El dúo berlinés llegó en 2013 a presentar música bailable y melancólica, con coros rasposos que duelen, pero llevan inevitablemente a cantar con todo el sentimiento. Su identidad se reforzó en Blossom, de 2017, en el que, con una esperanza agridulce, Clemens Rehbein y Philipp Dausch reiteraron que no fue un éxito aislado lo alcanzado en 2014.

Con progresiones sencillas de acordes, Milky Chance había conquistado festivales en una gira mundial que los colocó como una gran banda para bailar justo antes del anochecer. Ahora, lanzan un álbum con un claro impacto tras recorrer el globo.

En su tercer disco en un lapso de cinco años, hay un giro hacia los elementos completamente electrónicos. Abre “Fado”, que sorprende por desplazar la prevalencia de los acordes acústicos de Clemens, y muestra la influencia de la canción portuguesa.

En esta línea, notamos que la gira mundial de Blossom amplió su panorama, ya que, para este disco, incluyen colaboraciones de Téme Tan, Tash Sultana y Ladysmith Black Mambazo, además de sumar sonidos de muchos países.

Desafortunadamente, la influencia de los ritmos del mundo, descolocó al dúo alemán de lo que había tenido tanta efectividad en sus LPs pasados, por lo que gran parte del álbum transcurre mientras esperamos un momento típico de Milky Chance.

Mind The Moon es el álbum más lento que tienen, y son pocas las canciones que buscan atrapar al escucha, el álbum apela más a una introspección calmada, entre reggae, baladas gitanas y mensajes entregados en formatos downtempo.

No es algo que pretendan ocultar, ya que las líricas remiten a soñar despiertos, pensar en el futuro y dar más preguntas que respuestas concretas. No parece que el álbum pueda aterrizar, sino que sigue en un interminable viaje a la luna.

Como ejemplo, “Eden’s House”, parece un canto ubicado en el universo del Rey León, entre cánticos tribales sin una dirección clara o un mensaje descifrable, con un tema que pareciera no contar con algún sello de Milky Chance.

Los mejores guiños a los fans se encuentran casi al final en “Scarlet Paintings” y “Right From Here”, en los que las líricas sencillas pero empáticas nos ponen a bailar, en progresiones de acordes acústicos sencillos, con la fórmula que le dio su propia personalidad a este proyecto alemán.

La experimentación para Milky Chance puede resultar en un regreso a los orígenes en un futuro, pero para esta entrega, la sensación no es grata cuando el dúo buscó encontrar nuevas rutas sonoras.