo adorables

Busquen en redes sociales algún video de un castor royendo el tronco de un árbol. Es impresionante. Muerden el tronco y luego se acercan a escuchar cómo cruje la madera. Son capaces de saber exactamente cuándo y hacia dónde caerá el árbol.

Se ven adorables con esos dientes enormes. Lo más increíble es que no pueden evitar hacerlo. Es su naturaleza. Una naturaleza que construye, crea y restaura.

Emily nos dijo algo que se me quedó grabado: los castores no quieren cambiar el mundo, quieren construir un hogar. Un hogar que termina siendo compartido por muchas especies, incluso sin que ellos lo sepan.

Hace 400 años los castores estuvieron a punto de extinguirse. Desde entonces los esfuerzos para recuperarlos han sido enormes y, en los últimos años, cada vez más fundaciones han comenzado a involucrarse.

Por eso, después de ver Hoppers y recorrer Pixar mientras aprendía sobre la belleza de los castores, decidí adoptar uno en el Reino Unido, una de las regiones donde más proyectos de restauración existen.

Para mí, ese castor se llama Óscar. Mi novio dice que debería llamarse Justin, por Bieber (pésimo chiste). O Carmela si resulta ser hembra.

No lo sé. Siempre que veo fotos siento que tienen cara de alguno de esos dos nombres.

Antes los imaginaba siendo amigos de un oso, un puerquito, un burro con cola plegable, un conejo y un niño llamado Christopher Robin que fantasea en un bosque.

Ahora los imagino salvando un bosque entero y frenando incendios junto a un oso, un ganso, un lagarto y una niña llamada Greta.

Imagen del certificado de adopción de castor

En 2017 entré a Sopitas.com donde soy Coordinadora de SopitasFM. Escribo de música y me toca ir a conciertos y festivales. Pero lo que más me gusta es hablar y recomendar series y películas de todos...

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