A lo largo de los últimos años ha quedado claro que el furor por las criptomonedas no cesa. El año pasado fue uno particularmente convulso para el ecosistema cripto. Avances y retrocesos en la materia han tenido al mundo pendiente de estos activos; particularmente, de las variaciones del precio del Bitcoin a raíz de la postura que han tomado países como China—estableciendo candados severos a su minería y comercialización—o El Salvador, que fue el primero en el planeta en aceptar la criptodivisa como moneda de curso legal en su territorio. Y entre que hay personas que las ven como el futuro de las inversiones y escépticos que no están dispuestos a comprar la propuesta de las monedas digitales, los bancos centrales de distintas latitudes aún tratan de decidir cómo reaccionar a la oleada tecnológica y financiera que implican. 

Más allá de las burbujas de especulación de las criptomonedas—que incluso desempeñan un papel actualmente en la guerra Rusia-Ucrania—, lo cierto es que la tecnología detrás de ellas es espectacular. Las cadenas de bloques tienen capacidades inigualables. Por un lado, permiten concatenar distintas listas y bases de datos, virtualmente infinitas, que pueden ser compartidas entre usuarios; por otro lado, el proceso se realiza con candados y blindajes enormes, con cifrados y sellados de tiempo en cada bloque. Todo lo anterior a ritmos vertiginosos. Por ello mismo, esta tecnología es de una fiabilidad gigante, en términos de ciberseguridad y velocidad, que es ideal para transacciones financieras de alta privacidad. Todo esto es lo que permite pensar a las criptodivisas como alternativas relativamente confiables al armatoste bancario y del dinero común y corriente.

Entra Biden a escena

Y es en ese contexto que Joe Biden, presidente de Estados Unidos, expidió una orden ejecutiva para que los gringos echen toda la carne al asador para la investigación, desarrollo e implementación de una moneda digital de su banco central (CBDC por sus siglas en inglés). En medio de semanas complejas para los yankees, y una fuerte cargada financiera contra los rusos, se expidió este decreto; dicho sea de paso, es uno que tiene el mismo peso que una ley federal. Básicamente, se trata de un primer esfuerzo por parte del gobierno norteamericano para contrarrestar la volatilidad de las criptomonedas, pero con una oferta similar—flexibilidad, celeridad y seguridad—en transacciones y movimientos de dinero. Por el momento la orden ejecutiva de Biden prevé explorar cuáles serían los impactos e implicaciones de lanzar un dólar digital desde el gobierno mismo.

Sin embargo, se trata de una variación que bien podría cambiar todavía más el ecosistema cripto en el futuro cercano. Actualmente hay más de 100 bancos centrales ponderando y experimentando con la posibilidad de lanzar sus propias CBDCs. En buena medida esto se explica por una preocupación activa de lo que las sacudidas de precios de criptomonedas conlleva en sus territorios. (Caso interesante de esto es lo que sucedió en Kazajistán a principios de este año con el Bitcoin.) En Estados Unidos, se agrega que una moneda digital de este tipo “reduciría” los impactos ambientales de la minería de criptodivisas. Lo más sugerente de la orden ejecutiva de Biden es que planteó un plazo corto para tener un documento de trabajo listo: 6 meses. Además, se solicitó acompañar el análisis de riesgos y beneficios de lanzar el dólar digital con un camino claro para poder implementarlo inmediatamente.

¿Cómo puede sacudir el ecosistema?

La entrada de un dólar digital al juego de las criptomonedas al instante traería consigo cambios. No se puede hacer a un lado el hecho que el dólar, para efectos prácticos, sigue siendo la moneda que mueve al mundo. Con ello, también vendrían cambios en la privacidad de las transacciones digitales: con mayor seguridad, pero igualmente con mayor vigilancia. No obstante, llama la atención la respuesta de los mercados de las criptodivisas a la orden ejecutiva de Biden. El Bitcoin se ha mantenido al alza en estos días, promediando aumentos de alrededor de 8%. Es probable que esto se está interpretando como un impulso a la industria en su conjunto desde uno los gobiernos con un poder real sobre la toma de decisiones financieras a nivel mundial. Será cuestión de ver cómo se presenta el documento final, con observaciones, recomendaciones y pasos a seguir. 

Porque, asimismo, la orden ejecutiva de Biden solicitó también investigar cómo es que se puede regular el uso actual de las criptomonedas disponibles; es decir, no sólo se trata de pensar si Estados Unidos puede lanzar su propia CBDC, sino empezar a establecer candados más agresivos a una industria que no para de crecer. Y es que es un mercado que se calcula alcanzará los 2,000 millones de dólares anuales para 2026. Ahora bien, la orden ejecutiva también solicita entender los alcances tecnológicos de ese posible dólar digital en el apoyo a pagos y transacciones digitales, algo de lo que bien podrá valerse la industria fintech no sólo en Estados Unidos, sino a nivel mundial. Un sector que en México crece alrededor de 16% anualmente.

En medio de la crisis bélica en Europa actual, no sorprende ni un poco que el gobierno gringo esté explorando la manera de rearticular las tuberías financieras del planeta.

¿Qué está pasando con Bitcoin en medio de la guerra Rusia-Ucrania?

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