¿Por qué me interesa?

Las aguas frescas en México son sinónimo de como nuestra cultura resiste el tiempo.

En los últimos días, el clima en la CDMX ha sido una gran locura. Este año hemos sentido frentes fríos en plena primavera y grandes calores debido a la presencia de anticiclones de alta presión.

En medio de esta atmósfera enrarecida, y porque según todos los expertos vienen unos meses con altas temperaturas, nada mejor para apagar la sed que preparar en casa las típicas aguas frescas mexicanas; una opción sana, barata, deliciosa y con una gran historia.

Y es que las aguas frescas cuentan con decenas de atributos; por solo mencionar algunas, podríamos decir que son más nutritivas que el refresco, y son un símbolo nacional, cultural y visual de nuestro país.

Basta verlas ahí, metidas en sus vitroleros transparentes con hielo, para entender por qué el paisaje culinario mexicano es tan específico y tan absolutamente hermoso.

Las aguas frescas en México son símbolo de resistencia. /imagen Wikipedia

En ese sentido, más que simples bebidas que quitan la sed, nuestras aguas de sabores son un patrimonio vivo que en cada trago nos recuerda la importancia de la sabiduría popular; ese grupo de conocimientos que se ha transmitido de generación en generación y que transmutan según la región y las manos que las preparan.  

Breve repaso de la historia de las aguas frescas en México

Las aguas frescas son un pilar de la cultura mexicana, entre otras cosas porque son el resultado de siglos de historia. Su propia existencia es reflejo de resistencia, de la interacción gloriosa con otras culturas y de la enorme creatividad que desde tiempos ancestrales han tenido los cocineros mexicanos para convertir materias primas en obras de arte.

Mucho antes de la llegada de los españoles, las grandes civilizaciones de Mesoamérica ya tenían la costumbre de preparar bebidas refrescantes, que no solo sentaron las bases de las clásicas aguas frescas, sino que se preparaban con ingredientes endémicos como la chía o la hoja santa. De acuerdo a los expertos, los brebajes de los diversos pueblos se tomaban no solo para quitar la sed, sino con fines medicinales.

Las aguas frescas se toman desde la época prehispánica./Imagen Wikipedia

Años más tarde, la Conquista marcó un punto de inflexión y las clásicas bebidas prehispánicas se transformaron gracias al intenso intercambio de ingredientes y técnicas que hubo en la época. Y es que en este momento llegaron productos como el azúcar, el tamarindo de Asia, la jamaica de África, el arroz y la canela.

Finalmente, las aguas de sabores mexicanas se consolidaron como emblema nacional en el siglo XX tras el paso de la Revolución Mexicana y su legado nacionalista. Originalmente llamadas “refrescos”, su nombre actual proviene de que se guardaban en ollas de barro que mantenían el agua “fresca”.

5 recetas de aguas frescas para hacer en casa

Dicho todo lo anterior, aquí les dejamos algunas recetas imperdibles para que esta temporada de calor que se viene esté acompañada de uno o diez vasos de agua fresca. Lo que entronerarán aquí es un poco de hidratación hecha en casa.

Agua de horchata de arroz

El origen de esta bebida se remonta a la colonia; cuando los españoles llegaron a México, trajeron un viejo brebaje medieval que se preparaba con chufa (un pequeño tubérculo) y lo adaptaron a una nueva versión hecha con arroz.

El agua de horchata se prepara con un receta medieval./Imagen Wikipedia

Ingredientes: 1 taza de arroz, 1 raja de canela, 1 cucharadita de vainilla, azúcar al gusto y leche evaporada.

Preparación: Lava el arroz y remójalo con la canela, agrega 4 tazas de agua caliente y deja reposar cuatro horas. Luego, licúa, cuela, añade el azúcar, la vainilla y la leche.

Agua de Jamaica

La flor de jamaica viajó de África al país con el mismo nombre, y de ahí a México durante la época colonial. Sus características hicieron que se creciera gloriosamente en Colima, Guerrero y Oaxaca, tanto que pronto se convirtió en un símbolo nacional que se toma no solo en las fiestas patrias, sino en el día a día.

La Jamaica es originaria de África./Imagen Unsplash

Ingredientes: 1 taza de flor de jamaica seca, 8 tazas de agua, 1 limón y azúcar al gusto.

Preparación: Hierve las tazas de agua y añade la jamaica. Deja reposar la mezcla 20 minutos y finalmente agrega el jugo de limón.

Agua de tamarindo

El tamarindo llegó a México en barcos que venían de Asia y África. El árbol se arraigó primero en la costa del Pacífico y en la Tierra Caliente y luego se asentó en el resto del país. Su sabor ácido combinaba perfecto con las texturas y los sabores de la gastronomía nacional.

El Tamarindo llegó de Asía./imagen Unsplash

Ingredientes: 15 a 20 vainas de tamarindo (o 200 gramos de pulpa sin semilla), 8 tazas de agua, azúcar al gusto y chile en polvo opcional.

Preparación: Pela los tamarindos y luego hiérvelos en tres tazas de agua durante diez minutos. Cuando los frutos se entibien, hay que tallar la pulpa hasta que las semillas se desprendan. Lo que quede hay que ponerlo en colador para que se haga un concentrado y después diluirlo en más agua.

Agua de limón con chía

Se trata de una fusión 100% mexicana, ya que, aunque el limón sí llegó de Europa, la chía era considerada un alimento sagrado tanto por los mayas como por los mexicas, por ser una fuente de energía y alimentar principalmente a los guerreros antes de las batallas.

La chía era considerada sagrada por los pueblos prehispánicos./Imagen Unplash

Ingredientes: 1.5 litros de agua, 8 limones, 3 cucharadas de chía y azúcar al gusto.

Preparación: Remoja la chía en 1 taza de agua durante 20 minutos hasta que tome forma de gel. Mientras, en una jarra, disuelve el azúcar con el jugo de limón y agrega más agua. Después agrega la chía hidratada, mezcla todo, revuelve bien y enfría.

Agua de sandía con hierbabuena

La sandía llegó a México durante la conquista y se adaptó de forma increíble a las zonas más calientes. Desde esos primeros años hasta ahora, la fruta se ha convertido en un sinónimo de refrescante; se come sola o se prepara como parte de una bebida poética que casi siempre se sirve en las fondas más tradicionales del país.

La sandía es sinónimo de refrescante./imagen Unslash

Ingredientes: 4 tazas de sandía en cubos sin semilla, 1 litro de agua fría, 2 limones, 5 hojas de hierbabuena y azúcar al gusto (teniendo en cuenta el dulzor de la fruta).

Preparación: Licúa la sandía con una parte del agua; luego cuela si deseas una textura más ligera. Vierte en una jarra la mezcla y agrega: el resto del agua, el jugo del limón y las hojas de hierbabuena ligeramente estrujadas por tu mano, para que huelan.   

Comentarios