Lo que necesitas saber:
William Orbit dejó una gran obra trabajando con varios de los artistas más influyentes del pop y, en 'Pieces In A Modern Style', lo tenemos en su estado más puro: Uno de sus mejores discos como solista.
Cinematográfico, ambiental. Futurista y, a la vez, anclado a un pasado al que consideró necesario revisitar. El disco de William Orbit, Pieces in a Modern Style, puede considerarse como reflejo de sus varias influencias, así como el trabajo que sintetiza la enorme y maravillosa obra de dejó.

Orbit transformó obras de Satie, Beethoven, Ravel, Vivaldi y otros grandes compositores
También es una obra de rescate. Una labor que hizo para, después, mostrar al público un poco de la música increíble que corre el riesgo de quedar en el olvido. Ya que si bien eligió obras de compositores bastante conocidos, también tomó las de algunos nombres que no son tan identificables. Al menos no por los no conocedores de la música clásica.
Así tenemos que en Pieces in a Modern Style, William Orbit dio nueva vida a piezas de Maurice Ravel, John Cage, Vivaldi, Beethoven y Erik Satie y también de Samuel Barber, Henry Gorécki y Pietro Mascagni. Un ir y venir entre lo popular y lo poco conocido de la música clásica; casi como fue la propia carrera de Orbit, quien se deambuló entre lo underground de algunos de sus proyectos (como su banda Bassomatic) y lo mainstream de Madonna y Blur.

Como el nombre lo indica, el disco es básicamente Orbit dando un nuevo estilo (su estilo) a piezas de los compositores mencionados. Todo lo que se escucha es él: la selección, los arreglos, la producción, la programación, así como la interpretación de los instrumentos detectables.
Un disco que por veces parece score de película
El disco abre con “Barber’s Adagio for a String” de Samuel Barber, en la cual William Orbit sutilmente interviene en la obra del compositor neoyorquino.
Casi imperceptible la mano del productor, quizás para dar a conocer en su total esplendor lo hecho por Barber. Orbit sólo remarca con sintetizadores la deriva a la que manda la composición que usó David Lynch para el final del The Elephant Man u Oliver Stone para Platoon. Orbit también hace de la obra de Barber música cinematográfica, sólo que él para una película inexistente; una que sólo él imaginó.
Con “Ogive No. 1” de Satie pasa algo similar, pero sólo en la capacidad de despertar a la imaginación. A esta pieza, William Orbit la deja casi irreconocible, haciendo imperceptible el denso piano de la original y llenando los vacíos que dejó Satie con secuencias que comienzan mientras se escucha el aleteo agresivo de algún ave mecanizada: algo que sirve de frágil vínculo entre la obra original –inspirada en los arcos ojivales de las catedrales góticas– y lo muy diferente que escuchamos en Pieces in a Modern Style. Y de ese vuelo de ave parte Orbit para viajar a lo largo del tema.
En “In a Landscape”, Orbit toma lo más clásico de John Cage para llevarlo a los terrenos que más tarde el compositor dominaría (los de la vanguardia); en “Cavalleria Rusticana” de Mascagni evoca a lo que Wendy Carlos hizo para A Work Clock Orange (de hecho, quizás todo el disco es inspirada en la compositora brasileña que reinterpretó a Beethoven y Rossini con sintetizadores).
Por otra parte, “Pavane Pour Une Infante Defunte” puede tomarse como otra gran declaración Orbit: la influencia de uno de los padres de la música ambient, Harold Budd. Orbit transforma la elegante procesión fúnebre del siglo XIX de Ravel en algo que sonaría cuando el alma abandona el cuerpo para emprender un viaje cósmico.
Orbit mostró sus influencias en una obra influyente
Transformaciones de composiciones que lo influyeron. Pieces In a Modern Style también queda como “muestrario” de lo que luego Orbit creó para influir en mucha de la música que definió la música de inicios del siglo XXI.
A lo largo de los 11 tracks, se dejan escuchar chispazos discretos de lo que más tarde tendríamos en el Ray of Light de Madonna o en el 13 de Blur… o en álbumes que, ya por separado y sin aparente vínculo, harían artistas con los que trabajó. Por ejemplo, el inicio de “L’Inverno” no puede no pensarse como un eslabón de algo que acabó por incluirse en el primer disco de Gorillaz.
William Orbit murió el 23 de julio y el Pieces In a Modern Style podría tocarse a modo de requiem… pero para que éste sea completamente correcto, debe de tocarse integro: para que al final se rompa la solemnidad con los dos tracks que hicieron que el disco se metiera a las listas de popularidad … ¡como música dance! Aclaración: fue gracias a los remixes que Ferry Corsten y ATB le hicieron a “Barber’s Adagio for Strings”.
Un artista que dialogó con el pasado pero sin asentarse en el “modo nostálgico”. Alguien que creó a partir de lo creado, sin dejar de perfilar un estilo propio. Música recuperada pero a la vez irreconocible y, en algunos casos, potencializada. Es lo que William Orbit dejó en Pieces In a Modern Style… y quizás sólo por tratarse de Orbit debería de escucharse, pero ya sabemos que no es sólo el nombre. Es uno de los hombres que definió mucho del panorama musical que actualmente tenemos.


