Lo que necesitas saber:
La realización de un documental no sólo significó la resurrección de Pentagram, la banda de culto precursora del doom metal... también salvó la vida de su líder, Bobby Liebling.
Bobby Liebling tiene 72 años y, bajo el nombre de su banda Pentagram, continúa ofreciendo shows alrededor de todo el mundo, algo que hace 20 años nadie hubiera imaginado. Es más, hace 20 años (y años más atrás), nadie hubiera apostado porque siguiera vivo.
“Llevo tomando drogas por 44 años: adicto a la heroína por 39 años, adicto al crack por 22”, presumió en el documental que lo sacó del retiro (y le salvó la vida), Last Days Here, uno de los más crudos retratos de la adicción. Porque la historia de Bobby Liebling no es la de un músico que regresó para revivir viejas glorias: es la de cómo las drogas pueden destruir todo a su paso (pero siempre hay una esperanza, por imposible que parezca).

Robert Harold Liebling nació en el condado de Arlington, Virginia el 21 de diciembre de 1953. Hijo de un respetado funcionario del gobierno de Estados Unidos, tuvo una niñez simple y tranquila que lo encaminaba a seguir los pasos de su padre como una figura responsable dentro de la sociedad… o eso es lo que se hubiera esperado de él, pero entonces conoció el rock y los planes cambiaron.
A finales de los 60, Bobby Liebling se encontró con Geof O’Keefe con quien congenió en el gusto por el blues, el hard rock y, sobre todo, con la idea de formar una banda en la cual pudieran jugar con la temática oscura que tanto les atraía. Al proyecto se integró el guitarrista Vincent McAllister y el bajista Greg Mayne. Y así surgió la alineación original de una de las bandas pioneras del doom metal.

La de Pentagram pudo haber sido la historia de una de las bandas más tremendas del rock. Al parecer, lo tenía todo: O’Keefe y Mayne eran poderosos en la batería y bajo, McAllister era un virtuoso en la guitarra y Liebling era un verdadero artista en la composición, además de una presencia magnética sobre el escenario. Sin embargo, sobre ellos existió la sombra del autosabotaje, especialmente sobre Liebling, la cual se acabó por hacer más oscura por el consumo de drogas.
Siempre quedando a un paso de triunfar
Hay varios relatos que remarcan cómo Pentagram le huyó al éxito que parecía su destino. Por ejemplo, está el relato de cómo su mánager, Gordon Fletcher, estaba tan convencido del potencial de la banda que movió influencias para conseguir que los miembros de KISS asistieran a uno de sus ensayos. Y aún cuando en esa época Gene Simmons y compañía ya eran unas estrellas, eran tan fuertes los rumores de la super banda que era Pentagram, que accedieron. Sin embargo, fue un fiasco que acabó por dejar en ridículo a Liebling y el resto del grupo.
Según narra O’Keefe, el día de la “audición” con KISS McAllister y Mayne tenían que trabajar (eran conserjes) y, en lugar de comprender la magnitud de lo que les había conseguido su mánager, decidieron limpiar baños y después ir a tocar. Mala decisión… y más aún sabiendo que no tenían carro. Al final, llegaron tarde y totalmente sucios y, aunque tocaron para Gene Simmons, éste y Paul Stanley acabaron decepcionados de lo que vieron. Se les fue la oportunidad.
Otra más fue cuando llamaron la atención del productor Murray Krugman, para quien Pentagram era como la pieza que une a Led Zeppelin y Sex Pistols: “la versión callejera de Black Sabbath”. Ante tal hallazgo, no dudó en llevar a la banda a Nueva York para grabar un demo. Y parecía que un contrato –y, con ello, discos, conciertos y fama– estaba a la vuelta de la esquina. Sin embargo, la necedad de Bobby Liebling de grabar la toma perfecta acabó por desesperar a Krugman, quien abandonó el estudio y nunca más regresó.
¿Necedad? Este último episodio puede ser visto como una muestra de la defensa pasional de un artista con la obra que tiene en la cabeza, sin embargo, posteriores incidentes apuntaron a que, tras el comportamiento errático de Liebling, había algo más y muy serio: una creciente dependencia a las drogas. Y con esto, todo acabó: Pentagram se sumió en el olvido por varios años, sólo recordado por algunas personas que se encontraban con algún disco suyo, quedando fascinadas por lo que pudo haber sido.

Documental Last Days Here pintaba para registrar la inminente muerte de Liebling
“El potencial siempre lo tuvo, pero sus adicciones le impidieron brillar”, lamenta Joseph Liebling en el documental Last Days Here, el cual comenzó a realizarse en 2007, con un Bobby totalmente consumido por las drogas: refugiado en el sótano de sus padres, en estado esquelético y con llagas por todo el cuerpo. En estado paranoico, pero consciente de que tenía muy de cerca a la muerte.
“Y por eso sonrío. No se supone que deba estar vivo”, dice Liebling en una de tantas sentencias que echa en el largometraje de 2011 que, según recuerdan sus realizadores, por momentos parecía que no iba a llegar a ninguna parte, más que a documentar el deterioro y, quizás, eventual muerte de Bobby Liebling… pero llegó a un punto.
A partir del hallazgo de uno de los discos de Pentagram, Sean Pellet Pelletier inició la búsqueda de Bobby para sacarlo de las drogas y, eventualmente, animarlo a seguir en la música. Nada parecía más imposible: “¿sabes lo que quiero hacer? Quiero vivir un poco”, dejó Liebling ante las propuestas de Pelletier quien, eventualmente, se convirtió en manager de Pentagram.
Más impulsado por el culto a Pentagram que por otra cosa, Pellet consiguió que Philip Anselmo de Pantera se interesara en grabar un nuevo disco. Obviamente, el también dueño de Housecore Records no sabía de las condiciones reales de Liebling, pero al darse cuenta de sus adicciones desechó cualquier posibilidad de contrato.
Un fantasma que continúa ofreciendo shows
Lo que se cuenta en Last Days Here parece ser un pequeño retrato de lo que ha sido Bobby Liebling a lo largo de su vida: recuperarse por un tiempo, para luego desmoronarse. Al final del documental, consigue dar un show increíble y recomponerse (incluso se casa y tiene un hijo), sin embargo, la sombra del autosabotaje siempre lo ha perseguido.
Last Days Here concluye dando la impresión de que todo irá bien para Liebling… pero, según los reportes, en los últimos años ha sido detenido en un par de ocasiones por acusaciones de “conducta poco profesional” y agresión (en contra de su propia madre).
Pese a esto, también ha lanzado discos y salido de gira por varias ciudades del mundo. Algo que parecía imposible y, quienes conocen su historia, saben que es casi de milagro. De verdad, todo apuntaba a que no rebasaría los 50 años…


