En la cúspide del synthpop indie de finales de la primera década del siglo XXI (junto a The Rapture, Cut Copy, Hot Chip y compañía), un trío británico llamado Friendly Fires se insertó en el género con un disco homónimo con actitud punk, sintetizadores agresivos y letras relacionables. Seguido de Pala , en 2011, los originarios St. Albans entrarían a un hiato de estudio que culmina hoy, tras ocho años sin un material de larga duración nuevo.

Bajo la producción de Mark Ralph (Digitalism, Years & Years, entre otros), y la participación de los hermanos Lawrence de Disclosure, Alex Metric y Friend Within, el trío inglés se muestra en la mejor versión que les hemos escuchado.

Sin preámbulos innecesarios, el LP abre con “Can’t Wait Forever”, posible guiño al larguísimo descanso, en un ambiente que emula elementos de la samba uptempo, metales, y con una declaración que permanece constante a lo largo del disco: agitar el cuerpo.

Con un sampleo preciso aportado por los hermanos Lawrence, “Heaven Let Me In” deja en claro que este álbum deja la introspección a un lado y está construido para, bajo cualquier premisa, bailar hasta el cansancio.

Edward MacFarlane canta sobre estar presente en el momento, redención, la dicotomía amorosa, y la intimidad de las relaciones personales. Es un respiro el hecho de que no hayan alusiones al tema preponderante en la isla europea: la avalancha denominada Brexit. Sí: la vida y las relaciones personales siguen existiendo.

Es identificable ese trío del lejano 2008 que, a partir de progresiones sintéticas, loops de guitarra, percusiones tropicales y baterías veloces, ponía a bailar a cualquier audiencia. Sin embargo, con la producción electrónica, se advierte desde el inicio una envoltura mucho más elegante y trabajada.

La decisión de hacer un homenaje a los mejores sonidos de la década de 1980, retomar el funk y el disco, y no sucumbir a la ola de EDM, es notable. Temas como “Run The Wild Flowers” o “Kiss And Rewind” (¿Alguien dijo “All Night Long” de Lionel Richie?), suman poco a poco más elementos electrónicos, sin buscar un drop como lugar común del EDM.

El estado de ánimo es transparentemente alegre, sin ahondar en complejidades, para estar presente en el momento actual e integrarse sin limitaciones a bailar.

Lo mejor que puede pasar en un proyecto es que los elementos que parecen esenciales y capitales, sean explotados y cuidados para entregar el mejor sonido posible, y es el caso de este tercer álbum de Friendly Fires, con atención a la distribución en los canales y contar únicamente con los instrumentos adecuados.

Lo único que hubiéramos deseado de este álbum, es que saliera al principio del verano, pero bueno, si algo demuestra el trío inglés, es que la espera dio resultados agradables. Habrá que bailar por el tiempo perdido.