Lo que mal empieza, mal acaba. El inicio de la temporada 3 de Euphoria no fue malo, sino terrible, y el final de esta entrega no podía tener un destino distinto, ni como producción ni como historia; tampoco para sus personajes.

Lo que nos sorprende es que ellos, como hilo conductor de este desastre, terminaron sometidos a una visión del mundo que castiga sistemáticamente a casi todos sus personajes. Una decisión que se siente más cercana a una fantasía moralizante que a la complejidad humana que distinguió a Euphoria durante sus primeras temporadas.

Una de las dos virtudes en el final de la temporada 3, es que fue congruente con su recorrido caótico, exagerado y desastroso, marcado por la poca atención a los detalles y el escaso cuidado hacia personajes que fueron construidos durante siete años.

Euphoria es una lección de moral

Euphoria terminó abandonando muchos de los conflictos que la hicieron relevante para refugiarse en una narrativa criminal cada vez más ¿ridícula?

Una historia que exploraba los horrores de la sobreexposición adolescente en la era digital terminó convertida en un thriller criminal que rara vez parece interesado en las consecuencias emocionales de sus personajes.

Y lo peor de todo es que pretende darle lecciones de moral a su audiencia después de desnudar a sus actrices sin una justificación narrativa clara o, por ejemplo, de ponerle un consolador a Cassie mientras hace preguntas de la Biblia a su hermana Lexi.

Zendaya en el episodio final de ‘Euphoria’ / Foto: HBO

Ser virgen = éxito

Caso especial merece Lexi, la única cuyo destino no resulta abiertamente trágico. Lo extraño es que la serie parece no encontrar otra explicación para ello más allá de que nunca participó de los excesos que consumieron al resto de personajes. Lexi, nos dijeron, es “virgen”.

Mientras Rue paga por las drogas, Maddy por el dinero, Jules por la comodidad y Cassie por el deseo, Lexi obtiene estabilidad, éxito y un futuro prometedor. La conclusión que plantea la historia resulta difícil de ignorar.

El mensaje termina siendo muy conservador: quienes se alejan de las tentaciones son recompensados; quienes se acercan a ellas parecen condenados a un destino inevitable.

Maude Apatow como Lexi en Euphoria / Foto: HBO

Hace falta talento y valentía para representar el vacío humano a través de las relaciones personales, como ocurrió en las temporadas 1 y 2, que tampoco estaban exentas de problemas. Pero aquellas temporadas no pretendían convertirse en una lección moral.

Esta sí.

Y lo más extraño es que parece sugerir que la redención sólo puede encontrarse a través de una versión idealizada del sueño americano más tradicional.

Los huecos narrativos en Euphoria

Es ridícula la cantidad de huecos narrativos que tiene la historia. Nos prometieron que Maddy tomaría a algunas de las chicas de Alamo para convertirlas en estrellas de OnlyFans, tal como estaba haciendo con Cassie.

El personaje de Rosalía parecía estar ahí precisamente para eso: para involucrarse en una conversación intensa e importante sobre la percepción del trabajo sexual como herramienta de empoderamiento y sobre cómo, bajo muchas circunstancias, puede perpetuar el abuso y la violencia contra las mujeres.

Pero no pasó nada con eso. Y así ocurre con muchas otras historias.

Alexa Demie en el episodio final de ‘Euphoria’ / Foto: HBO

Los personajes que dejaron de importar

La ausencia de personajes no termina de hacer sentido. Mi apuesta menos hostil es que no encontraron la manera en que las agendas de los actores coincidieran. Pero no creemos que sea la única explicación, pues cuando lo hicieron, no pasó nada importante.

Jules terminó convertida en una de las mayores víctimas del desinterés narrativo de la temporada. Llegados a este punto, cuesta entender cuál era su función dentro de la historia o por qué la serie decidió apartarla de casi todos los conflictos importantes.

Lexi, ya hablábamos de ella, tampoco tuvo una relevancia determinante más allá de la obra de teatro de la segunda temporada, y en esta entrega volvió a ser, simplemente, la hermana de Cassie.

Hunter Schafer en el episodio final de la temporada 3 de ‘Euphoria’ / Foto: HBO

Nate tampoco tuvo mejor suerte. Era un personaje que fantaseaba con matar y torturar a los hombres que lastimaran a su novia. El mismo que le puso una pistola en la cabeza a su expareja para jugar a la ruleta rusa.

El mismo que obligó a una compañera a testificar contra un hombre al que había golpeado para que se declarara culpable de haber lastimado a otra persona.

Ese Nate terminó vendiendo el cuerpo de su esposa para recuperar el dinero que le debía a un mafioso armenio que, además, lo convirtió en un saco de boxeo. Lecciones de cómo destruir a tus personajes.

Lo bueno del final de la temporada 3 de Euphoria

Ya mencionamos la congruencia con la incongruencia como virtud. Otra cosa rescatable, sin duda, siempre serán las actuaciones de sus protagonistas, comenzando por Zendaya, pero también reconociendo el trabajo de Alexa Demie y Sydney Sweeney.

Y por último, pensando que no todo es malo con Euphoria. Lo mejor es que ya terminó.

Sydney Sweeney en ‘Euphoria’ / Foto: HBO

Conclusión

Hay series extraordinarias que pueden quedar marcadas por un mal final. Lo de Euphoria resulta más frustrante porque no estamos hablando de un tropiezo aislado, sino de una temporada completa que pareció olvidar aquello que la convirtió en una de las producciones más interesantes y controvertidas de los últimos años.

Ver el final de la temporada 3 nos provocó nostalgia. La suerte de epifanía de Rue funciona como un mala recreación de las anteriores: la del espectacular cierre de la primera temporada mientras suena “All for Us” o cuando, en la segunda entrega, rememora el dolor por la pérdida de su padre. Extrañamos ese Euphoria.

¿Habrá cuarta temporada? Probablemente sí. Apostamos a que Cassie y Maddy asumirán el protagonismo y, con suerte, desarrollarán la historia que dijeron que iban a contar. No lo sabemos. Y después de lo que vimos, tampoco nos interesa demasiado.

En 2017 entré a Sopitas.com donde soy Coordinadora de SopitasFM. Escribo de música y me toca ir a conciertos y festivales. Pero lo que más me gusta es hablar y recomendar series y películas de todos...

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