Lo que necesitas saber:
Nos tocó lanzarnos a ver a The Rapture en el Pabellón Oeste del de ausencia. Te contamos cómo se puso.
Nos tocó lanzarnos a ver a The Rapture en el Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes, tras 14 años sin que nos visitaran Luke Jenner y compañía. Su última visita fue en el extinto José Cuervo Salón en 2012… ya llovió.
Un regreso en el que se bailó a más no poder
La intensidad que esperábamos en una noche breve
El regreso de The Rapture a la CDMX se sintió como un ajuste de cuentas con el tiempo. Catorce años después, el Pabellón Oeste recibió a una banda que nunca necesitó estadios para provocar catarsis pura. Bastó un espacio contenido, sudoroso, con unos fans realmente intensos que revivieron años de gloria.
La noche arrancó rara, algo adecuado con la locura de Luke Jenner. Rosca de Rey Pila calentó con un set en vinil que fue acomodando el mood, pero lo que nadie esperaba llegó después: cinco mariachis sobre el escenario cantando “Mujeres Divinas” y “Cielito Lindo”, entre otras. En otro contexto sonaría a ocurrencia, aquí pareció un cambio rudo para no gastar la pista.
Himnos del dance rock, en una noche sorpendentemente breve
Cuando Luke Jenner apareció, no hubo introducciones largas ni pausas ceremoniales. Hubo música intensa, gritos y rasgueos de guitarra. Y eso marcó el tono de toda la noche: una experiencia que avanzó más por inercia física que por algún recorrido narrado o un paseo por la nostalgia.
El arranque con “Confrontation”, “Sister Saviour” y “Heaven” activó la pista de inmediato, mucho baile, chelas volando. No hubo calentamiento progresivo: salieron con todo. Cada riff, cada línea de bajo, cada hi-hat abierto iba directo al zapateo que hicimos.
Con “Echoes”, “Blue Bird” y “Open Up Your Heart”, la banda fue construyendo una especie de trance colectivo, que como nos dijo en entrevista Luke Jenner, se sintió líquido, como en sus mejores shows. No hubo necesidad de pirotecnia ni visuales excesivos. El peso cayó en el groove, en esa manera tan particular de estirar el rock funk y mezclarlo con la urgencia del punk.
Algunos problemas en el show de The Rapture, y de lo bueno, poco
La recta final con “No Sex for Ben”, “Sail Away” y “How Deep Is Your Love?” funcionó como maratón emocional. No bajaron revoluciones. No buscaron descanso.
Hubieron algunos problemas. “Sister Saviour” incluso tuvo que detenerse por un tema de monitoreo. Algo incómodo por unos segundo. Pero The Rapture no rompió el flujo emocional. Retomaron y siguieron, como si ese tropiezo fuera parte de lo esperado .
El cierre con “House of Jealous Lovers” no necesitó presentación. Desde el primer segundo, el lugar entendió que ese era el momento. Ese himno sigue operando como detonador inmediato: no importa la edad del público ni el contexto, funciona. Eso sí, el show duró poco menos de una hora, que también es algo que forma parte de la idea de Luke Jenner sobre que, los mejores shows, duran poco.
Y ya que estamos en esas, chécate esta lista de canciones de The Rapture que demuestran por qué son los amos del dance-rock de los 2000.
