El cripto crash de LUNA y TerraUSD dejó ver las perforaciones de la burbuja de las criptomonedas, ¿será que ahora sí empieza a reventar?

En diciembre de 2017 el mundo de las criptomonedas dio un salto cuántico que pocos esperaban. En el verano de ese año, la divisa digital más famosa, Bitcoin, estaba valuada en cerca de 40,000 pesos mexicanos; para el invierno, alcanzó un pico insospechado. Por primera vez llegaba a los 375,000 pesos (algo así como 20,000 dólares) por unidad. Para los evangelistas del mundo cripto parecía confirmar lo que llevaban proclamando por años: se trataba de un activo financiero sólido y que podía convertir a cualquiera en un millonario de la noche a la mañana.

Sin embargo, unos meses más tarde todo se derrumbó. Bitcoin cayó en el primer trimestre del año. Pasó a valer poco más de 125,000 dólares; hacia finales de 2018, rondaba los 64,000. A ese evento se le llegó a conocer como el “Invierno cripto”. Y se trató de un año que dejó al descubierto muchos de los problemas detrás de las criptomonedas: la altísima volatilidad detrás de sus dinámicas; asimismo, la baja confianza que existía—y existe—por eso activos; por supuesto, el hecho que se trate de un mundo completamente ajeno a la regulación gubernamental y los candados institucionales. Al final del día, no deja de ser una burbuja que nunca se sabe cuándo puede reventar.

Han pasado algunos años de aquel “Invierno cripto”. Pero el crash de criptomonedas y stablecoins de la semana pasada sin duda hace eco de los mismos peligros latentes de un ecosistema que se basa, prácticamente, en la especulación. Uno que es capaz de poner en entredicho hasta los mecanismos de certeza y estabilidad que se proponen constantemente para tratar de generar confianza y certidumbre.

¿No que las stablecoins iban a salvar la Navidad?

Pocos años después de las salidas a mercado de las primeras criptomonedas, se creó otro tipo de activo que fuera similar en tecnología, pero que funcionara de otro modo en términos bursátiles. Como se vio muy rápido que las criptodivisas estaban sujetas a dinámicas de volatilidad de sus precios—por lo mismo, imposibles de usar como dinero corriente—, aparecieron distintas stablecoins que buscaron atender esas preocupaciones.

A diferencia de las criptomonedas “normales”, las stablecoins suelen vincularse a otros activos para asegurar que sus precios varíen lo menos posible. Lo más común es que estén respaldadas por otras criptodivisas (pero en una reserva limitada), a materias primas o a alguna divisa fiat, como el dólar. También existen las que se regulan a partir de algoritmos—como era el caso de TerraUSD-LUNA—, balanceando oferta y demanda por el activo en cuestión. 

La idea detrás de las stablecoins es que pudieran reducir riesgos financieros en la compraventa de critpodivisas. O para ser utilizadas como dinero digital para personas poco bancarizadas o fuera completamente del sector financiero. Particularmente, en la medida que se pueden llevar a cabo transacciones con comisiones mínimas en incluso inexistentes. Pretendían despojar de la volatilidad al ecosistema cripto, pero manteniendo las ventajas de un sistema que no está regulado por autoridades centrales, con altos candados de seguridad en una cadena de bloques y a velocidades que la banca tradicional por lo general no puede ofrecer.

Pero el cripto crash más reciente pone en tela de juicio esas capacidades. En el fondo, siguen expuestas a problemas de hackeos y ataques. Además, con volúmenes suficientes de transacciones, pueden colapsar sus operaciones, así como poner en riesgo la supuesta estabilidad financiera que ofrecen.

¿La burbuja está por reventar?

Los últimos años han ofrecido un laboratorio para observar en tiempo real cómo dan bandazos los precios de criptomonedas. Desde memes de perrito convertidos en inversión y especulación, hasta países que siguen sin poder decidir cómo entrarle al tema, poco a poco aparecen oleadas de preocupación por un ecosistema que no termina de consolidarse; eso sí, al mismo tiempo que crece a pasos agigantados. Nada más en 2021 el mercado cripto superó los 1,500 millones de dólares en el mundo.

Pero lo que sucedió con LUNA y TerraUSD retrata de cuerpo entero el horizonte de las criptomonedas. En el momento que un activo de este tipo da señales de peligro, los inversionistas saldrán corriendo a la menor provocación. Y en esos casos, quien menos pierde es quien más tiene; es decir, las personas con la capacidad de darse el lujo que se le desaparezcan millones de dólares a sabiendas que podrán recuperarlos. Que no es lo mismo para pequeños inversores: quienes ponen toda su esperanza y lana en que una cripto o stablecoin le regrese intereses importantes.

Como están las cosas, el futuro de las criptomonedas está en las manos de los inversionistas. Para quienes estén dispuestos a seguir apostando por un modelo que levanta más sospechas que certidumbres. En un mundo en el que, además, las burbujas de hype empiezan a tronar como se empieza a ver; por ejemplo, en el caso de las NFTs.

Buena parte de estos problemas tienen que ver con la falta de regulación de la industria. No es menor que Estados Unidos y diversos bancos centrales en el mundo empiecen a acelerar los procesos para emitir y poner en uso sus propias monedas digitales. Se le empiezan a ver perforaciones a la burbuja de las criptomonedas, ¿será que ahora sí empieza a reventar?

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