Lo que necesitas saber:
Y nada de esto es un spoiler: Una de las premisas de David Byrne es que, aún en lo meticulosamente planeado, existe la posibilidad de lo espontáneo.
Desde hace un par de años, las luces se han apagado en recintos de todo el mundo para un show que ha sido descrito como una de las más grandes experiencias de la música, pese a no contar con una producción grandilocuente, pantallas ni pirotécnica. Es sólo David Byrne, acompañado de sus músicos sobre el escenario y nada más que eso.
“¿Qué pasa si vaciamos el escenario y eliminamos toda la arquitectura de un concierto de rock clásico?”, es la pregunta que David Byrne se hizo hace tiempo y, como respuesta, ofrece shows en los cuales el cuerpo, la luz y el movimiento tienen un papel central, tanto como la música. Un minimalismo fascinante, en una época en que la que una superproducción es sinónimo de un gran concierto.
Un show que llena el espacio vacío
El antecedente de lo que Byrne hace en sus más recientes tours quedó documentado en la película Stop Making Sense en donde, todavía con The Talking Heads, se posicionó sobre un escenario vacío, el cual poco a poco fue llenado con elementos y músicos. Ahora ya no es necesario llenar nada, porque todo está “repleto” desde el inicio.
Doce músicos en escena con instrumentos inalámbricos y percusiones portátiles y la iluminación es el recurso principal para crear la atmósfera siempre cambiante. David Byrne desplaza el protagonismo de la tecnología a las personas que están en escena y, por supuesto, al público. Todos en conjunto crean un ambiente de narrativa y expresividad.
Las raíces conceptuales del show de David Byrne
La idea del espacio vacío no le surgió a Byrne de manera espontánea, sino a raíz de sus viajes por Japón, donde apreció de primera mano las variantes del teatro asiático tradicional (Kabuki, Noh, Bunraku). De estos tomó el minimalismo, así como su exigente expresividad ante un espacio vacío.
Por otra parte, aunque nunca mencionada por Byrne, se puede presumir influencia de Peter Brook y su idea del espacio vacío en el teatro donde, entonces, sólo hace falta el actor y el espectador para una conexión sincera y realmente accesible de la condición humana.
También dentro del teatro, la propuesta de David Byrne parece nutrirse del llamado “teatro pobre” de Jerzy Grotowski, en el que la eliminación de escenografía y música grabada reclaman al público la total atención al actor… actores, en el caso de lo que ahora el artista realiza en sus recientes giras.
Y de todo lo anterior, David Byrne ha creado un concepto propio, el cual ha modificado conforme el paso de los años.
La virtud de ser espontáneo dentro de lo planeado
En la gira American Utopia, la monocromía y los trajes grises fueron dominantes. Sin embargo, en la promoción de Who Is The Sky? Byrne hace explotar el escenario en colores y elaborados elementos visuales que, junto con las coreografías creadas para cada una de las canciones del setlist, crean toda una puesta en escena”.
“En la primera canción –o tal vez en las primeras dos canciones– le digo a la audiencia: esto es lo que vas a tener’”, explica Byrne sin afán de aventar spoiler de sus shows, ya que un nuevo concepto para la gira de Who Is The Sky? es que, aún dentro de un espectáculo minuciosamente planeado como es el suyo, hay espacio para la espontaneidad.
Y también hay lugar para los posicionamientos políticos y los urgentes mensajes de amor y solidaridad. Pero, así como en todo lo que se hace en los shows de Byrne, no sólo es hacerle caso a él por ser la estrella del show, sino una construcción a partir de la experiencia colectiva: “no le digas a las personas cuál es el mensaje, déjalas experimentarlo”.
Un show en el que conocemos la percepción de Byrne sobre la humanidad
Para esta reciente gira, David Byrne ofrece un espectáculo de vanguardia que gira en torno al amor hacia el mundo, la naturaleza y sus habitantes. No por nada el show comienza con “Heaven” y una proyección del planeta tierra. “Ahí está, nuestro cielo”.
Un show minimalista en apariencia, pero con un profundo contenido. Tomando lo que hace meses declaró para The New Yorker, en el show que actualmente presenta David Byrne (con el cual visitará México) existe un hilo conductor. Uno que une a toda su obra (la cual abarca música, libros, teatro, arte, danza, instalaciones, viajes en bicicleta, películas, etcétera).
¿Quiénes somos? ¿cómo vemos el mundo? ¿cómo construimos nuestro propio mundo? ¿cómo nos construimos como individuos? Es lo que siempre se ha preguntado Byrne y… bueno, no ofrece una respuesta, pero sí entrega su percepción del mundo y de otras personas. También de sí mismo.
Y lo genial de todo es que no siempre es la misma percepción… y aún más genial, es que para ofrecerla, sólo se vale de sí mismo y sus músicos sobre el escenario. No necesita más que eso.
